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  • Eclesiastés (Libro)

    (gr. «ekklesiastes»: «aquel que se sienta en una asamblea, o en una iglesia, y habla, predicador»). 

    Este término, proveniente de la LXX, designa al libro del AT que el hebreo llama «Kõheleth», término etimológicamente próximo a la raíz que significa asamblea, congregación. 

    Ciertas versiones, como la Reina-Valera, siguen las versiones griegas y latinas, que traducen este término hebreo como «predicador» (Ec. 1:1). 

    Eclesiastés 1:1

    Todo es vanidad

    1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.

    (a) AUTOR. El predicador es identificado como «hijo de David, rey sobre Israel en Jerusalén» (Ec. 1:1). 

    Eclesiastés 1:1

    Todo es vanidad

    1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.

    La cuestión de su paternidad ha sido muy discutida, y se han presentado dos posibles soluciones: 

    (A) El mismo Salomón, en su vejez, escribió este libro. No es nombrado, pero es a él que se refieren las alusiones a la sabiduría, a los placeres, a las construcciones, a los servidores, a las riquezas, y a las mujeres, en lo cual sobrepasó a todos los que habían estado antes que él en Jerusalén (Ec. 1:16; 2:1-9). 

    Eclesiastés 1:16 

    16 Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia.

    Eclesiastés 2:1-9

    1 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.

    2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?

    3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.

    4 Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas;

    5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.

    6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.

    7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.

    8 Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.

    9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría.

    La tradición judía habla en este sentido, todo y situando el Eclesiastés entre los cinco Rollos (junto con Cantares, Rut, Lamentaciones y Ester) y que en la lista de los 22 o 24 libros del Canon quede entre los últimos (Eclesiastés, Ester, Daniel, Esdras-Nehemías, 1 y 2 Crónicas). 

    La tradición cristiana hasta Lutero ha admitido también su origen salomónico. 

    (B) La segunda postura afirma que este rey «hijo de David» no sería necesariamente Salomón, sino un descendiente posterior de David (con respecto al sentido extensible de este término, véase HIJO). 

    Las características dichas anteriormente, se afirma en esta postura, se podrían aplicar con el mismo rigor a un rey como Uzías. 

    Esta postura se apoya en que el vocabulario y la sintaxis de Eclesiastés no son del todo conformes al hebreo clásico, lo cual sería indicativo de una época tardía. Sin embargo, esta segunda postura se enfrenta a graves objeciones. 

    Se atribuye al autor más sabiduría que «todos los que fueron antes de mí en Jerusalén». Ningún rey posterior a Salomón, excepto el Rey de reyes, puede hacer en justicia esta afirmación. Por otra parte, afirma que fue rey sobre Israel, lo que, por la evidencia interna, lo sitúa dentro de la monarquía unida, cuyo último rey fue precisamente Salomón. 

    Por lo que respecta a las características lingüísticas indicativas de una época más tardía, no son probativas, y se basan asimismo en especulaciones acerca del desarrollo de la lengua carentes de una rigurosa base. 

    Por lo que respecta a los críticos, éstos pretenden que se trata de un libro de retazos, redactado después del exilio, en el cual unos sabios israelitas desengañados harían hablar a uno de sus grandes reyes. Pero esta hipótesis está lejos de estar probada, y no está de acuerdo con la pretendida fecha de redacción. 

    Según Vigoroux, partiendo de este mismo argumento del lenguaje, los críticos se dividen, acerca de la época y del autor del Kõheleth, en más de 24 grupos diferentes, y la fecha que proponen oscila entre el año 975 y el 4 a.C. (Dict. de la Bible). 

    (b) MENSAJE. Este libro relata los sentimientos, las experiencias, las observaciones de un sabio en la situación de Salomón. 

    Su mensaje no se relaciona con otra cosa que con la vida terrena. El autor se pregunta si el hombre consigue un provecho real de todos sus esfuerzos (Ec. 1:3). 

    Eclesiastés 1:3

    3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

    El método empleado para desentrañar este problema es el de la sabiduría humana (Ec. 1:13). 

    Eclesiastés 1:13

    13 Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él.

    El predicador descubre, por la observación y la experiencia, que la única fuente de satisfacción se halla en el mismo hombre, en el ejercicio pleno de las facultades de su cuerpo y de su espíritu, pero en conformidad a las leyes físicas y morales del mundo donde vive (Ec. 2:24; 3:12, 13, 22; 5:18; 9:7-10). 

    Eclesiastés 2:24 

    24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios.

    Eclesiastés 3:12, 13, 22 

    12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;

    13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

    22 Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

    Eclesiastés 5:18 

    18 He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.

    Eclesiastés 9:7-10

    7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.

    8 En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.

    9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

    10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

    El seguimiento de la sabiduría (Ec. 1:12-18) y del placer (Ec. 2:1-11) no da la felicidad. 

    Eclesiastés 1:12-18

    La experiencia del Predicador

    12 Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén.

    13 Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él.

    14 Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.

    15 Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse.

    16 Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia.

    17 Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu.

    18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

    Eclesiastés 2:1-11

    1 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.

    2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?

    3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.

    4 Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas;

    5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.

    6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.

    7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.

    8 Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.

    9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría.

    10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.

    11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.

    Estas cosas, no obstante, tienen valor; ésta es la razón de que el predicador se sienta inclinado a comparar la sabiduría con la necedad (Ec. 2:12-23). 

    Eclesiastés 2:12-23

    12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho.

    13 Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas.

    14 El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro.

    15 Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.

    16 Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.

    17 Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.

    18 Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí.

    19 Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.

    20 Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.

    21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.

    22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol?

    23 Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.

    Llega a la conclusión de que los goces del trabajo y de la vida sencilla son lo que dan aquí abajo las mayores satisfacciones (Ec. 2:24; cp. Ec. 5:11). 

    Eclesiastés 2:24

    24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios.

    Eclesiastés 5:11

    11 Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos?

    Esto queda confirmado por el hecho de que las actividades humanas quedan ligadas a las etapas de la vida de cada individuo. Hay un tiempo determinado, inexorable, para el ejercicio de toda facultad intelectual y física: todo es hermoso en su tiempo (Ec. 3:1-11), pero la injusticia y la opresión impiden frecuentemente que uno goce de ello (Ec. 3:16-4:3). 

    Eclesiastés 3:1-11

    Todo tiene su tiempo

    1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

    2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

    3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;

    4 tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;

    5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;

    6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;

    7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;

    8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

    9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?

    10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.

    11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

    Eclesiastés 3:16-22

    Injusticias de la vida

    16 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad.

    17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace.

    18 Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias.

    19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad.

    20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.

    21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?

    22 Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

    Eclesiastés 4:1-3

    1 Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.

    2 Y alabé yo a los finados, los que ya murieron, más que a los vivientes, los que viven todavía.

    3 Y tuve por más feliz que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.

    El formalismo y la iniquidad son lo contrario a la sabiduría; las riquezas son frecuentemente perniciosas y, en todo caso, menos deseables que la salud (Ec. 5:1-6:9). 

    Eclesiastés 5:1-20

    La insensatez de hacer votos a la ligera

    1 Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.

    2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.

    3 Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.

    4 Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes.

    5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.

    6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?

    7 Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios.

    La vanidad de la vida

    8 Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos.

    9 Además, el provecho de la tierra es para todos; el rey mismo está sujeto a los campos.

    10 El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.

    11 Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos?

    12 Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.

    13 Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal;

    14 las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron, nada les queda en la mano.

    15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.

    16 Este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar en vano?

    17 Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho afán y dolor y miseria.

    18 He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.

    19 Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.

    20 Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le llenará de alegría el corazón.

    Eclesiastés 6:1-9

    1 Hay un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres:

    2 El del hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal doloroso.

    3 Aunque el hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él.

    4 Porque éste en vano viene, y a las tinieblas va, y con tinieblas su nombre es cubierto.

    5 Además, no ha visto el sol, ni lo ha conocido; más reposo tiene éste que aquél.

    6 Porque si aquél viviere mil años dos veces, sin gustar del bien, ¿no van todos al mismo lugar?

    7 Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su deseo no se sacia.

    8 Porque ¿qué más tiene el sabio que el necio? ¿Qué más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?

    9 Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.

    El predicador habla de la buena fama y de la manera de obtenerla (Ec. 7:1-10); del valor de la sabiduría, que es una protección (Ec. 7:11-22), y del comportamiento ante los reyes. 

    Eclesiastés 7:1-10

    Contraste entre la sabiduría y la insensatez

    1 Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento.

    2 Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón.

    3 Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.

    4 El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría.

    5 Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios.

    6 Porque la risa del necio es como el estrépito de los espinos debajo de la olla. Y también esto es vanidad.

    7 Ciertamente la opresión hace entontecer al sabio, y las dádivas corrompen el corazón.

    8 Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.

    9 No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.

    10 Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.

    Eclesiastés 7:11-22

    11 Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol.

    12 Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores.

    13 Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?

    14 En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.

    15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días.

    16 No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte?

    17 No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo?

    18 Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano; porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo.

    19 La sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos que haya en una ciudad.

    20 Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.

    21 Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti;

    22 porque tu corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces.

    El predicador declara con insistencia que la piedad constituye la mejor línea de conducta; que es, si se puede decir de esta manera, una buena política (Ec. 7:11-15). 

    Eclesiastés 7:11-15

    11 Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol.

    12 Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores.

    13 Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?

    14 En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.

    15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días.

    La muerte llega indistintamente a todos; ¡a menos que el hombre llegue a gozar de los placeres de la existencia normal! Esta es su parte (Ec. 9:2-10). 

    Eclesiastés 9:2-10

    2 Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento.

    3 Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos, y también que el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos.

    4 Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto.

    5 Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.

    6 También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.

    7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.

    8 En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.

    9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

    10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

    Después de otras observaciones llenas de agudeza, el predicador retorna a su tema esencial: a exhortar a los jóvenes a gozarse en su fuerza, pero sometiéndose a las leyes morales. Conjura a los jóvenes a que se acuerden de Dios, y lo resume en una concisa máxima: «Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o mala» (Ec. 12:1-14). 

    Eclesiastés 12:1-14

    1 Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento;

    2 antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia;

    3 cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas;

    4 y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela; cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas;

    5 cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el camino; y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y se perderá el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor por las calles;

    6 antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo;

    7 y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.

    8 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad.

    Resumen del deber del hombre

    9 Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios.

    10 Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad.

    11 Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor.

    12 Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne.

    13 El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.

    14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.

    La argumentación del autor se basa sobre las relaciones del hombre con Dios, sólo en la medida en que Él es conocido a través la naturaleza y la experiencia. Se sitúa sobre el terreno de la sabiduría (véase SABIDURÍA), de lo que el hombre cree conocer por sus razonamientos, considerando los problemas desde una perspectiva esencialmente terrena. 

    Esto queda expresamente patente por lo que respecta al más allá. Todo vuelve al polvo, tanto el hombre como la bestia (Ec. 3:19-21). 

    Eclesiastés 3:19-21

    19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad.

    20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.

    21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?

    Los muertos están bien apartados de los vivientes, nada saben, su memoria es puesta en olvido, y nunca más volverán a tomar parte en lo que se hace debajo del sol (Ec. 9:5-6); ello se debe a que no hay ni obras ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría (humanas y terrenas) en la morada de los muertos (Ec. 9:10). 

    Eclesiastés 9:5-6

    5 Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.

    6 También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.

    Eclesiastés 9:10

    10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

    Nada se lleva allí (Ec. 5:15), y al hombre le desespera abandonar, al morir, todo aquello que constituía su orgullo, su riqueza, y su vida aquí abajo. 

    Eclesiastés 5:15

    15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.

    Aquí tocamos de una manera directa la diferencia entre el Antiguo Pacto y el Nuevo, entre el mundo sin Cristo y el mundo con Cristo. 

    El pensamiento del predicador estaba impregnado de Dios, pero no había sido tocado aún por la perspectiva de la profecía, ni conocía la piedad de los Salmos, pasando por ello a juzgar al mundo sin ilusión, y a quejarse amargamente de su insuficiencia. 

    A este «sabio» le falta conocer a Jesucristo, en quien todos los enigmas de la vida hallan su solución. 

    El hombre, habiendo gustado todas las fuentes terrenas, sigue teniendo sed, por cuanto «todo es vanidad»; es en el Salvador en quien encontrará el agua viva, que apagará su sed para siempre jamás (Jn. 4:13-14). 

    Juan 4:13-14

    13 Respondió Jesús y le dijo:Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;

    14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

    De todas maneras, detrás de la desesperanza humana de Eclesiastés aparece incesantemente la presencia del Creador, a quien todos deberán dar cuenta (Ec. 3:11, 17; 5:2; 12:9). 

    Eclesiastés 3:11, 17 

    11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

    17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace.

    Eclesiastés 5:2 

    2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.

    Eclesiastés 12:9

    Resumen del deber del hombre

    9 Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios.

    De hecho, este libro es la requisitoria más implacable contra el orgullo humano y su pretensión a prescindir del Señor. 

    La obsesión de la muerte y de la destrucción no puede ser disipada más que por la puesta de la esperanza en Dios, en la eternidad, y en la retribución definitiva de todas las acciones cometidas sobre esta tierra sometida a la vanidad. 

    (c) CANONICIDAD. La canonicidad y la inspiración de Eclesiastés han sido siempre mantenidas por los judíos antes de Cristo. En el siglo I, algunos rabinos a los que no les complacían algunas afirmaciones audaces de Eclesiastés intentaron poner en tela de juicio su derecho a figurar en el canon. 

    Esta discusión terminó con la total confirmación de lo que siempre se había admitido en la sinagoga. 

    Bibliografía: 

    «Eclesiastés», en Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, 1977); 

    «Eclesiastés», en Comentario Bíblico Moody del Antiguo Testamento (Portavoz Evangélico, Grand Rapids, Michigan).

    VÉASE: Hijo , Sabiduría
  • DICCIONARIO
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  • Eclesiastés (Libro)

    (gr. «ekklesiastes»: «aquel que se sienta en una asamblea, o en una iglesia, y habla, predicador»). 

    Este término, proveniente de la LXX, designa al libro del AT que el hebreo llama «Kõheleth», término etimológicamente próximo a la raíz que significa asamblea, congregación. 

    Ciertas versiones, como la Reina-Valera, siguen las versiones griegas y latinas, que traducen este término hebreo como «predicador» (Ec. 1:1). 

    Eclesiastés 1:1

    Todo es vanidad

    1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.

    (a) AUTOR. El predicador es identificado como «hijo de David, rey sobre Israel en Jerusalén» (Ec. 1:1). 

    Eclesiastés 1:1

    Todo es vanidad

    1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.

    La cuestión de su paternidad ha sido muy discutida, y se han presentado dos posibles soluciones: 

    (A) El mismo Salomón, en su vejez, escribió este libro. No es nombrado, pero es a él que se refieren las alusiones a la sabiduría, a los placeres, a las construcciones, a los servidores, a las riquezas, y a las mujeres, en lo cual sobrepasó a todos los que habían estado antes que él en Jerusalén (Ec. 1:16; 2:1-9). 

    Eclesiastés 1:16 

    16 Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia.

    Eclesiastés 2:1-9

    1 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.

    2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?

    3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.

    4 Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas;

    5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.

    6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.

    7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.

    8 Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.

    9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría.

    La tradición judía habla en este sentido, todo y situando el Eclesiastés entre los cinco Rollos (junto con Cantares, Rut, Lamentaciones y Ester) y que en la lista de los 22 o 24 libros del Canon quede entre los últimos (Eclesiastés, Ester, Daniel, Esdras-Nehemías, 1 y 2 Crónicas). 

    La tradición cristiana hasta Lutero ha admitido también su origen salomónico. 

    (B) La segunda postura afirma que este rey «hijo de David» no sería necesariamente Salomón, sino un descendiente posterior de David (con respecto al sentido extensible de este término, véase HIJO). 

    Las características dichas anteriormente, se afirma en esta postura, se podrían aplicar con el mismo rigor a un rey como Uzías. 

    Esta postura se apoya en que el vocabulario y la sintaxis de Eclesiastés no son del todo conformes al hebreo clásico, lo cual sería indicativo de una época tardía. Sin embargo, esta segunda postura se enfrenta a graves objeciones. 

    Se atribuye al autor más sabiduría que «todos los que fueron antes de mí en Jerusalén». Ningún rey posterior a Salomón, excepto el Rey de reyes, puede hacer en justicia esta afirmación. Por otra parte, afirma que fue rey sobre Israel, lo que, por la evidencia interna, lo sitúa dentro de la monarquía unida, cuyo último rey fue precisamente Salomón. 

    Por lo que respecta a las características lingüísticas indicativas de una época más tardía, no son probativas, y se basan asimismo en especulaciones acerca del desarrollo de la lengua carentes de una rigurosa base. 

    Por lo que respecta a los críticos, éstos pretenden que se trata de un libro de retazos, redactado después del exilio, en el cual unos sabios israelitas desengañados harían hablar a uno de sus grandes reyes. Pero esta hipótesis está lejos de estar probada, y no está de acuerdo con la pretendida fecha de redacción. 

    Según Vigoroux, partiendo de este mismo argumento del lenguaje, los críticos se dividen, acerca de la época y del autor del Kõheleth, en más de 24 grupos diferentes, y la fecha que proponen oscila entre el año 975 y el 4 a.C. (Dict. de la Bible). 

    (b) MENSAJE. Este libro relata los sentimientos, las experiencias, las observaciones de un sabio en la situación de Salomón. 

    Su mensaje no se relaciona con otra cosa que con la vida terrena. El autor se pregunta si el hombre consigue un provecho real de todos sus esfuerzos (Ec. 1:3). 

    Eclesiastés 1:3

    3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

    El método empleado para desentrañar este problema es el de la sabiduría humana (Ec. 1:13). 

    Eclesiastés 1:13

    13 Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él.

    El predicador descubre, por la observación y la experiencia, que la única fuente de satisfacción se halla en el mismo hombre, en el ejercicio pleno de las facultades de su cuerpo y de su espíritu, pero en conformidad a las leyes físicas y morales del mundo donde vive (Ec. 2:24; 3:12, 13, 22; 5:18; 9:7-10). 

    Eclesiastés 2:24 

    24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios.

    Eclesiastés 3:12, 13, 22 

    12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;

    13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

    22 Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

    Eclesiastés 5:18 

    18 He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.

    Eclesiastés 9:7-10

    7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.

    8 En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.

    9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

    10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

    El seguimiento de la sabiduría (Ec. 1:12-18) y del placer (Ec. 2:1-11) no da la felicidad. 

    Eclesiastés 1:12-18

    La experiencia del Predicador

    12 Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén.

    13 Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres, para que se ocupen en él.

    14 Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.

    15 Lo torcido no se puede enderezar, y lo incompleto no puede contarse.

    16 Hablé yo en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; y mi corazón ha percibido mucha sabiduría y ciencia.

    17 Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu.

    18 Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

    Eclesiastés 2:1-11

    1 Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.

    2 A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?

    3 Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.

    4 Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas;

    5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.

    6 Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.

    7 Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.

    8 Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.

    9 Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría.

    10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.

    11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.

    Estas cosas, no obstante, tienen valor; ésta es la razón de que el predicador se sienta inclinado a comparar la sabiduría con la necedad (Ec. 2:12-23). 

    Eclesiastés 2:12-23

    12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho.

    13 Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas.

    14 El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro.

    15 Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.

    16 Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.

    17 Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.

    18 Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí.

    19 Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.

    20 Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.

    21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.

    22 Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y de la fatiga de su corazón, con que se afana debajo del sol?

    23 Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.

    Llega a la conclusión de que los goces del trabajo y de la vida sencilla son lo que dan aquí abajo las mayores satisfacciones (Ec. 2:24; cp. Ec. 5:11). 

    Eclesiastés 2:24

    24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios.

    Eclesiastés 5:11

    11 Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos?

    Esto queda confirmado por el hecho de que las actividades humanas quedan ligadas a las etapas de la vida de cada individuo. Hay un tiempo determinado, inexorable, para el ejercicio de toda facultad intelectual y física: todo es hermoso en su tiempo (Ec. 3:1-11), pero la injusticia y la opresión impiden frecuentemente que uno goce de ello (Ec. 3:16-4:3). 

    Eclesiastés 3:1-11

    Todo tiene su tiempo

    1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

    2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

    3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;

    4 tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;

    5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;

    6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;

    7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;

    8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

    9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?

    10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.

    11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

    Eclesiastés 3:16-22

    Injusticias de la vida

    16 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad.

    17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace.

    18 Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias.

    19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad.

    20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.

    21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?

    22 Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

    Eclesiastés 4:1-3

    1 Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.

    2 Y alabé yo a los finados, los que ya murieron, más que a los vivientes, los que viven todavía.

    3 Y tuve por más feliz que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.

    El formalismo y la iniquidad son lo contrario a la sabiduría; las riquezas son frecuentemente perniciosas y, en todo caso, menos deseables que la salud (Ec. 5:1-6:9). 

    Eclesiastés 5:1-20

    La insensatez de hacer votos a la ligera

    1 Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.

    2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.

    3 Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.

    4 Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes.

    5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.

    6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?

    7 Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios.

    La vanidad de la vida

    8 Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos.

    9 Además, el provecho de la tierra es para todos; el rey mismo está sujeto a los campos.

    10 El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.

    11 Cuando aumentan los bienes, también aumentan los que los consumen. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino verlos con sus ojos?

    12 Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho, coma poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.

    13 Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas por sus dueños para su mal;

    14 las cuales se pierden en malas ocupaciones, y a los hijos que engendraron, nada les queda en la mano.

    15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.

    16 Este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar en vano?

    17 Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho afán y dolor y miseria.

    18 He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.

    19 Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.

    20 Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le llenará de alegría el corazón.

    Eclesiastés 6:1-9

    1 Hay un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres:

    2 El del hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal doloroso.

    3 Aunque el hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él.

    4 Porque éste en vano viene, y a las tinieblas va, y con tinieblas su nombre es cubierto.

    5 Además, no ha visto el sol, ni lo ha conocido; más reposo tiene éste que aquél.

    6 Porque si aquél viviere mil años dos veces, sin gustar del bien, ¿no van todos al mismo lugar?

    7 Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su deseo no se sacia.

    8 Porque ¿qué más tiene el sabio que el necio? ¿Qué más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?

    9 Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.

    El predicador habla de la buena fama y de la manera de obtenerla (Ec. 7:1-10); del valor de la sabiduría, que es una protección (Ec. 7:11-22), y del comportamiento ante los reyes. 

    Eclesiastés 7:1-10

    Contraste entre la sabiduría y la insensatez

    1 Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento.

    2 Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón.

    3 Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.

    4 El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría.

    5 Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios.

    6 Porque la risa del necio es como el estrépito de los espinos debajo de la olla. Y también esto es vanidad.

    7 Ciertamente la opresión hace entontecer al sabio, y las dádivas corrompen el corazón.

    8 Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.

    9 No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.

    10 Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.

    Eclesiastés 7:11-22

    11 Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol.

    12 Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores.

    13 Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?

    14 En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.

    15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días.

    16 No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte?

    17 No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo?

    18 Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes tu mano; porque aquel que a Dios teme, saldrá bien en todo.

    19 La sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos que haya en una ciudad.

    20 Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.

    21 Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti;

    22 porque tu corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces.

    El predicador declara con insistencia que la piedad constituye la mejor línea de conducta; que es, si se puede decir de esta manera, una buena política (Ec. 7:11-15). 

    Eclesiastés 7:11-15

    11 Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los que ven el sol.

    12 Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero; mas la sabiduría excede, en que da vida a sus poseedores.

    13 Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?

    14 En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.

    15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días.

    La muerte llega indistintamente a todos; ¡a menos que el hombre llegue a gozar de los placeres de la existencia normal! Esta es su parte (Ec. 9:2-10). 

    Eclesiastés 9:2-10

    2 Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento.

    3 Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos, y también que el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos.

    4 Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto.

    5 Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.

    6 También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.

    7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.

    8 En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.

    9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

    10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

    Después de otras observaciones llenas de agudeza, el predicador retorna a su tema esencial: a exhortar a los jóvenes a gozarse en su fuerza, pero sometiéndose a las leyes morales. Conjura a los jóvenes a que se acuerden de Dios, y lo resume en una concisa máxima: «Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o mala» (Ec. 12:1-14). 

    Eclesiastés 12:1-14

    1 Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento;

    2 antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes tras la lluvia;

    3 cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas porque han disminuido, y se oscurecerán los que miran por las ventanas;

    4 y las puertas de afuera se cerrarán, por lo bajo del ruido de la muela; cuando se levantará a la voz del ave, y todas las hijas del canto serán abatidas;

    5 cuando también temerán de lo que es alto, y habrá terrores en el camino; y florecerá el almendro, y la langosta será una carga, y se perderá el apetito; porque el hombre va a su morada eterna, y los endechadores andarán alrededor por las calles;

    6 antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo;

    7 y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.

    8 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo es vanidad.

    Resumen del deber del hombre

    9 Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios.

    10 Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escribir rectamente palabras de verdad.

    11 Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor.

    12 Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne.

    13 El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.

    14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.

    La argumentación del autor se basa sobre las relaciones del hombre con Dios, sólo en la medida en que Él es conocido a través la naturaleza y la experiencia. Se sitúa sobre el terreno de la sabiduría (véase SABIDURÍA), de lo que el hombre cree conocer por sus razonamientos, considerando los problemas desde una perspectiva esencialmente terrena. 

    Esto queda expresamente patente por lo que respecta al más allá. Todo vuelve al polvo, tanto el hombre como la bestia (Ec. 3:19-21). 

    Eclesiastés 3:19-21

    19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad.

    20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.

    21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?

    Los muertos están bien apartados de los vivientes, nada saben, su memoria es puesta en olvido, y nunca más volverán a tomar parte en lo que se hace debajo del sol (Ec. 9:5-6); ello se debe a que no hay ni obras ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría (humanas y terrenas) en la morada de los muertos (Ec. 9:10). 

    Eclesiastés 9:5-6

    5 Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.

    6 También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.

    Eclesiastés 9:10

    10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

    Nada se lleva allí (Ec. 5:15), y al hombre le desespera abandonar, al morir, todo aquello que constituía su orgullo, su riqueza, y su vida aquí abajo. 

    Eclesiastés 5:15

    15 Como salió del vientre de su madre, desnudo, así vuelve, yéndose tal como vino; y nada tiene de su trabajo para llevar en su mano.

    Aquí tocamos de una manera directa la diferencia entre el Antiguo Pacto y el Nuevo, entre el mundo sin Cristo y el mundo con Cristo. 

    El pensamiento del predicador estaba impregnado de Dios, pero no había sido tocado aún por la perspectiva de la profecía, ni conocía la piedad de los Salmos, pasando por ello a juzgar al mundo sin ilusión, y a quejarse amargamente de su insuficiencia. 

    A este «sabio» le falta conocer a Jesucristo, en quien todos los enigmas de la vida hallan su solución. 

    El hombre, habiendo gustado todas las fuentes terrenas, sigue teniendo sed, por cuanto «todo es vanidad»; es en el Salvador en quien encontrará el agua viva, que apagará su sed para siempre jamás (Jn. 4:13-14). 

    Juan 4:13-14

    13 Respondió Jesús y le dijo:Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;

    14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

    De todas maneras, detrás de la desesperanza humana de Eclesiastés aparece incesantemente la presencia del Creador, a quien todos deberán dar cuenta (Ec. 3:11, 17; 5:2; 12:9). 

    Eclesiastés 3:11, 17 

    11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

    17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace.

    Eclesiastés 5:2 

    2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.

    Eclesiastés 12:9

    Resumen del deber del hombre

    9 Y cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios.

    De hecho, este libro es la requisitoria más implacable contra el orgullo humano y su pretensión a prescindir del Señor. 

    La obsesión de la muerte y de la destrucción no puede ser disipada más que por la puesta de la esperanza en Dios, en la eternidad, y en la retribución definitiva de todas las acciones cometidas sobre esta tierra sometida a la vanidad. 

    (c) CANONICIDAD. La canonicidad y la inspiración de Eclesiastés han sido siempre mantenidas por los judíos antes de Cristo. En el siglo I, algunos rabinos a los que no les complacían algunas afirmaciones audaces de Eclesiastés intentaron poner en tela de juicio su derecho a figurar en el canon. 

    Esta discusión terminó con la total confirmación de lo que siempre se había admitido en la sinagoga. 

    Bibliografía: 

    «Eclesiastés», en Nuevo Comentario Bíblico (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, Texas, 1977); 

    «Eclesiastés», en Comentario Bíblico Moody del Antiguo Testamento (Portavoz Evangélico, Grand Rapids, Michigan).

    VÉASE:
    Hijo , Sabiduría
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