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  • Egipto

    vet, En hebreo «Mizraim» (realmente, «Mitsraim»), es una forma dual, que significa «los dos Matsors», en opinión de algunos, y que representan el Alto y el Bajo Egipto. 

    También recibe el nombre de «Tierra de Cam» en el Sal. 105:23, 27; y «Rahab», que significa «el soberbio», en el Sal. 87:4; 89:10; Is. 51:9

    Salmos 105:23, 27

    23 Después entró Israel en Egipto, Y Jacob moró en la tierra de Cam.

    27 Puso en ellos las palabras de sus señales, Y sus prodigios en la tierra de Cam.

    Salmos 87:4 

    4 Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen; He aquí Filistea y Tiro, con Etiopía; Este nació allá.

    Salmos 89:10 

    10 Tú quebrantaste a Rahab como a herido de muerte; Con tu brazo poderoso esparciste a tus enemigos.

    Isaías 51:9

    9 Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón?

    (Este nombre no es en hebreo el mismo que el de la ramera Rahab, que es exactamente Rachab.). El Alto Egipto recibe el nombre de «Patros», o «tierra del sur» (Is. 11:11). 

    Isaías 11:11

    11 Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.

    El Bajo Egipto es Matsor en Is. 19:6; 37:25, traducido en la RVR como «fosos» en el primer pasaje, y «Egipto» en el segundo. 

    Isaías 19:6

    6 Y se alejarán los ríos, se agotarán y secarán las corrientes de los fosos; la caña y el carrizo serán cortados.

    Isaías 37:25

    25 Yo cavé, y bebí las aguas, y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de Egipto.

    Egipto es uno de los más antiguos y renombrados países. La fecha de su fundación es objeto de muchas y diversas hipótesis, que han ido siendo revisadas con el paso del tiempo. I - Historia Por lo general, la historia del antiguo Egipto se divide en tres partes. 

    1. Imperio Antiguo, desde su comienzo a la invasión de Egipto por los hicsos o Reyes Pastores. Esto, en base al modelo comúnmente aceptado, abarcaría las once primeras dinastías. En algunas de estas dinastías los reyes residían en Menfis, y los de otras en Tebas. 

    Ello suscita la importante cuestión de si algunas de las dinastías fueron contemporáneas en su existencia. A las primeras cuatro dinastías les son atribuidas la construcción de la Gran Pirámide y las pirámides segunda y tercera, y también la construcción de la Esfinge de Gizeh. 

    2. El Imperio Medio empezó, en el modelo comúnmente aceptado, con la duodécima dinastía. Algunos hicsos se habían establecido en el Bajo Egipto ya bajo la sexta dinastía; extendieron su poder en la decimocuarta dinastía, y reinaron supremos durante la decimoquinta, decimosexta y decimoséptima dinastías. 

    Eran semitas de Asia. Se establecieron en el norte de Egipto en Zoam, o Tanis y Avaris, mientras que en el sur reinaban reyes egipcios. Se supone que mantuvieron el poder en el norte durante unos 500 años, pero otros creen que su dominio fue mucho más corto. (Véase HICSOS). 

    3. El Imperio Nuevo fue inaugurado por la expulsión de los hicsos en la decimoctava dinastía, cuando Egipto recuperó su anterior poder, tal como lo vemos por el AT. La primera mención de Egipto en las Escrituras es cuando Abraham fue a morar allí debido a un periodo de hambre. 

    Se dirigió al mundo en busca de ayuda, y ello condujo al patriarca a una conducta por la que fue reprendido por Faraón, el príncipe del mundo (Gn. 12:10-20). 

    Génesis 12:10-20

    Abram en Egipto

    10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.

    11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;

    12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.

    13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.

    14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.

    15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.

    16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.

    17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.

    18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?

    19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.

    20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

    Toda la temática cronológica de este período es muy debatida, entrando en juego distintas variables y diferentes métodos de cálculo. Se puede calcular, sin embargo, que alrededor del año 1700 a.C. José fue llevado a Egipto, y vendido a Potifar. 

    Siguió su exaltación, con motivo del sueño de Faraón con respecto al período de hambre que iba a venir sobre la tierra. Courville (ver Bibliografía) sitúa el inicio de los siete años de hambre alrededor del año 1665 a.C. Luego Jacob y toda su familia descendieron a Egipto. (Véase JOSÉ). 

    Al final se levantó un rey que no conocía a José, y los hijos de Israel quedaron reducidos a la esclavitud (véase PLAGAS DE EGIPTO). 

    A la muerte de los primogénitos de los egipcios, Israel abandonó Egipto (véase ÉXODO). De gran interés son las siguientes cuestiones: ¿Cuál de los reyes de Egipto fue el que exaltó a José? ¿Cuál fue el rey que no conoció a José? ¿Cuál fue el faraón reinante en la época de las plagas y del Éxodo? 

    Aquí hay opiniones encontradas, sugiriendo unos que el faraón que exaltó a José fue uno de los hicsos y que el faraón de la opresión fue Ramsés II; el faraón del Éxodo hubiera sido Menefta, hijo suyo. Este último tuvo un hijo, Seti II, que hubiera debido morir en la última plaga de Egipto, si su padre fue el faraón del Éxodo. 

    Los monumentos registran la muerte de su hijo, y no se ha hallado la momia del padre, pero sí hay inscripciones acerca de que siguió viviendo y reinando después de la muerte de su hijo. Esto no concuerda con el hecho de que el faraón del Éxodo murió en el mar Rojo (cp. Sal. 136:15; Éx. 9:15). 

    Salmos 136:15 

    15 Y arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo, Porque para siempre es su misericordia.

    Éxodo 9:15

    15 Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte a ti y a tu pueblo de plaga, y serás quitado de la tierra.

    Además, Menefta ha sido descrito como «débil, irresuelto, y carente de valor físico», y se cree que jamás se hubiera aventurado a lanzarse al mar Rojo. Al no darnos las Escrituras los nombres de los faraones en el Pentateuco, no hay realmente ningún enlace directo entre los allí mencionados y los reyes hallados en los monumentos. 

    Hay egiptólogos que consideran unos reyes más probables que los anteriores, situando el tiempo de José antes del período de los Hicsos, y otros que lo sitúan después de la salida de ellos. Sin embargo, el esquema más probable es el dado por Velikovsky y Courville. 

    Ambos autores documentan la identificación de los hicsos con los Amu y Amalecitas. Entonces, el establecimiento de los hicsos en Egipto coincide con la salida de los israelitas en el Éxodo. Las hordas amalecitas que se enfrentaron con los hebreos que salían de Egipto (cp. Éx. 17:8-16) pudieron penetrar después fácilmente en un Egipto devastado, saqueado, con el ejército sepultado en el mar Rojo, sin faraón reinante, y con el heredero asimismo muerto. 

    Éxodo 17:8-16

    Guerra con Amalec

    8 Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim.

    9 Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.

    10 E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado.

    11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.

    12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.

    13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

    14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.

    15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová- nisi;

    16 y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.

    Esto está apoyado por el papiro de Ipuwer, que documenta estos acontecimientos, y que está ampliamente tratado por los mencionados Velikovsky, Courville, y también por el Greenberg (véanse Bibliografía y el artículo ÉXODO). 

    La era de Saúl vio la derrota de los amalecitas. Las cuidadosas investigaciones de Velikovsky y Courville permiten establecer que esto marcó el final del imperio hicso (amalecita) en Egipto, y el inicio de la decimoctava dinastía. 

    De esta manera, tenemos a Ahmose, el fundador de esta dinastía, junto con Amenhotep I, como contemporáneos de Saúl y de David, y a Salomón como contemporáneo de Tutmose y de Hatsepsut. Son muchas y poderosas las evidencias que llevan a esta conclusión, examinadas detalladamente por los citados autores en su profunda revisión de los esquemas clásicos de la historia de Egipto, apoyados, por otra parte, en muy endebles bases. 

    El primer faraón que hallamos mencionado por su nombre en las Escrituras es Sisac (1 R. 11:40; 14:25, 26: 2 Cr. 12:2-9). 

    1 Reyes 11:40 

    40 Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.

    1 Reyes 14:25, 26 

    25 Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén,

    26 y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos los escudos de oro que Salomón había hecho.

    2 Crónicas 12:2-9

    2 Y por cuanto se habían rebelado contra Jehová, en el quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén,

    3 Con mil doscientos carros, y con sesenta mil hombres de a caballo: mas el pueblo que venía con él de Egipto, esto es, de libios, suquienos, y etíopes, no tenía número.

    4 Y tomó las ciudades fortificadas de Judá, y llegó hasta Jerusalén.

    5 Entonces vino el profeta Semaías a Roboam y a los príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalén por causa de Sisac, y les dijo: Así ha dicho Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de Sisac.

    6 Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: Justo es Jehová.

    7 Y cuando Jehová vió que se habían humillado, fue palabra de Jehová a Semaías, diciendo: Se han humillado; no los destruiré; antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalén por mano de Sisac.

    8 Pero serán sus siervos; para que sepan lo que es servirme a mí, y que es servir a los reinos de las naciones.

    9 Subió pues Sisac rey de Egipto a Jerusalén , y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey; todo lo llevó: y tomó los escudos de oro que Salomón había hecho.

    Dio refugio a Jeroboam cuando huyó de Salomón, y después de la muerte de Salomón invadió Judea con 1.200 carros, 60.000 jinetes y tropa innumerable. 

    Tomó las ciudades fortificadas y saqueó Jerusalén y el templo. Comúnmente se le identifica con Sesonk I, primer faraón de la vigesimosegunda dinastía. 

    Sin embargo, el peso de la evidencia monumental y de las inscripciones identifica a Sisac con Tutmose III. La identificación hecha con Sesonk por la semejanza de nombre y por su cercanía en el esquema cronológico comúnmente aceptado no tienen fuerza alguna. 

    Se pasa por alto el hecho de que los reyes egipcios tenían muchos nombres. A menudo eran conocidos en países vecinos por apelaciones que no tenían nada que ver con sus nombres regios. Asimismo su sucesor, Amenhotep II, también puede ser identificado históricamente con el etíope Zera, que fue contra Asa con 1.000.000 de hombres y 300 carros. 

    Asa rogó la ayuda del Señor, declarando que su confianza estaba en Él. Dios respondió a su fe, y las huestes egipcias fueron vencidas, tomando Judá gran cantidad de despojos (2 Cr. 14:9-13). 

    2 Crónicas 14:9-13

    9 Y salió contra ellos Zera etíope con un ejército de millones, y trescientos carros; y vino hasta Maresa.

    10 Entonces salió Asa contra él, y ordenaron la batalla en el valle de Sefata junto a Maresa.

    11 Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas. Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios: no prevalezca contra ti el hombre.

    12 Y Jehová deshizo a los etíopes delante de Asa y delante de Judá; y huyeron los etíopes.

    13 Y Asa, y el pueblo que con él estaba, lo siguieron hasta Gerar; y cayeron los etíopes hasta no quedar en ellos aliento; porque fueron deshechos delante de Jehová y de su ejército. Y les tomaron muy grande botín.

    Posteriormente, la alianza de Oseas, rey de Israel, con So, provocó el ataque de Asiria contra el reino de Israel y su aniquilación. 

    La identidad de So, en base a la cronología revisada, resulta ser Ramsés II. 

    El nombre de trono de Ramsés II, de entre los 75 nombres aceptados para este rey, era Ra-user-Maat-So-tep-en Ra. Con un nombre así, no es de sorprender que se usara una abreviación. Otro rey de Egipto mencionado en las Escrituras es Tirhaca o Taharka (el Tehrak de los monumentos), que se lanzó contra Asiria en el año 14 de Ezequías. Senaquerib estaba atacando Libna cuando oyó que el rey de Etiopía (clasificado en la vigesimoquinta dinastía) había salido a luchar contra él. Senaquerib envió una segunda carta amenazadora a Ezequías; sin embargo, Dios destruyó su ejército por la noche, de una manera milagrosa. 

    Pero Tirhaca fue después derrotado por Senaquerib, y una vez más en la conquista de Egipto por Essar-hadón (681-669). Essar-hadón murió en una segunda campaña contra Egipto para aplastar una revuelta contra los dominadores asirios (668 a.C.). 

    Fue Assurbanipal quien logró la sumisión de Egipto, instalando como rey de Egipto a Sheshonk (Sesonk I). Éste era hijo de Namaret, el general de Assurbanipal en la campaña de Egipto. 

    El abuelo de Sesonk I se llamaba Pallashnes, y tenía también el nombre de Sheshonk, como lo indica Bugsch, documentando irrefutablemente el hecho de que la vigesimosegunda dinastía tuvo un origen asirio. 

    Egipto intentó recuperarse de esta postración bajo Psamético I de Sais (vigesimosexta dinastía), y en los días de Josías, el faraón Necao, ansioso de rivalizar las glorias de las dinastías decimoctava y decimonovena, se dispuso a atacar al rey de Asiria y a recobrar la influencia tanto tiempo perdida de Egipto sobre Siria. Josías se opuso a Necao, pero murió en la batalla de Meguido. 

    Necao prosiguió hasta Carquemis, y volviendo a Jerusalén depuso a Joacaz y lo llevó a Egipto (donde murió), poniendo en su lugar a su hermano Eliaquim, y dándole el nombre de Joacim. Impuso un tributo de cien talentos de plata y un talento de oro (2 R. 23:29-34; 2 Cr. 35:20-24; Jer. 26:20-23). 

    2 Reyes 23:29-34 

    29 En aquellos días Faraón Necao rey de Egipto subió contra el rey de Asiria al río Eufrates, y salió contra él el rey Josías; pero aquél, así que le vio, lo mató en Meguido.

    30 Y sus siervos lo pusieron en un carro, y lo trajeron muerto de Meguido a Jerusalén, y lo sepultaron en su sepulcro. Entonces el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y lo ungieron y lo pusieron por rey en lugar de su padre.

    Reinado y destronamiento de Joacaz

    31 De veintitrés años era Joacaz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. El nombre de su madre fue Hamutal hija de Jeremías, de Libna.

    32 Y él hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho.

    33 Y lo puso preso Faraón Necao en Ribla en la provincia de Hamat, para que no reinase en Jerusalén; e impuso sobre la tierra una multa de cien talentos de plata, y uno de oro.

    34 Entonces Faraón Necao puso por rey a Eliaquim hijo de Josías, en lugar de Josías su padre, y le cambió el nombre por el de Joacim; y tomó a Joacaz y lo llevó a Egipto, y murió allí.

    2 Crónicas 35:20-24 

    Muerte de Josías

    20 Después de todas estas cosas, luego de haber reparado Josías la casa de Jehová, Necao rey de Egipto subió para hacer guerra en Carquemis junto al Eufrates; y salió Josías contra él.

    21 Y Necao le envió mensajeros, diciendo: ¿Qué tengo yo contigo, rey de Judá? Yo no vengo contra ti hoy, sino contra la casa que me hace guerra: y Dios me ha dicho que me apresure. Déja de oponerte a Dios, quien está conmigo, no sea que él te destruya.

    22 Mas Josías no se retiró, sino que se disfrazó para darle batalla, y no atendió a las palabras de Necao, que eran de boca de Dios; y vino a darle la batalla en el campo de Meguido.

    23 Y los flecheros tiraron contra el rey Josías. Entonces dijo el rey a sus siervos: Quitadme de aquí, porque estoy herido gravemente.

    24 Entonces sus siervos lo sacaron de aquel carro, y lo pusieron en un segundo carro que tenía, y lo llevaron a Jerusalén, donde murió; y lo sepultaron en los sepulcros de sus padres. Y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías.

    Jeremías 26:20-23

    20 Hubo también un hombre que profetizaba en nombre de Jehová, Urías hijo de Semaías, de Quiriat-jearim, el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra, conforme a todas las palabras de Jeremías;

    21 y oyeron sus palabras el rey Joacim y todos sus grandes, y todos sus príncipes, y el rey procuró matarle; entendiendo lo cual Urías, tuvo temor, y huyó a Egipto.

    22 Y el rey Joacim envió hombres a Egipto, a Elnatán hijo de Acbor y otros hombres con él, a Egipto;

    23 los cuales sacaron a Urías de Egipto y lo trajeron al rey Joacim, el cual lo mató a espada, y echó su cuerpo en los sepulcros del vulgo.

    Que Necao fuera capaz de atacar al rey de Asiria en un lugar tan lejano como Carquemis muestra el poder de Egipto en aquel entonces, pero el poder de Babilonia estaba creciendo, y después de tres años Nabucodonosor derrotaba al ejército de Necao en Carquemis, recuperando todo el terreno entre el río de Egipto y el Éufrates. «Y nunca más el rey de Egipto salió de su tierra» (2 R. 24:7; Jer. 46:2-12). 

    2 Reyes 24:7 

    7 Y nunca más el rey de Egipto salió de su tierra; porque el rey de Babilonia le tomó todo lo que era suyo desde el río de Egipto hasta el río Eufrates.

    Jeremías 46:2-12

    2 Con respecto a Egipto: contra el ejército de Faraón Necao rey de Egipto, que estaba cerca del río Eufrates en Carquemis, a quien destruyó Nabucodonosor rey de Babilonia, en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá.

    3 Preparad escudo y pavés, y venid a la guerra.

    4 Uncid caballos y subid, vosotros los jinetes, y poneos con yelmos; limpiad las lanzas, vestíos las corazas.

    5 ¿Por qué los vi medrosos, retrocediendo? Sus valientes fueron deshechos, y huyeron sin volver a mirar atrás; miedo de todas partes, dice Jehová.

    6 No huya el ligero, ni el valiente escape; al norte junto a la ribera del Eufrates tropezaron y cayeron.

    7 ¿Quién es éste que sube como río, y cuyas aguas se mueven como ríos?

    8 Egipto como río se ensancha, y las aguas se mueven como ríos, y dijo: Subiré, cubriré la tierra, destruiré a la ciudad y a los que en ella moran.

    9 Subid, caballos, y alborotaos, carros, y salgan los valientes; los etíopes y los de Put que toman escudo, y los de Lud que toman y entesan arco.

    10 Mas ese día será para Jehová Dios de los ejércitos día de retribución, para vengarse de sus enemigos; y la espada devorará y se saciará, y se embriagará de la sangre de ellos; porque sacrificio será para Jehová Dios de los ejércitos, en tierra del norte junto al río Eufrates.

    11 Sube a Galaad, y toma bálsamo, virgen hija de Egipto; por demás multiplicarás las medicinas; no hay curación para ti.

    12 Las naciones oyeron tu afrenta, y tu clamor llenó la tierra; porque valiente tropezó contra valiente, y cayeron ambos juntos.

    El Necao de las Escrituras es el Nekau de los monumentos, un rey de la vigésimo sexta dinastía. Los escritores griegos y los monumentos egipcios mencionan a Psamético II como sucesor de Necao, y después a Apries (Uahabra en los monumentos), el Hofra de las Escrituras (Jer. 44:30). 

    Jeremías 44:30

    30 Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a Faraón Hofra rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, así como entregué a Sedequías rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo que buscaba su vida.

    Sedequías había sido hecho gobernador de Jerusalén por Nabucodonosor, pero se rebeló e hizo alianza con Hofra (Ez. 17:15-17). 

    Ezequiel 17:15-17

    15 Pero se rebeló contra él, enviando embajadores a Egipto para que le diese caballos y mucha gente. ¿Será prosperado, escapará el que estas cosas hizo? El que rompió el pacto, ¿podrá escapar?

    16 Vivo yo, dice Jehová el Señor, que morirá en medio de Babilonia, en el lugar donde habita el rey que le hizo reinar, cuyo juramento menospreció, y cuyo pacto hecho con él rompió.

    17 Y ni con gran ejército ni con mucha compañía hará Faraón nada por él en la batalla, cuando se levanten vallados y se edifiquen torres para cortar muchas vidas.

    Cuando los caldeos asediaron Jerusalén, Hofra, fiel a su palabra, entró en Palestina. Nabucodonosor levantó el sitio, atacó y derrotó a Hofra, y después volvió a poner sitio a Jerusalén. Tomó la ciudad y la devastó con fuego (Jer. 37:5-11). 

    Jeremías 37:5-11

    5 Y cuando el ejército de Faraón había salido de Egipto, y llegó noticia de ello a oídos de los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de Jerusalén.

    6 Entonces vino palabra de Jehová al profeta Jeremías, diciendo:

    7 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió a mí para que me consultaseis: He aquí que el ejército de Faraón que había salido en vuestro socorro, se volvió a su tierra en Egipto.

    8 Y volverán los caldeos y atacarán esta ciudad, y la tomarán y la pondrán a fuego.

    9 Así ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos, diciendo: Sin duda ya los caldeos se apartarán de nosotros; porque no se apartarán.

    10 Porque aun cuando hirieseis a todo el ejército de los caldeos que pelean contra vosotros, y quedasen de ellos solamente hombres heridos, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán esta ciudad a fuego.

    11 Y aconteció que cuando el ejército de los caldeos se retiró de Jerusalén a causa del ejército de Faraón,

    Hofra estaba lleno de soberbia, y se registra que dijo que ni su dios podía vencerle. Ezequiel se hallaba en Babilonia, y en su profecía (Ez. 29:1-16) predecía la humillación de Egipto y de su rey «el gran dragón que yace en medio de sus ríos». 

    Ezequiel 29:1-16

    Profecías contra Egipto

    1 En el año décimo, en el mes décimo, a los doce días del mes, vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    2 Hijo de hombre, pon tu rostro contra Faraón rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto.

    3 Habla, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, Faraón rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos, el cual dijo: Mío es el Nilo, pues yo lo hice.

    4 Yo, pues, pondré garfios en tus quijadas, y pegaré los peces de tus ríos a tus escamas, y te sacaré de en medio de tus ríos, y todos los peces de tus ríos saldrán pegados a tus escamas.

    5 Y te dejaré en el desierto a ti y a todos los peces de tus ríos; sobre la faz del campo caerás; no serás recogido, ni serás juntado; a las fieras de la tierra y a las aves del cielo te he dado por comida.

    6 Y sabrán todos los moradores de Egipto que yo soy Jehová, por cuanto fueron báculo de caña a la casa de Israel.

    7 Cuando te tomaron con la mano, te quebraste, y les rompiste todo el hombro; y cuando se apoyaron en ti, te quebraste, y les rompiste sus lomos enteramente.

    8 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que yo traigo contra ti espada, y cortaré de ti hombres y bestias.

    9 Y la tierra de Egipto será asolada y desierta, y sabrán que yo soy Jehová; por cuanto dijo: El Nilo es mío, y yo lo hice.

    10 Por tanto, he aquí yo estoy contra ti, y contra tus ríos; y pondré la tierra de Egipto en desolación, en la soledad del desierto, desde Migdol hasta Sevene, hasta el límite de Etiopía.

    11 No pasará por ella pie de hombre, ni pie de animal pasará por ella, ni será habitada, por cuarenta años.

    12 Y pondré a la tierra de Egipto en soledad entre las tierras asoladas, y sus ciudades entre las ciudades destruidas estarán desoladas por cuarenta años; y esparciré a Egipto entre las naciones, y lo dispersaré por las tierras.

    13 Porque así ha dicho Jehová el Señor: Al fin de cuarenta años recogeré a Egipto de entre los pueblos entre los cuales fueren esparcidos;

    14 y volveré a traer los cautivos de Egipto, y los llevaré a la tierra de Patros, a la tierra de su origen; y allí serán un reino despreciable.

    15 En comparación con los otros reinos será humilde; nunca más se alzará sobre las naciones; porque yo los disminuiré, para que no vuelvan a tener dominio sobre las naciones.

    16 Y no será ya más para la casa de Israel apoyo de confianza, que les haga recordar el pecado de mirar en pos de ellos; y sabrán que yo soy Jehová el Señor.

    Egipto iba a quedar asolado desde Migdol hasta Sevene, hasta el mismo límite de Etiopía, «por cuarenta años». 

    Abdallatif, un escritor árabe, dice que Nabucodonosor devastó Egipto y lo arruinó por haber dado asilo a los judíos que huyeron de él y que quedó asolado durante cuarenta años Otras profecías fueron proclamadas contra Egipto (Ez. 30; 31; 32). 

    Ezequiel 30

    1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    2 Hijo de hombre, profetiza, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: Lamentad: ¡Ay de aquel día!

    3 Porque cerca está el día, cerca está el día de Jehová; día de nublado, día de castigo de las naciones será.

    4 Y vendrá espada a Egipto, y habrá miedo en Etiopía, cuando caigan heridos en Egipto; y tomarán sus riquezas, y serán destruidos sus fundamentos.

    5 Etiopía, Fut, Lud, toda Arabia, Libia, y los hijos de las tierras aliadas, caerán con ellos a filo de espada.

    6 Así ha dicho Jehová: También caerán los que sostienen a Egipto, y la altivez de su poderío caerá; desde Migdol hasta Sevene caerán en él a filo de espada, dice Jehová el Señor.

    7 Y serán asolados entre las tierras asoladas, y sus ciudades serán entre las ciudades desiertas.

    8 Y sabrán que yo soy Jehová, cuando ponga fuego a Egipto, y sean quebrantados todos sus ayudadores.

    9 En aquel tiempo saldrán mensajeros de delante de mí en naves, para espantar a Etiopía la confiada, y tendrán espanto como en el día de Egipto; porque he aquí viene.

    10 Así ha dicho Jehová el Señor: Destruiré las riquezas de Egipto por mano de Nabucodonosor rey de Babilonia.

    11 El, y con él su pueblo, los más fuertes de las naciones, serán traídos para destruir la tierra; y desenvainarán sus espadas sobre Egipto, y llenarán de muertos la tierra.

    12 Y secaré los ríos, y entregaré la tierra en manos de malos, y por mano de extranjeros destruiré la tierra y cuanto en ella hay. Yo Jehová he hablado.

    13 Así ha dicho Jehová el Señor: Destruiré también las imágenes, y destruiré los ídolos de Menfis; y no habrá más príncipe de la tierra de Egipto, y en la tierra de Egipto pondré temor.

    14 Asolaré a Patros, y pondré fuego a Zoán, y haré juicios en Tebas.

    15 Y derramaré mi ira sobre Sin, fortaleza de Egipto, y exterminaré a la multitud de Tebas.

    16 Y pondré fuego a Egipto; Sin tendrá gran dolor, y Tebas será destrozada, y Menfis tendrá continuas angustias.

    17 Los jóvenes de Avén y de Pibeset caerán a filo de espada, y las mujeres irán en cautiverio.

    18 Y en Tafnes se oscurecerá el día, cuando quebrante yo allí el poder de Egipto, y cesará en ella la soberbia de su poderío; tiniebla la cubrirá, y los moradores de sus aldeas irán en cautiverio.

    19 Haré, pues, juicios en Egipto, y sabrán que yo soy Jehová.

    20 Aconteció en el año undécimo, en el mes primero, a los siete días del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    21 Hijo de hombre, he quebrado el brazo de Faraón rey de Egipto; y he aquí que no ha sido vendado poniéndole medicinas, ni poniéndole faja para ligarlo, a fin de fortalecerlo para que pueda sostener la espada.

    22 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Heme aquí contra Faraón rey de Egipto, y quebraré sus brazos, el fuerte y el fracturado, y haré que la espada se le caiga de la mano.

    23 Y esparciré a los egipcios entre las naciones, y los dispersaré por las tierras.

    24 Y fortaleceré los brazos del rey de Babilonia, y pondré mi espada en su mano; mas quebraré los brazos de Faraón, y delante de aquél gemirá con gemidos de herido de muerte.

    25 Fortaleceré, pues, los brazos del rey de Babilonia, y los brazos de Faraón caerán; y sabrán que yo soy Jehová, cuando yo ponga mi espada en la mano del rey de Babilonia, y él la extienda contra la tierra de Egipto.

    26 Y esparciré a los egipcios entre las naciones, y los dispersaré por las tierras; y sabrán que yo soy Jehová.

    Ezequiel 31

    1 Aconteció en el año undécimo, en el mes tercero, el día primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    2 Hijo de hombre, di a Faraón rey de Egipto, y a su pueblo: ¿A quién te comparaste en tu grandeza?

    3 He aquí era el asirio cedro en el Líbano, de hermosas ramas, de frondoso ramaje y de grande altura, y su copa estaba entre densas ramas.

    4 Las aguas lo hicieron crecer, lo encumbró el abismo; sus ríos corrían alrededor de su pie, y a todos los árboles del campo enviaba sus corrientes.

    5 Por tanto, se encumbró su altura sobre todos los árboles del campo, y se multiplicaron sus ramas, y a causa de las muchas aguas se alargó su ramaje que había echado.

    6 En sus ramas hacían nido todas las aves del cielo, y debajo de su ramaje parían todas las bestias del campo, y a su sombra habitaban muchas naciones.

    7 Se hizo, pues, hermoso en su grandeza con la extensión de sus ramas; porque su raíz estaba junto a muchas aguas.

    8 Los cedros no lo cubrieron en el huerto de Dios; las hayas no fueron semejantes a sus ramas, ni los castaños fueron semejantes a su ramaje; ningún árbol en el huerto de Dios fue semejante a él en su hermosura.

    9 Lo hice hermoso con la multitud de sus ramas; y todos los árboles del Edén, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de él envidia.

    10 Por tanto, así dijo Jehová el Señor: Ya que por ser encumbrado en altura, y haber levantado su cumbre entre densas ramas, su corazón se elevó con su altura,

    11 yo lo entregaré en manos del poderoso de las naciones, que de cierto le tratará según su maldad. Yo lo he desechado.

    12 Y lo destruirán extranjeros, los poderosos de las naciones, y lo derribarán; sus ramas caerán sobre los montes y por todos los valles, y por todos los arroyos de la tierra será quebrado su ramaje; y se irán de su sombra todos los pueblos de la tierra, y lo dejarán.

    13 Sobre su ruina habitarán todas las aves del cielo, y sobre sus ramas estarán todas las bestias del campo,

    14 para que no se exalten en su altura todos los árboles que crecen junto a las aguas, ni levanten su copa entre la espesura, ni confíen en su altura todos los que beben aguas; porque todos están destinados a muerte, a lo profundo de la tierra, entre los hijos de los hombres, con los que descienden a la fosa.

    15 Así ha dicho Jehová el Señor: El día que descendió al Seol, hice hacer luto, hice cubrir por él el abismo, y detuve sus ríos, y las muchas aguas fueron detenidas; al Líbano cubrí de tinieblas por él, y todos los árboles del campo se desmayaron.

    16 Del estruendo de su caída hice temblar a las naciones, cuando las hice descender al Seol con todos los que descienden a la sepultura; y todos los árboles escogidos del Edén, y los mejores del Líbano, todos los que beben aguas, fueron consolados en lo profundo de la tierra.

    17 También ellos descendieron con él al Seol, con los muertos a espada, los que fueron su brazo, los que estuvieron a su sombra en medio de las naciones.

    18 ¿A quién te has comparado así en gloria y en grandeza entre los árboles del Edén? Pues derribado serás con los árboles del Edén en lo profundo de la tierra; entre los incircuncisos yacerás, con los muertos a espada. Este es Faraón y todo su pueblo, dice Jehová el Señor.

    Ezequiel 32

    1 Aconteció en el año duodécimo, en el mes duodécimo, el día primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    2 Hijo de hombre, levanta endechas sobre Faraón rey de Egipto, y dile: A leoncillo de naciones eres semejante, y eres como el dragón en los mares; pues secabas tus ríos, y enturbiabas las aguas con tus pies, y hollabas sus riberas.

    3 Así ha dicho Jehová el Señor: Yo extenderé sobre ti mi red con reunión de muchos pueblos, y te harán subir con mi red.

    4 Y te dejaré en tierra, te echaré sobre la faz del campo, y haré posar sobre ti todas las aves del cielo, y saciaré de ti a las fieras de toda la tierra.

    5 Pondré tus carnes sobre los montes, y llenaré los valles de tus cadáveres.

    6 Y regaré de tu sangre la tierra donde nadas, hasta los montes; y los arroyos se llenarán de ti.

    7 Y cuando te haya extinguido, cubriré los cielos, y haré entenebrecer sus estrellas; el sol cubriré con nublado, y la luna no hará resplandecer su luz.

    8 Haré entenebrecer todos los astros brillantes del cielo por ti, y pondré tinieblas sobre tu tierra, dice Jehová el Señor.

    9 Y entristeceré el corazón de muchos pueblos, cuando lleve al cautiverio a los tuyos entre las naciones, por las tierras que no conociste.

    10 Y dejaré atónitos por ti a muchos pueblos, y sus reyes tendrán horror grande a causa de ti, cuando haga resplandecer mi espada delante de sus rostros; y todos se sobresaltarán en sus ánimos a cada momento en el día de tu caída.

    11 Porque así ha dicho Jehová el Señor: La espada del rey de Babilonia vendrá sobre ti.

    12 Con espadas de fuertes haré caer tu pueblo; todos ellos serán los poderosos de las naciones; y destruirán la soberbia de Egipto, y toda su multitud será deshecha.

    13 Todas sus bestias destruiré de sobre las muchas aguas; ni más las enturbiará pie de hombre, ni pezuña de bestia las enturbiará.

    14 Entonces haré asentarse sus aguas, y haré correr sus ríos como aceite, dice Jehová el Señor.

    15 Cuando asuele la tierra de Egipto, y la tierra quede despojada de todo cuanto en ella hay, cuando mate a todos los que en ella moran, sabrán que yo soy Jehová.

    16 Esta es la endecha, y la cantarán; las hijas de las naciones la cantarán; endecharán sobre Egipto y sobre toda su multitud, dice Jehová el Señor.

    17 Aconteció en el año duodécimo, a los quince días del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    18 Hijo de hombre, endecha sobre la multitud de Egipto, y despéñalo a él, y a las hijas de las naciones poderosas, a lo profundo de la tierra, con los que descienden a la sepultura.

    19 Porque eres tan hermoso, desciende, y yace con los incircuncisos.

    20 Entre los muertos a espada caerá; a la espada es entregado; traedlo a él y a todos sus pueblos.

    21 De en medio del Seol hablarán a él los fuertes de los fuertes, con los que le ayudaron, que descendieron y yacen con los incircuncisos muertos a espada.

    22 Allí está Asiria con toda su multitud; en derredor de él están sus sepulcros; todos ellos cayeron muertos a espada.

    23 Sus sepulcros fueron puestos a los lados de la fosa, y su gente está por los alrededores de su sepulcro; todos ellos cayeron muertos a espada, los cuales sembraron el terror en la tierra de los vivientes.

    24 Allí Elam, y toda su multitud por los alrededores de su sepulcro; todos ellos cayeron muertos a espada, los cuales descendieron incircuncisos a lo más profundo de la tierra, porque sembraron su terror en la tierra de los vivientes, mas llevaron su confusión con los que descienden al sepulcro.

    25 En medio de los muertos le pusieron lecho con toda su multitud; a sus alrededores están sus sepulcros; todos ellos incircuncisos, muertos a espada, porque fue puesto su espanto en la tierra de los vivientes, mas llevaron su confusión con los que descienden al sepulcro; él fue puesto en medio de los muertos.

    26 Allí Mesec y Tubal, y toda su multitud; sus sepulcros en sus alrededores; todos ellos incircuncisos, muertos a espada, porque habían sembrado su terror en la tierra de los vivientes.

    27 Y no yacerán con los fuertes de los incircuncisos que cayeron, los cuales descendieron al Seol con sus armas de guerra, y sus espadas puestas debajo de sus cabezas; mas sus pecados estarán sobre sus huesos, por cuanto fueron terror de fuertes en la tierra de los vivientes.

    28 Tú, pues, serás quebrantado entre los incircuncisos, y yacerás con los muertos a espada.

    29 Allí Edom, sus reyes y todos sus príncipes, los cuales con su poderío fueron puestos con los muertos a espada; ellos yacerán con los incircuncisos, y con los que descienden al sepulcro.

    30 Allí los príncipes del norte, todos ellos, y todos los sidonios, que con su terror descendieron con los muertos, avergonzados de su poderío, yacen también incircuncisos con los muertos a espada, y comparten su confusión con los que descienden al sepulcro.

    31 A éstos verá Faraón, y se consolará sobre toda su multitud; Faraón muerto a espada, y todo su ejército, dice Jehová el Señor.

    32 Porque puse mi terror en la tierra de los vivientes, también Faraón y toda su multitud yacerán entre los incircuncisos con los muertos a espada, dice Jehová el Señor.

    Dios entregó a Hofra «en manos de los que buscan su vida» (Jer. 44:30), de entre los de su propio pueblo. 

    Jeremías 44:30

    30 Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a Faraón Hofra rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, así como entregué a Sedequías rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo que buscaba su vida.

    Cuando Nabucodonosor hubo destruido Jerusalén, dejó a algunos judíos en la tierra de Palestina bajo Gedalías el gobernador; pero al ser asesinado Gedalías, huyeron a Egipto, llevando consigo a Jeremías a Tafnes (Jer. 43:5-7). 

    Jeremías 43:5-7

    5 sino que tomó Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra, a todo el remanente de Judá que se había vuelto de todas las naciones donde había sido echado, para morar en tierra de Judá;

    6 a hombres y mujeres y niños, y a las hijas del rey y a toda persona que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, y al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías,

    7 y entraron en tierra de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y llegaron hasta Tafnes.

    El profeta pronunció desde allí profecías contra Egipto (Jer. 43-44). 

    Jeremías 43

    La emigración a Egipto

    1 Aconteció que cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las palabras de Jehová Dios de ellos, todas estas palabras por las cuales Jehová Dios de ellos le había enviado a ellos mismos,

    2 dijo Azarías hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto para morar allí,

    3 sino que Baruc hijo de Nerías te incita contra nosotros, para entregarnos en manos de los caldeos, para matarnos y hacernos transportar a Babilonia.

    4 No obedeció, pues, Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra y todo el pueblo, a la voz de Jehová para quedarse en tierra de Judá,

    5 sino que tomó Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra, a todo el remanente de Judá que se había vuelto de todas las naciones donde había sido echado, para morar en tierra de Judá;

    6 a hombres y mujeres y niños, y a las hijas del rey y a toda persona que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, y al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías,

    7 y entraron en tierra de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y llegaron hasta Tafnes.

    8 Y vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes, diciendo:

    9 Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en el enladrillado que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de los hombres de Judá;

    10 y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y extenderá su pabellón sobre ellas.

    11 Y vendrá y asolará la tierra de Egipto; los que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a espada.

    12 Y pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los quemará, y a ellos los llevará cautivos; y limpiará la tierra de Egipto, como el pastor limpia su capa, y saldrá de allá en paz.

    13 Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará a fuego.

    Jeremías 44

    Jeremías profetiza a los judíos en Egipto

    1 Palabra que vino a Jeremías acerca de todos los judíos que moraban en la tierra de Egipto, que vivían en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en tierra de Patros, diciendo:

    2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que traje sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá; y he aquí que ellas están el día de hoy asoladas; no hay quien more en ellas,

    3 a causa de la maldad que ellos cometieron para enojarme, yendo a ofrecer incienso, honrando a dioses ajenos que ellos no habían conocido, ni vosotros ni vuestros padres.

    4 Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: No hagáis esta cosa abominable que yo aborrezco.

    5 Pero no oyeron ni inclinaron su oído para convertirse de su maldad, para dejar de ofrecer incienso a dioses ajenos.

    6 Se derramó, por tanto, mi ira y mi furor, y se encendió en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, y fueron puestas en soledad y en destrucción, como están hoy.

    7 Ahora, pues, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué hacéis tan grande mal contra vosotros mismos, para ser destruidos el hombre y la mujer, el muchacho y el niño de pecho de en medio de Judá, sin que os quede remanente alguno,

    8 haciéndome enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a dioses ajenos en la tierra de Egipto, adonde habéis entrado para vivir, de suerte que os acabéis, y seáis por maldición y por oprobio a todas las naciones de la tierra?

    9 ¿Os habéis olvidado de las maldades de vuestros padres, de las maldades de los reyes de Judá, de las maldades de sus mujeres, de vuestras maldades y de las maldades de vuestras mujeres, que hicieron en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén?

    10 No se han humillado hasta el día de hoy, ni han tenido temor, ni han caminado en mi ley ni en mis estatutos, los cuales puse delante de vosotros y delante de vuestros padres.

    11 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo vuelvo mi rostro contra vosotros para mal, y para destruir a todo Judá.

    12 Y tomaré el resto de Judá que volvieron sus rostros para ir a tierra de Egipto para morar allí, y en tierra de Egipto serán todos consumidos; caerán a espada, y serán consumidos de hambre; a espada y de hambre morirán desde el menor hasta el mayor, y serán objeto de execración, de espanto, de maldición y de oprobio.

    13 Pues castigaré a los que moran en tierra de Egipto como castigué a Jerusalén, con espada, con hambre y con pestilencia.

    14 Y del resto de los de Judá que entraron en la tierra de Egipto para habitar allí, no habrá quien escape, ni quien quede vivo para volver a la tierra de Judá, por volver a la cual suspiran ellos para habitar allí; porque no volverán sino algunos fugitivos.

    15 Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo:

    16 La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti;

    17 sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno.

    18 Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos.

    19 Y cuando ofrecimos incienso a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos?

    20 Y habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres y a todo el pueblo que le había respondido esto, diciendo:

    21 ¿No se ha acordado Jehová, y no ha venido a su memoria el incienso que ofrecisteis en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes y el pueblo de la tierra?

    22 Y no pudo sufrirlo más Jehová, a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de las abominaciones que habíais hecho; por tanto, vuestra tierra fue puesta en asolamiento, en espanto y en maldición, hasta quedar sin morador, como está hoy.

    23 Porque ofrecisteis incienso y pecasteis contra Jehová, y no obedecisteis a la voz de Jehová, ni anduvisteis en su ley ni en sus estatutos ni en sus testimonios; por tanto, ha venido sobre vosotros este mal, como hasta hoy.

    24 Y dijo Jeremías a todo el pueblo, y a todas las mujeres: Oíd palabra de Jehová, todos los de Judá que estáis en tierra de Egipto.

    25 Así ha hablado Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Vosotros y vuestras mujeres hablasteis con vuestras bocas, y con vuestras manos lo ejecutasteis, diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que hicimos, de ofrecer incienso a la reina del cielo y derramarle libaciones; confirmáis a la verdad vuestros votos, y ponéis vuestros votos por obra.

    26 Por tanto, oíd palabra de Jehová, todo Judá que habitáis en tierra de Egipto: He aquí he jurado por mi grande nombre, dice Jehová, que mi nombre no será invocado más en toda la tierra de Egipto por boca de ningún hombre de Judá, diciendo: Vive Jehová el Señor.

    27 He aquí que yo velo sobre ellos para mal, y no para bien; y todos los hombres de Judá que están en tierra de Egipto serán consumidos a espada y de hambre, hasta que perezcan del todo.

    28 Y los que escapen de la espada volverán de la tierra de Egipto a la tierra de Judá, pocos hombres; sabrá, pues, todo el resto de Judá que ha entrado en Egipto a morar allí, la palabra de quién ha de permanecer: si la mía, o la suya.

    29 Y esto tendréis por señal, dice Jehová, de que en este lugar os castigo, para que sepáis que de cierto permanecerán mis palabras para mal sobre vosotros.

    30 Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a Faraón Hofra rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, así como entregué a Sedequías rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo que buscaba su vida.

    La serie de profecías da una fecha aproximada para la devastación de Egipto por parte de Nabucodonosor. Al tomar Tiro «no tuvieron paga» (salvaron sus tesoros huyendo por mar), y por ello iba a tener Egipto como recompensa. 

    Tiro fue tomada en el año 572 a.C., y Nabucodonosor murió el 562 a.C., lo que deja un margen de diez años (Ez. 29:17-20). 

    Ezequiel 29:17-20

    17 Aconteció en el año veintisiete en el mes primero, el día primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    18 Hijo de hombre, Nabucodonosor rey de Babilonia hizo a su ejército prestar un arduo servicio contra Tiro. Toda cabeza ha quedado calva, y toda espalda desollada; y ni para él ni para su ejército hubo paga de Tiro, por el servicio que prestó contra ella.

    19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor; He aquí que yo doy a Nabucodonosor, rey de Babilonia, la tierra de Egipto; y él tomará sus riquezas, y recogerá sus despojos, y arrebatará botín, y habrá paga para su ejército.

    20 Por su trabajo con que sirvió contra ella le he dado la tierra de Egipto; porque trabajaron para mí, dice Jehová el Señor.

    Después de Nabucodonosor, Egipto quedó tributario a Ciro. Cambises fue su primer rey persa de la dinastía vigesimoséptima. 

    Al caer el imperio persa, Alejandro Magno se apoderó de Egipto y fundó Alejandría. A la muerte de Alejandro los Ptolomeos reinaron sobre Egipto durante 300 años. Algunos de los actos de los Ptolomeos fueron profetizados por Daniel (Dn. 11). (ver ANTÍOCO). 

    Daniel 11

    1 Y yo mismo, en el año primero de Darío el medo, estuve para animarlo y fortalecerlo.

    Los reyes del norte y del sur

    2 Y ahora yo te mostraré la verdad. He aquí que aún habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos ellos; y al hacerse fuerte con sus riquezas, levantará a todos contra el reino de Grecia.

    3 Se levantará luego un rey valiente, el cual dominará con gran poder y hará su voluntad.

    4 Pero cuando se haya levantado, su reino será quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo; no a sus descendientes, ni según el dominio con que él dominó; porque su reino será arrancado, y será para otros fuera de ellos.

    5 Y se hará fuerte el rey del sur; mas uno de sus príncipes será más fuerte que él, y se hará poderoso; su dominio será grande.

    6 Al cabo de años harán alianza, y la hija del rey del sur vendrá al rey del norte para hacer la paz. Pero ella no podrá retener la fuerza de su brazo, ni permanecerá él, ni su brazo; porque será entregada ella y los que la habían traído, asimismo su hijo, y los que estaban de parte de ella en aquel tiempo.

    7 Pero un renuevo de sus raíces se levantará sobre su trono, y vendrá con ejército contra el rey del norte, y entrará en la fortaleza, y hará en ellos a su arbitrio, y predominará.

    8 Y aun a los dioses de ellos, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y de oro, llevará cautivos a Egipto; y por años se mantendrá él contra el rey del norte.

    9 Así entrará en el reino el rey del sur, y volverá a su tierra.

    10 Mas los hijos de aquél se airarán, y reunirán multitud de grandes ejércitos; y vendrá apresuradamente e inundará, y pasará adelante; luego volverá y llevará la guerra hasta su fortaleza.

    11 Por lo cual se enfurecerá el rey del sur, y saldrá y peleará contra el rey del norte; y pondrá en campaña multitud grande, y toda aquella multitud será entregada en su mano.

    12 Y al llevarse él la multitud, se elevará su corazón, y derribará a muchos millares; mas no prevalecerá.

    13 Y el rey del norte volverá a poner en campaña una multitud mayor que la primera, y al cabo de algunos años vendrá apresuradamente con gran ejército y con muchas riquezas.

    14 En aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey del sur; y hombres turbulentos de tu pueblo se levantarán para cumplir la visión, pero ellos caerán.

    15 Vendrá, pues, el rey del norte, y levantará baluartes, y tomará la ciudad fuerte; y las fuerzas del sur no podrán sostenerse, ni sus tropas escogidas, porque no habrá fuerzas para resistir.

    16 Y el que vendrá contra él hará su voluntad, y no habrá quien se le pueda enfrentar; y estará en la tierra gloriosa, la cual será consumida en su poder.

    17 Afirmará luego su rostro para venir con el poder de todo su reino; y hará con aquél convenios, y le dará una hija de mujeres para destruirle; pero no permanecerá, ni tendrá éxito.

    18 Volverá después su rostro a las costas, y tomará muchas; mas un príncipe hará cesar su afrenta, y aun hará volver sobre él su oprobio.

    19 Luego volverá su rostro a las fortalezas de su tierra; mas tropezará y caerá, y no será hallado.

    20 Y se levantará en su lugar uno que hará pasar un cobrador de tributos por la gloria del reino; pero en pocos días será quebrantado, aunque no en ira, ni en batalla.

    21 Y le sucederá en su lugar un hombre despreciable, al cual no darán la honra del reino; pero vendrá sin aviso y tomará el reino con halagos.

    22 Las fuerzas enemigas serán barridas delante de él como con inundación de aguas; serán del todo destruidos, junto con el príncipe del pacto.

    23 Y después del pacto con él, engañará y subirá, y saldrá vencedor con poca gente.

    24 Estando la provincia en paz y en abundancia, entrará y hará lo que no hicieron sus padres, ni los padres de sus padres; botín, despojos y riquezas repartirá a sus soldados, y contra las fortalezas formará sus designios; y esto por un tiempo.

    25 Y despertará sus fuerzas y su ardor contra el rey del sur con gran ejército; y el rey del sur se empeñará en la guerra con grande y muy fuerte ejército; mas no prevalecerá, porque le harán traición.

    26 Aun los que coman de sus manjares le quebrantarán; y su ejército será destruido, y caerán muchos muertos.

    27 El corazón de estos dos reyes será para hacer mal, y en una misma mesa hablarán mentira; mas no servirá de nada, porque el plazo aún no habrá llegado.

    28 Y volverá a su tierra con gran riqueza, y su corazón será contra el pacto santo; hará su voluntad, y volverá a su tierra.

    29 Al tiempo señalado volverá al sur; mas no será la postrera venida como la primera.

    30 Porque vendrán contra él naves de Quitim, y él se contristará, y volverá, y se enojará contra el pacto santo, y hará según su voluntad; volverá, pues, y se entenderá con los que abandonen el santo pacto.

    31 Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora.

    32 Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.

    33 Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo.

    34 Y en su caída serán ayudados de pequeño socorro; y muchos se juntarán a ellos con lisonjas.

    35 También algunos de los sabios caerán para ser depurados y limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; porque aun para esto hay plazo.

    36 Y el rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios; y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará, hasta que sea consumada la ira; porque lo determinado se cumplirá.

    37 Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres; ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá.

    38 Mas honrará en su lugar al dios de las fortalezas, dios que sus padres no conocieron; lo honrará con oro y plata, con piedras preciosas y con cosas de gran precio.

    39 Con un dios ajeno se hará de las fortalezas más inexpugnables, y colmará de honores a los que le reconozcan, y por precio repartirá la tierra.

    40 Pero al cabo del tiempo el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará.

    41 Entrará a la tierra gloriosa, y muchas provincias caerán; mas éstas escaparán de su mano: Edom y Moab, y la mayoría de los hijos de Amón.

    42 Extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto.

    43 Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto; y los de Libia y de Etiopía le seguirán.

    44 Pero noticias del oriente y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos.

    45 Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo; mas llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude.

    En 30 a.C., Octavio César entró en Egipto, y vino a ser una provincia romana. En el año 639 d.C., los sarracenos arrebataron Egipto al imperio bizantino, y los turcos dominaron Egipto hasta finales del siglo XVIII. 

    A principios del siglo XIX, Egipto fue escenario de las luchas entre franceses, ingleses, turcos, viniendo a ser colonia británica en 1882, hasta 1922, en que el mariscal Allenby otorgó una declaración de independencia. En 1936 el ejército británico abandonó Egipto, excepto la franja del Canal de Suez, que no fue abandonado hasta 1954. 

    Desde entonces, Egipto ha mantenido una postura continua de hostilidad contra el Estado judío de Israel, renacido políticamente el año 1948. Esta enemistad se ha visto paliada en años recientes, desde la visita de Anwar al-Sadat a Jerusalén, y la firma de acuerdos de paz con Israel en 1978. 

    Hemos visto que Egipto fue en el pasado histórico capaz de llevar un millón de soldados a Palestina; también de hacer frente a Asiria. También registra la historia su influencia sobre Fenicia y sus encarnizadas guerras contra los hititas, con los que al final hizo un tratado, que se da entero en los monumentos. 

    Algunas de las profecías dadas, aunque se aplican a eventos ya sucedidos hace tiempo, pueden tener todavía una aplicación futura. Por ejemplo: «Y Jehová será conocido de Egipto, y los de Egipto conocerán a Jehová en aquel día, y harán sacrificio y oblación... 

    En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra; porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad» (Is. 19:21-25; cp. Sof. 3:9, 10). 

    Isaías 19:21-25 

    21 Y Jehová será conocido de Egipto, y los de Egipto conocerán a Jehová en aquel día, y harán sacrificio y oblación; y harán votos a Jehová, y los cumplirán.

    22 Y herirá Jehová a Egipto; herirá y sanará, y se convertirán a Jehová, y les será clemente y los sanará.

    23 En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto a Asiria, y asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria; y los egipcios servirán con los asirios a Jehová.

    24 En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra;

    25 porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad.

    Sofonías 3:9, 10

    9 En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento.

    10 De la región más allá de los ríos de Etiopía me suplicarán; la hija de mis esparcidos traerá mi ofrenda.

    Ciertamente, estas afirmaciones se aplican a una época en que Dios dará bendición a Egipto. Esto es una cosa que pudiera chocar, siendo que Egipto es un tipo del mundo, el lugar en el que la naturaleza satisface sus concupiscencias, fuera de lo cual es llamado el cristiano; pero en el milenio la tierra recibirá bendición, y entonces ninguna nación recibirá bendición en tanto que no reconozca a Jehová y su Rey, que reinará, así, sobre toda la tierra. 

    Entonces, «vendrán príncipes de Egipto; Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios» (Sal. 68:31). 

    Salmos 68:31

    31 Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios.

    Se debe recordar también que Egipto fue el lugar donde moró el pueblo de Dios, Israel. Fue un rey de Egipto quien ordenó la traducción del Antiguo Testamento al griego, la LXX, citada por el mismo Señor aquí en la tierra; y fue a Egipto que huyó José con el niño Jesús y su madre frente a la amenaza de Herodes. 

    Egipto fue una caña quebrada en la que se apoyaron los israelitas; les oprimió e incluso atacó o saqueó Jerusalén. Pero ha recibido castigo y permanece postrado hasta el día de hoy; como reino del sur todavía jugará un papel en la historia futura (cp. Dn. 11:42 43). 

    Daniel 11:42, 43

    42 Extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto.

    43 Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto; y los de Libia y de Etiopía le seguirán.

    Después Dios lo sanará y le dará bendición; en gracia dirá: «Bendito el pueblo mío Egipto». 

    II - La tierra La conformación de Egipto es peculiar. El Nilo forma, en su desembocadura en el Mediterráneo, un delta; este había llegado a tener siete brazos (Is. 11:15), pero ahora tiene sólo dos ramas. 

    Isaías 11:15

    15 Y secará Jehová la lengua del mar de Egipto; y levantará su mano con el poder de su espíritu sobre el río, y lo herirá en sus siete brazos, y hará que pasen por él con sandalias.

    Es el río más largo del mundo con 6.671 Km de longitud. A cada lado del valle por el que corre el río se halla una cadena de montes, a partir de los cuales reina el desierto. 

    El valle del Nilo tiene una anchura pocas veces superior a los veinte Km. El delta y el valle son muy fértiles, aunque han surgido problemas desde la construcción de la presa de Asuán, que retiene gran parte de los sedimentos que el Nilo arrastra en sus crecidas anuales. 

    En efecto, históricamente, las inmediaciones del Nilo quedaban inundadas anualmente, quedando depositados en las márgenes del río grandes cantidades de sedimentos muy ricos para la agricultura. 

    Hay un sistema de canales de irrigación que llevan el agua por todo el valle. El delta, y hasta Noph (Menfis, 29° 51’ N), constituyen el Bajo Egipto; desde Noph hasta la primera catarata (24° N) es el Alto Egipto, aunque el límite político del Egipto actual se extienda más hacia el sur. 

    Las coronas emblemáticas que representaban a ambos distritos no eran iguales, pero las dos quedaron unidas en una sola cuando un rey reinó sobre todo Egipto. En los múltiples cambios en las diferentes dinastías hubo también cambios en los límites. 

    Cus o Etiopía, se extendía mucho más al sur, pero en las Escrituras se menciona frecuentemente junto con Egipto (Sal. 68:31; Is. 11:11; 20:4; 43:3; 44:14; Nah. 3:9). 

    Salmos 68:31 

    31 Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios.

    Isaías 11:11 

    11 Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.

    Isaías 20:4 

    4 así llevará el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y los deportados de Etiopía, a jóvenes y a ancianos, desnudos y descalzos, y descubiertas las nalgas para vergüenza de Egipto.

    Isaías 43:3 

    3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.

    Isaías 44:14 

    14 Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia.

    Nahum 3:9

    9 Etiopía era su fortaleza, también Egipto, y eso sin límite; Fut y Libia fueron sus ayudadores.

    Reyes etíopes reinaron sobre Egipto, y se hallan incluidos en sus listas de reyes. 

    III - Población Los antiguos egipcios eran descendientes de Cam, pero sus descendientes eran numerosos y diversos. 

    Por lo que su nombre implica, Egipto se asocia naturalmente con Mizraim; pero se cree que los egipcios de la época de los monumentos más antiguos eran del tipo circasiano, y que aparentemente descendían de Cus y no de Mizraim. 

    El examen de las momias del Imperio Antiguo muestra que su estructura no concuerda con la raza negra, descendiente también de Cam. Los antiguos egipcios están clasificados entre las razas blancas; los etíopes eran más oscuros, y los que se hallaban más al sur eran considerablemente más oscuros. 

    Los coptos del moderno Egipto son considerados los descendientes de la raza antigua. Los monumentos muestran que los antiguos egipcios eran un pueblo sumamente civilizado y educado desde sus mismos orígenes; no hay indicio alguno de ningún origen procedente de la barbarie; sus primeras magnas obras están entre las mejores. 

    Si el hombre ha sido hallado en condiciones de brutalidad y de degradación es porque ha «caído» en su condición original en la que fueron creados Adán y Eva. En la Biblia leemos que ya antes del Diluvio se había descubierto el uso del bronce, el cobre y del hierro, y éstas y otras artes se hallan en el país de Egipto, fundado poco después del Diluvio. 

    También se cultivaron en Egipto las ciencias, incluyendo la Astronomía. El templo de Karnak es un ejemplo del tamaño de sus edificaciones. 

    IV - Religión Los egipcios eran un pueblo sumamente religioso, y aunque su religión era idolatría, era sin embargo una idolatría mucho más moderada y moral que la practicada por los cultivados griegos y romanos. 

    Era una religión más antigua que la de estos últimos, y por ello estaba más cerca de la primordial revelación de Dios (Ro. 1:21). 

    Romanos 1:21

    21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.

    En teoría hablaban de un solo dios: «el único viviente en sustancia», y «la única sustancia eterna», y aunque hablan de dos, «padre e hijo», como algunos interpretan, con todo ello no destruían la unidad de su dios, «el uno en uno». 

    A partir de ello trataban sus atributos como dioses separados; también tenían otros dioses adicionales, desde el gato al cocodrilo, que eran considerados como símbolos de sus dioses. El toro Apis representaba al dios Osiris; el toro era seleccionado con gran cuidado, y era guardado rigurosamente. 

    Se supone que fue el recuerdo de este Apis lo que hizo que los israelitas eligieran la forma de un becerro para su ídolo de oro; en Ez. 20:6-8 vemos que Israel había caído en la idolatría en Egipto. Los egipcios creían en un estado futuro. 

    Ezequiel 20:6-8

    6 aquel día que les alcé mi mano, jurando así que los sacaría de la tierra de Egipto a la tierra que les había provisto, que fluye leche y miel, la cual es la más hermosa de todas las tierras;

    7 entonces les dije: Cada uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy Jehová vuestro Dios.

    En una ilustración vemos como el corazón de un difunto está siendo pesado frente a una figura de la diosa de la verdad. Dos dioses estaban a cargo de la operación de pesado. 

    A la derecha tenemos al difunto con las manos levantadas, introducido por dos diosas. El dios con cabeza de ibis tiene una tableta en la mano, y está registrando el resultado. A su lado está el dios Tifon, como acusador, exigiendo el castigo del muerto. 

    Osiris es el juez presidente, con el cayado y el látigo. Si el juicio era favorable el alma pasaba a otras escenas; si no, pasaba a algún animal inferior. La concepción que tenían del más allá estaba muy desarrollada, y hacían grandes esfuerzos para asegurar a los difuntos las ventajas de la vida futura. 

    Osiris, dios del Nilo, era considerado como el dios de la fecundidad; era también el dios de las profundidades infernales, en virtud de lo cual era el juez de las almas. 

    Ra, el dios solar, era adorado en Heliópolis (On). Amón, dios de Tebas, participó en la exaltación de esta ciudad, de la que vino a ser su divinidad principal; finalmente quedó identificado con Ra, viniendo a ser Amón-Ra. 

    En Hermópolis era adorada la luna, la divinidad medidora del tiempo, protectora de los matemáticos, de los escribas, de los sabios. Ptah, dios de Memfis, era el «gran patrón de los artesanos». Había dioses con cuerpos humanos y cabezas de animales, como los que vemos en la ilustración. 

    Anubis, el guía de los muertos, tenía una cabeza de chacal; Tot, el dios escriba, una cabeza de ibis. El desarrollo del imperio suscitó a la larga la idea de un dios nacional, que halló su expresión bajo Akenatón. 

    Durante un breve período, se trató de mantener la diferencia entre Atón y el disco solar y a imponer una especie de monoteísmo solar, pero esta moda fue de corta duración. A pesar de todas las deformaciones animistas, junto a su culto a las fuerzas de la naturaleza, tenían ideas muy limpias acerca de la conducta de la vida, el pecado, la justificación, la inmortalidad, e incluso, como ya se ha indicado, un cierto conocimiento de Dios. 

    V - Lenguaje El lenguaje egipcio tiene una historia filológica extraordinariamente prolongada. 

    Los documentos más antiguos proceden de la primera dinastía. Esta lengua se perpetuó sin interrupciones, bajo diferentes formas escritas, hasta el copto, que proviene directamente del egipcio antiguo, y que dejó de ser una lengua viva en el siglo XVI d.C. 

    El egipcio se clasifica dentro del grupo de las lenguas camitas pero, al estar próximo a las lenguas semitas (más que el cusita o etiópico), se le puede denominar semitocamita. 

    En efecto, en la actualidad se admite generalmente que las lenguas camitas y semíticas son de un mismo origen. Aquí se puede distinguir esquemáticamente entre las siguientes etapas lingüísticas: 

    (A) De la primera dinastía a la octava, el egipcio antiguo, que comprende la lengua de los textos descubiertos en las pirámides.

     (B) El egipcio medio, lengua literaria de las dinastías novena a decimoctava, y que vino a ser el egipcio clásico. 

    (C) El egipcio tardío de las dinastías decimoctava a vigesimocuarta; se halla sobre todo en los documentos comerciales y en cartas privadas, así como también en algunas obras literarias. 

    (D) El demótico, escrito en caracteres populares de la dinastía vigesimoquinta hasta la época romana posterior (del 700 a.C. al 470 d.C.). 

    (E) El copto, hablado desde el siglo III de nuestra era por los descendientes cristianos de los antiguos egipcios. 

    La Biblia ha sido traducida a diversos dialectos coptos; uno de ellos, el bohairico, sigue siendo empleado en la liturgia. Al principio, los egipcios se servían de jeroglíficos: Estos eran principalmente representaciones de objetos, de aves, animales, plantas, útiles y diversos símbolos con formas geométricas. Se distinguen dos tipos de jeroglíficos: 

    (A) Los ideogramas, signos que representan los objetos o que expresan ideas que van estrechamente relacionadas con ellos. 

    (B) Símbolos fonéticos; originalmente se trataba asimismo de ideogramas, y siguieron siendo usados como tales, incluso después que vinieron a ser utilizados como símbolos de sonidos. La combinación de estos signos da un nuevo término, susceptible de carecer de relación alguna con el sentido de los jeroglíficos originales. 

    Ya alrededor del año 2.000 a.C. los egipcios habían elaborado 24 letras que se correspondían con las consonantes y que formaban la base de un alfabeto que solamente se empleaba como complemento de los jeroglíficos; no se usaban vocales. 

    Sin embargo, los jeroglíficos fueron conservados como base de la escritura; se les sigue hallando incluso en el inicio de la era cristiana. Los escribas habían comenzado ya, bajo el Imperio Antiguo, a simplificar los dibujos a fin de poder escribir con mayor rapidez: así es como nació la escritura hierática, empleada siempre que no era necesaria la ornamentación. 

    Desde alrededor del siglo VIII a.C. se usó la escritura popular o demótico, que facilitaba las relaciones sociales y comerciales; era una forma cursiva de la escritura hierática. 

    Después de la expansión del cristianismo se perdió la capacidad de leer los antiguos caracteres egipcios, que permanecieron largo tiempo como enigmas. 

    En 1799, los soldados de Napoleón hallaron en Rosetta una piedra de basalto negro escrita con caracteres jeroglíficos, demóticos, y griegos. Se trataba de un edicto del año 196 a.C. en honor a Ptolomeo Epifanio. 

    Esta piedra de Rosetta, que se ha hecho célebre como clave que permitió descifrar los escritos egipcios, se halla en el Museo Británico. Otra inscripción en caracteres jeroglíficos, relativa a Ptolomeo Fisicon y a dos Cleopatras, fue descubierta en 1815 en Filae. 

    Su minucioso estudio hizo avanzar el desciframiento de los jeroglíficos, y el francés M. Champollion lo consiguió totalmente en 1822. VI- La estancia de los israelitas en Egipto. 

    1. La ida a Egipto se puede fechar indistintamente, en base a la cronología, según se tome un tiempo de estancia de 215 años en Egipto, o de 430 años (ver a continuación, en el apartado 

    (c), Duración de la estancia). Así, podría tomarse la fecha como alrededor del año 1.875 a.C., por una parte, o de 1.660 a.C. 

    Ya Abraham, en una época de hambre, había buscado refugio en este país (Gn. 12:10-20). 

    Génesis 12:10-20

    Abram en Egipto

    10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.

    11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;

    12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.

    13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.

    14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.

    15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.

    16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.

    17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.

    18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?

    19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.

    20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

    Jacob y sus hijos hicieron lo mismo en circunstancias análogas. El total de personas que fueron a Egipto fue de 70 (Gn. 46:27; Éx. 1:5; Dt. 10:22) o 75 según la versión griega (LXX). 

    Génesis 46:27 

    27 Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las personas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta.

    Éxodo 1:5 

    5 Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta. Y José estaba en Egipto.

    Deuteronomio 10:22

    22 Con setenta personas descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehová te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud.

    Esta cantidad se obtiene al añadir a la cifra de Gn. 46:27 los 3 nietos y 2 biznietos de José nombrados en Nm. 26:29, 35 ss. 

    Génesis 46:27

    27 Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las personas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta.

    Números 26:29, 35

    29 Los hijos de Manasés: de Maquir, la familia de los maquiritas; y Maquir engendró a Galaad; de Galaad, la familia de los galaaditas.

    35 Estos son los hijos de Efraín por sus familias: de Sutela, la familia de los sutelaítas; de Bequer, la familia de los bequeritas; de Tahán, la familia de los tahanitas.

    José, elevado por Faraón al segundo lugar del reino, apremió a su padre y familia a que fueran a instalarse provisionalmente con él (Gn. 45:9-11; 47:4, 29, 30: 48:21; 50:24). 

    Génesis 45:9-11 

    9 Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas.

    10 Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.

    11 Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes.

    Génesis 47:4, 29, 30 

    4 Dijeron además a Faraón: Para morar en esta tierra hemos venido; porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre es grave en la tierra de Canaán; por tanto, te rogamos ahora que permitas que habiten tus siervos en la tierra de Gosén.

    29 Y llegaron los días de Israel para morir, y llamó a José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad. Te ruego que no me entierres en Egipto.

    30 Mas cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y José respondió: Haré como tú dices.

    Génesis 48:21 

    21 Y dijo Israel a José: He aquí yo muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres.

    Génesis 50:24

    24 Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob.

    Israel y su clan se establecieron con sus rebaños y manadas en la fértil región de Gosén, y allí permanecieron hasta el éxodo (Gn. 47:6, 11; Éx. 8:22; 9:26; 12:37). 

    Génesis 47:6, 11 

    6 La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres capaces, ponlos por mayorales del ganado mío.

    11 Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como mandó Faraón.

    Éxodo 8:22 

    22 Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra.

    Éxodo 9:26 

    26 Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo.

    Éxodo 12:37

    Los israelitas salen de Egipto

    37 Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.

    2. La estancia en Egipto: impronta en la conciencia nacional. La ida de Jacob y de su familia a Egipto, su multiplicación allí, su esclavización, sus sufrimientos y su éxodo colectivo han quedado consignados en sus documentos históricos (Gn. 46:4, 28-34; 47:27; Éx. 1:9, 11, 15-22; 2:11; 12:31-37; 13:21). 

    Génesis 46:4, 28-34 

    4 Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos.

    28 Y envió Jacob a Judá delante de sí a José, para que le viniese a ver en Gosén; y llegaron a la tierra de Gosén.

    29 Y José unció su carro y vino a recibir a Israel su padre en Gosén; y se manifestó a él, y se echó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello largamente.

    30 Entonces Israel dijo a José: Muera yo ahora, ya que he visto tu rostro, y sé que aún vives.

    31 Y José dijo a sus hermanos, y a la casa de su padre: Subiré y lo haré saber a Faraón, y le diré: Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido a mí.

    32 Y los hombres son pastores de ovejas, porque son hombres ganaderos; y han traído sus ovejas y sus vacas, y todo lo que tenían.

    33 Y cuando Faraón os llamare y dijere: ¿Cuál es vuestro oficio?

    34 entonces diréis: Hombres de ganadería han sido tus siervos desde nuestra juventud hasta ahora, nosotros y nuestros padres; a fin de que moréis en la tierra de Gosén, porque para los egipcios es abominación todo pastor de ovejas.

    Génesis 47:27 

    27 Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera.

    Éxodo 1:9, 11, 15-22 

    9 He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros.

    11 Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés.

    15 Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra Fúa, y les dijo:

    16 Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva.

    17 Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños.

    18 Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis preservado la vida a los niños?

    19 Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias; pues son robustas, y dan a luz antes que la partera venga a ellas.

    20 Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera.

    21 Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias.

    22 Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida.

    Éxodo 2:11 

    Moisés huye de Egipto

    11 En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos.

    Éxodo 12:31-37 

    31 E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho.

    32 Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí.

    33 Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos.

    34 Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre sus hombros.

    35 E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, pidiendo de los egipcios alhajas de plata, y de oro, y vestidos.

    36 Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y les dieron cuanto pedían; así despojaron a los egipcios.

    Los israelitas salen de Egipto

    37 Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.

    Éxodo 13:21

    21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.

    La fiesta de la Pascua y, en menor grado, la de los tabernáculos, dan testimonio de estos sucesos, y mantienen vivo su recuerdo en el seno del pueblo. Los salmistas y los profetas consideraron como hechos históricos experimentados por la nación tanto su estancia en Egipto como el éxodo. 

    En cuanto a nosotros, la esclavitud de Israel en Egipto y su liberación de aquel horno de aflicción son una permanente ilustración de la opresión de la Iglesia en el mundo así como el poder redentor del amor de Dios. Esta tradición no concierne solamente a una sola tribu de entre los hebreos que, a solas, hubiera sufrido esta esclavitud en Egipto. 

    La aflicción de la esclavitud no tocó solamente a Judá, sino también a Efraín. Los profetas de los dos reinos dan testimonio de ello: en Judá, Isaías, Miqueas y Jeremías (Is. 11:16; Mi. 6:4; 7:15; Jer. 2:6; 7:22); en el reino de Samaria, Oseas y Amós (Os. 2:16; 8:13; 9:3; 11:1; 12:10, 14; Am. 2:10; 3:1; 9:7). 

    Isaías 11:16 

    16 Y habrá camino para el remanente de su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto.

    Miqueas 6:4 

    4 Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de servidumbre te redimí; y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María.

    Miqueas 7:15 

    15 Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto.

    Jeremías 2:6 

    6 Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre?

    Jeremías 7:22

    22 Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.

    Oseas 2:16 

    16 En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali.

    Oseas 8:13 

    13 En los sacrificios de mis ofrendas sacrificaron carne, y comieron; no los quiso Jehová; ahora se acordará de su iniquidad, y castigará su pecado; ellos volverán a Egipto.

    Oseas 9:3 

    3 No quedarán en la tierra de Jehová, sino que volverá Efraín a Egipto y a Asiria, donde comerán vianda inmunda.

    Oseas 11:1 

    Dios se compadece de su pueblo obstinado

    1 Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.

    Oseas 12:10, 14 

    10 Y he hablado a los profetas, y aumenté la profecía, y por medio de los profetas usé parábolas.

    14 Efraín ha provocado a Dios con amarguras; por tanto, hará recaer sobre él la sangre que ha derramado, y su Señor le pagará su oprobio.

    Amós 2:10 

    10 Y a vosotros os hice subir de la tierra de Egipto, y os conduje por el desierto cuarenta años, para que entraseis en posesión de la tierra del amorreo.

    Amós 3:1 

    El rugido del león

    1 Oíd esta palabra que ha hablado Jehová contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto. Dice así:

    Amós 9:7

    7 Hijos de Israel, ¿no me sois vosotros como hijos de etíopes, dice Jehová? ¿No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a los filisteos de Caftor, y de Kir a los arameos?

    Todo Israel poseía un origen y una tradición común: todo el pueblo había sufrido la opresión en la tierra de Egipto. 

    3. Duración de la estancia en Egipto. Dios había anunciado a Abraham: «Tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años... y en la cuarta generación volverán acá» (Gn. 15:13-16). 

    Génesis 15:13-16

    13 Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

    14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

    15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

    16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.

    Esta profecía es citada por Esteban en Hch. 7:6

    Hechos 7:6

    6 Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años.

    Por su parte, Moisés afirma que «el tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años» (Éx. 12:40). 

    Éxodo 12:40

    40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años.

    En cambio Pablo escribe a los gálatas que la ley fue dada a Israel 430 años después de la promesa dada a Abraham (Gá. 3:16, 17) ¿Cómo se pueden comprender estas declaraciones? 

    Gálatas 3:16, 17

    16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.

    17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.

    En primer lugar, es evidente que la profecía de Génesis usa números redondos cuando habla de cuatro siglos. Es evidente que se refiere a los 430 años. 

    Por otra parte, las cuatro generaciones se refieren a la época de servidumbre en Egipto. 

    La evidencia dada por Pablo (Gá. 3:16-17) llevaría a la conclusión de que Josefo está en lo cierto cuando dice (Ant. 2:9, 1) que el tiempo que estuvieron los hijos de Israel en Egipto fue de 215 años, correspondiendo los otros 215 años a la estancia en el país de Canaán. 

    Gálatas 3:16-17

    16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.

    17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.

    La LXX, en su versión de Éx. 12:40, traduce: «el tiempo de peregrinación de los hijos y sus padres, que peregrinaron en la tierra de Canaán y en la tierra de Egipto, fue cuatrocientos treinta años». 

    Éxodo 12:40

    40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años.

    Pudiera ser aquí que el texto masorético dé una lectura mal transmitida, y la LXX la genuina. El testimonio de Josefo, así como el gran peso de la afirmación de Pablo, hacen llegar a la conclusión de que ésta es la única posible interpretación de los cuatrocientos años. De la aflicción en Egipto, los descendientes iban a ser rescatados en la cuarta generación. 

    Esta liberación en la cuarta generación no sería coherente con 430 años, pero sí con 215. 

    La promesa es también coherente con que la liberación implicara la presencia de una buena representación de esta cuarta generación, con la quinta ya bien representada. También la tradición rabínica mantenía esta postura acerca de la duración de la estancia de los hijos de Israel en Egipto. 

    4. La multiplicación de los israelitas durante su estancia en Egipto. Según Éxodo, 70 personas llegaron a Egipto, y unos 215 años más tarde el pueblo contaba con 603.550 hombres en edad de llevar armas (Nm. 1:1-2, 46). 

    Números 1:1-2, 46

    Censo de Israel en Sinaí

    1 Habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo de reunión, en el día primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo:

    2 Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas.

    46 fueron todos los contados seiscientos tres mil quinientos cincuenta.

    Hay quien ha puesto en tela de juicio una multiplicación tan rápida. ¿Qué podemos decir a esto? Al contar estrictamente entre las 70 personas las de los nietos de Jacob que fundaron familias (además de los levitas), se llega a una cifra de 41. 

    Si se admiten seis generaciones durante 215 años (la primera, las cuatro generaciones oprimidas, y la quinta, salida de Egipto junto con la cuarta), de los 41 cabezas de familia tendríamos una descendencia de 640.625 varones en la sexta generación (quinta de la opresión), aparte de todos los supervivientes de la quinta generación (cuarta de la opresión), contando que hubiera habido una descendencia de cinco hijos varones por cada familia y generación. 

    No debemos juzgar esto con anteojos occidentales, sino observarlo a la luz de las costumbres orientales. 

    Ésta es una cifra totalmente factible, e incluso superable. Con todo esto, además, no se cuenta el hecho de los numerosos servidores del patriarca y de su familia (Gn. 30:43; 32:5; 45:10); estando todos ellos circuncidados, gozarían de todos los privilegios religiosos (Éx. 12:44, 48-49, etc.). 

    Génesis 30:43 

    43 Y se enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos.

    Génesis 32:5 

    5 y tengo vacas, asnos, ovejas, y siervos y siervas; y envío a decirlo a mi señor, para hallar gracia en tus ojos.

    Génesis 45:10

    10 Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.

    Éxodo 12:44, 48-49

    44 Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella, después que lo hubieres circuncidado.

    48 Mas si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la pascua para Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún incircunciso comerá de ella.

    49 La misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros.

    Además, el casamiento con servidores no era considerado como algo que rebajara a nadie (Gn. 16:1-2; 30:4-9; Nm. 12:1; 1 Cr. 2:34-35). 

    Génesis 16:1-2 

    Agar e Ismael

    1 Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.

    2 Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai.

    Génesis 30:4-9 

    4 Así le dio a Bilha su sierva por mujer; y Jacob se llegó a ella.

    5 Y concibió Bilha, y dio a luz un hijo a Jacob.

    6 Dijo entonces Raquel: Me juzgó Dios, y también oyó mi voz, y me dio un hijo. Por tanto llamó su nombre Dan.

    7 Concibió otra vez Bilha la sierva de Raquel, y dio a luz un segundo hijo a Jacob.

    8 Y dijo Raquel: Con luchas de Dios he contendido con mi hermana, y he vencido. Y llamó su nombre Neftalí.

    9 Viendo, pues, Lea, que había dejado de dar a luz, tomó a Zilpa su sierva, y la dio a Jacob por mujer.

    Números 12:1 

    María y Aarón murmuran contra Moisés

    1 María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita.

    1 Crónicas 2:34-35

    34 Y Sesán no tuvo hijos, sino hijas; pero tenía Sesán un siervo egipcio llamado Jarha.

    35 A éste Sesán dio su hija por mujer, y ella dio a luz a Atai.

    5. Cambio de actividad durante la estancia en Egipto. Cuando los israelitas se establecieron en el país de Gosén, formaron una pequeña tribu de hombres libres, dedicados al pastoreo. Después de la muerte de José y de los de su generación, transcurrió un tiempo en que los hijos de Israel se multiplicaron, «se llenó de ellos la tierra» (Éx. 1:7). 

    Éxodo 1:7

    7 Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra.

    Entonces se levantó un faraón «que no conocía a José» (Éx. 1:6-8). 

    Éxodo 1:6-8

    6 Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.

    7 Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra.

    8 Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo:

    Dándose cuenta de que la cantidad de los israelitas aumentaba incesantemente, vino a temer que se aliaran con los enemigos de los egipcios, tomando por ello medidas destinadas a someterlos y a impedir su multiplicación. Puso sobre ellos a capataces que les impusieron duros trabajos: labores agrícolas, fabricación de ladrillos, construcción (Éx. 1:11, 14; 5:6-8). 

    Éxodo 1:11, 14 

    11 Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés.

    12 Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel.

    13 Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza,

    14 y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor.

    Éxodo 5:6-8

    6 Y mandó Faraón aquel mismo día a los cuadrilleros del pueblo que lo tenían a su cargo, y a sus capataces, diciendo:

    7 De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja.

    8 Y les impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, por eso levantan la voz diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios.

    Los israelitas debían además conseguir su propio sustento, al menos en cierta medida, con la cría de ganado (Éx. 9:4, 6; 10:9, 24:12:38). 

    Éxodo 9:4, 6 

    4 Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel.

    6 Al día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto; mas del ganado de los hijos de Israel no murió uno.

    Éxodo 10:9

    9 Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para Jehová.

    6. Los milagros de Moisés al final de la estancia en Egipto. La opresión duró mucho tiempo, y los últimos 80 años, como mínimo, de esta opresión, incluyeron la orden de la eliminación de los hijos varones recién nacidos (Éx. 7:7; cp. Éx. 2:2). 

    Éxodo 7:7 

    7 Era Moisés de edad de ochenta años, y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron a Faraón.

    Éxodo 2:2

    2 la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.

    El clamor de ellos llegó a Dios, que les envió a Moisés con la misión de liberarles (Éx. 2:23). 

    Éxodo 2:23

    23 Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre.

    Le encomendó la misión de llevar a cabo unos milagros de un poder hasta entonces no oído (Sal. 78:12, 43). 

    Salmos 78:12, 43

    12 Delante de sus padres hizo maravillas En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.

    43 Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán;

    Señales destinadas a atraer la atención. Estas señales acreditaban a Moisés como embajador de Dios ante los israelitas (Éx. 4:8, 9, 30, 31; 6:7) y ante Faraón (Éx. 3:20; 4:21; 7:3-5; 8:22, 23). 

    Éxodo 4:8, 9, 30, 31 

    8 Si aconteciere que no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera.

    9 Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra.

    30 Y habló Aarón acerca de todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del pueblo.

    31 Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

    Éxodo 6:7

    7 y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto.

    Éxodo 3:20 

    20 Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir.

    Éxodo 4:21 

    21 Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo.

    Éxodo 7:3-5 

    3 Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas.

    4 Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios.

    5 Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto, y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.

    Éxodo 8:22, 23

    22 Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra.

    23 Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal.

    Se trató de manifestaciones de autoridad, no de meros fenómenos naturales. Cada uno de estos milagros tenía un fin preciso, demostrando que no se trataba de fuerzas desencadenadas de la naturaleza. 

    Por mucho que las 9 primeras plagas pudieran asimilarse a fenómenos naturales, Dios las controló y las usó para sus designios. Las plagas aparecieron en un cortejo consecutivo; existe una relación lógica, pero no de causa y efecto, entre cada plaga y la siguiente. 

    Son graduales y demuestran a Faraón, desde el comienzo, que la autoridad de Moisés es de origen divino. Por otra parte, no infligen a los egipcios sufrimientos inútiles. 

    Después que Faraón rehúsa dejar salir a los hebreos, las plagas se hacen más y más gravosas, obligándole al fin a capitular a pesar de su corazón endurecido. 

    (a) Además, una diferencia sobrenatural quedó marcada entre el pueblo de Dios y los egipcios (Éx. 8:22, 23; 9:4, 25, 26; 10:22, 23; 11:5-7; y cp. Éx. 9:11; 10:6). 

    Éxodo 8:22, 23 

    22 Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra.

    23 Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal.

    Éxodo 9:4, 25, 26 

    4 Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel.

    25 Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país.

    26 Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo.

    Éxodo 10:22, 23 

    22 Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días.

    23 Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.

    Éxodo 11:5-7 

    5 y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias.

    6 Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá.

    7 Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas.

    Éxodo 9:11 

    11 Y los hechiceros no podían estar delante de Moisés a causa del sarpullido, porque hubo sarpullido en los hechiceros y en todos los egipcios.

    Éxodo 10:6

    6 Y llenará tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los egipcios, cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y se volvió y salió de delante de Faraón.

    (b) Una epidemia hubiera podido dejar sin vida, en una sola noche, a una gran cantidad de egipcios, pero la décima plaga actuó metódicamente y no puede en manera alguna explicarse como un mero fenómeno natural. 

    Se trató de una acción directa de Dios, no de muertes fortuitas, ya que sólo murió el primogénito de cada familia egipcia. Estas señales prodigiosas constituyen el primer grupo de milagros registrados en las Escrituras. (Véanse ÉXODO, PLAGAS DE EGIPTO). 

    7. Relaciones entre Israel y Egipto después del éxodo. Después de un período de silencio, en el que Egipto no aparece en las páginas de las Escrituras (véase HICSOS), Salomón se casa con una princesa egipcia (1 R. 3:1). 

    1 Reyes 3:1

    Salomón se casa con la hija de Faraón

    1 Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor.

    Durante el reinado de Roboam, el reino de Judá y el de Israel fueron vencidos y despojados por Sisac (1 R. 14:24-26), hecho confirmado por la arqueología. 

    1 Reyes 14:24-26

    24 Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.

    25 Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén,

    26 y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos los escudos de oro que Salomón había hecho.

    Las cartas de Tell el-Amarna, aunque generalmente han sido situadas en una época muy temprana, parecen pertenecer, en base a estudios rigurosos, dentro de la época de Josafat y reyes posteriores (ver AMARNA). 

    En estas cartas se solicita el apoyo de Faraón contra las bandas de Siria y otras naciones, que devastaban el país. Al ceñirse sobre Judá el peligro de las invasiones, los profetas exhortaron repetidamente a Israel que se abstuviera de alianzas con Egipto (Is. 30:1-3, 7; 31:1-3; Jer. 2:18; Ez. 17:17; 29:2-3, 6-7). 

    Isaías 30:1-3, 7 

    La futilidad de confiar en Egipto

    1 ¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado!

    2 Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto.

    3 Pero la fuerza de Faraón se os cambiará en vergüenza, y el amparo en la sombra de Egipto en confusión.

    7 Ciertamente Egipto en vano e inútilmente dará ayuda; por tanto yo le di voces, que su fortaleza sería estarse quietos.

    Isaías 31:1-3 

    Los egipcios son hombres y no dioses

    1 ¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová!

    2 Pero él también es sabio, y traerá el mal, y no retirará sus palabras. Se levantará, pues, contra la casa de los malignos, y contra el auxilio de los que hacen iniquidad.

    3 Y los egipcios hombres son, y no Dios; y sus caballos carne, y no espíritu; de manera que al extender Jehová su mano, caerá el ayudador y caerá el ayudado, y todos ellos desfallecerán a una.

    Jeremías 2:18 

    18 Ahora, pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿Y qué tienes tú en el camino de Asiria, para que bebas agua del Eufrates?

    Ezequiel 17:17 

    17 Y ni con gran ejército ni con mucha compañía hará Faraón nada por él en la batalla, cuando se levanten vallados y se edifiquen torres para cortar muchas vidas.

    Ezequiel 29:2-3, 6-7

    2 Hijo de hombre, pon tu rostro contra Faraón rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto.

    3 Habla, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, Faraón rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos, el cual dijo: Mío es el Nilo, pues yo lo hice.

    6 Y sabrán todos los moradores de Egipto que yo soy Jehová, por cuanto fueron báculo de caña a la casa de Israel.

    7 Cuando te tomaron con la mano, te quebraste, y les rompiste todo el hombro; y cuando se apoyaron en ti, te quebraste, y les rompiste sus lomos enteramente.

    Después de la caída de Jerusalén y el asesinato de Gedalías, Jeremías fue llevado muy a su pesar a Egipto por los que temían la cólera de Nabucodonosor (Jer. 42-43). 

    Jeremías 42

    Mensaje a Johanán

    1 Vinieron todos los oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor,

    2 y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos),

    3 para que Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer.

    4 Y el profeta Jeremías les dijo: He oído. He aquí que voy a orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré palabra.

    5 Y ellos dijeron a Jeremías: Jehová sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a nosotros.

    6 Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien.

    7 Aconteció que al cabo de diez días vino palabra de Jehová a Jeremías.

    8 Y llamó a Johanán hijo de Carea y a todos los oficiales de la gente de guerra que con él estaban, y a todo el pueblo desde el menor hasta el mayor;

    9 y les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me enviasteis para presentar vuestros ruegos en su presencia:

    10 Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho.

    11 No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano;

    12 y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra.

    13 Mas si dijereis: No moraremos en esta tierra, no obedeciendo así a la voz de Jehová vuestro Dios,

    14 diciendo: No, sino que entraremos en la tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos hambre, y allá moraremos;

    15 ahora por eso, oíd la palabra de Jehová, remanente de Judá: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis para morar allá,

    16 sucederá que la espada que teméis, os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto os perseguirá; y allí moriréis.

    17 Todos los hombres que volvieren sus rostros para entrar en Egipto para morar allí, morirán a espada, de hambre y de pestilencia; no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien escape delante del mal que traeré yo sobre ellos.

    18 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Como se derramó mi enojo y mi ira sobre los moradores de Jerusalén, así se derramará mi ira sobre vosotros cuando entrareis en Egipto; y seréis objeto de execración y de espanto, y de maldición y de afrenta; y no veréis más este lugar.

    19 Jehová habló sobre vosotros, oh remanente de Judá: No vayáis a Egipto; sabed ciertamente que os lo aviso hoy.

    20 ¿Por qué hicisteis errar vuestras almas? Pues vosotros me enviasteis a Jehová vuestro Dios, diciendo: Ora por nosotros a Jehová nuestro Dios, y haznos saber todas las cosas que Jehová nuestro Dios dijere, y lo haremos.

    21 Y os lo he declarado hoy, y no habéis obedecido a la voz de Jehová vuestro Dios, ni a todas las cosas por las cuales me envió a vosotros.

    22 Ahora, pues, sabed de cierto que a espada, de hambre y de pestilencia moriréis en el lugar donde deseasteis entrar para morar allí.

    Jeremías 43

    La emigración a Egipto

    1 Aconteció que cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las palabras de Jehová Dios de ellos, todas estas palabras por las cuales Jehová Dios de ellos le había enviado a ellos mismos,

    2 dijo Azarías hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto para morar allí,

    3 sino que Baruc hijo de Nerías te incita contra nosotros, para entregarnos en manos de los caldeos, para matarnos y hacernos transportar a Babilonia.

    4 No obedeció, pues, Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra y todo el pueblo, a la voz de Jehová para quedarse en tierra de Judá,

    5 sino que tomó Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra, a todo el remanente de Judá que se había vuelto de todas las naciones donde había sido echado, para morar en tierra de Judá;

    6 a hombres y mujeres y niños, y a las hijas del rey y a toda persona que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, y al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías,

    7 y entraron en tierra de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y llegaron hasta Tafnes.

    8 Y vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes, diciendo:

    9 Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en el enladrillado que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de los hombres de Judá;

    10 y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y extenderá su pabellón sobre ellas.

    11 Y vendrá y asolará la tierra de Egipto; los que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a espada.

    12 Y pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los quemará, y a ellos los llevará cautivos; y limpiará la tierra de Egipto, como el pastor limpia su capa, y saldrá de allá en paz.

    13 Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará a fuego.

    Más tarde, después de las conquistas y muerte de Alejandro Magno, numerosos judíos se establecieron en Egipto, siendo tratados favorablemente por los Ptolomeos. 

    Bibliografía: 

    Courville, D. A.: «The Exodus Problem and its Ramifications» (Challenge Books, Loma Linda, California, 1971); 

    Velikovsky, I.: «Ages in Chaos» (Doubleday, Garden City, New York, 1952).

    VÉASE: Hicsos , José , Plagas de Egipto (Las diez) , Antíoco
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  • Egipto

    vet, En hebreo «Mizraim» (realmente, «Mitsraim»), es una forma dual, que significa «los dos Matsors», en opinión de algunos, y que representan el Alto y el Bajo Egipto. 

    También recibe el nombre de «Tierra de Cam» en el Sal. 105:23, 27; y «Rahab», que significa «el soberbio», en el Sal. 87:4; 89:10; Is. 51:9

    Salmos 105:23, 27

    23 Después entró Israel en Egipto, Y Jacob moró en la tierra de Cam.

    27 Puso en ellos las palabras de sus señales, Y sus prodigios en la tierra de Cam.

    Salmos 87:4 

    4 Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen; He aquí Filistea y Tiro, con Etiopía; Este nació allá.

    Salmos 89:10 

    10 Tú quebrantaste a Rahab como a herido de muerte; Con tu brazo poderoso esparciste a tus enemigos.

    Isaías 51:9

    9 Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Jehová; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados. ¿No eres tú el que cortó a Rahab, y el que hirió al dragón?

    (Este nombre no es en hebreo el mismo que el de la ramera Rahab, que es exactamente Rachab.). El Alto Egipto recibe el nombre de «Patros», o «tierra del sur» (Is. 11:11). 

    Isaías 11:11

    11 Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.

    El Bajo Egipto es Matsor en Is. 19:6; 37:25, traducido en la RVR como «fosos» en el primer pasaje, y «Egipto» en el segundo. 

    Isaías 19:6

    6 Y se alejarán los ríos, se agotarán y secarán las corrientes de los fosos; la caña y el carrizo serán cortados.

    Isaías 37:25

    25 Yo cavé, y bebí las aguas, y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de Egipto.

    Egipto es uno de los más antiguos y renombrados países. La fecha de su fundación es objeto de muchas y diversas hipótesis, que han ido siendo revisadas con el paso del tiempo. I - Historia Por lo general, la historia del antiguo Egipto se divide en tres partes. 

    1. Imperio Antiguo, desde su comienzo a la invasión de Egipto por los hicsos o Reyes Pastores. Esto, en base al modelo comúnmente aceptado, abarcaría las once primeras dinastías. En algunas de estas dinastías los reyes residían en Menfis, y los de otras en Tebas. 

    Ello suscita la importante cuestión de si algunas de las dinastías fueron contemporáneas en su existencia. A las primeras cuatro dinastías les son atribuidas la construcción de la Gran Pirámide y las pirámides segunda y tercera, y también la construcción de la Esfinge de Gizeh. 

    2. El Imperio Medio empezó, en el modelo comúnmente aceptado, con la duodécima dinastía. Algunos hicsos se habían establecido en el Bajo Egipto ya bajo la sexta dinastía; extendieron su poder en la decimocuarta dinastía, y reinaron supremos durante la decimoquinta, decimosexta y decimoséptima dinastías. 

    Eran semitas de Asia. Se establecieron en el norte de Egipto en Zoam, o Tanis y Avaris, mientras que en el sur reinaban reyes egipcios. Se supone que mantuvieron el poder en el norte durante unos 500 años, pero otros creen que su dominio fue mucho más corto. (Véase HICSOS). 

    3. El Imperio Nuevo fue inaugurado por la expulsión de los hicsos en la decimoctava dinastía, cuando Egipto recuperó su anterior poder, tal como lo vemos por el AT. La primera mención de Egipto en las Escrituras es cuando Abraham fue a morar allí debido a un periodo de hambre. 

    Se dirigió al mundo en busca de ayuda, y ello condujo al patriarca a una conducta por la que fue reprendido por Faraón, el príncipe del mundo (Gn. 12:10-20). 

    Génesis 12:10-20

    Abram en Egipto

    10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.

    11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;

    12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.

    13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.

    14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.

    15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.

    16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.

    17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.

    18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?

    19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.

    20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

    Toda la temática cronológica de este período es muy debatida, entrando en juego distintas variables y diferentes métodos de cálculo. Se puede calcular, sin embargo, que alrededor del año 1700 a.C. José fue llevado a Egipto, y vendido a Potifar. 

    Siguió su exaltación, con motivo del sueño de Faraón con respecto al período de hambre que iba a venir sobre la tierra. Courville (ver Bibliografía) sitúa el inicio de los siete años de hambre alrededor del año 1665 a.C. Luego Jacob y toda su familia descendieron a Egipto. (Véase JOSÉ). 

    Al final se levantó un rey que no conocía a José, y los hijos de Israel quedaron reducidos a la esclavitud (véase PLAGAS DE EGIPTO). 

    A la muerte de los primogénitos de los egipcios, Israel abandonó Egipto (véase ÉXODO). De gran interés son las siguientes cuestiones: ¿Cuál de los reyes de Egipto fue el que exaltó a José? ¿Cuál fue el rey que no conoció a José? ¿Cuál fue el faraón reinante en la época de las plagas y del Éxodo? 

    Aquí hay opiniones encontradas, sugiriendo unos que el faraón que exaltó a José fue uno de los hicsos y que el faraón de la opresión fue Ramsés II; el faraón del Éxodo hubiera sido Menefta, hijo suyo. Este último tuvo un hijo, Seti II, que hubiera debido morir en la última plaga de Egipto, si su padre fue el faraón del Éxodo. 

    Los monumentos registran la muerte de su hijo, y no se ha hallado la momia del padre, pero sí hay inscripciones acerca de que siguió viviendo y reinando después de la muerte de su hijo. Esto no concuerda con el hecho de que el faraón del Éxodo murió en el mar Rojo (cp. Sal. 136:15; Éx. 9:15). 

    Salmos 136:15 

    15 Y arrojó a Faraón y a su ejército en el Mar Rojo, Porque para siempre es su misericordia.

    Éxodo 9:15

    15 Porque ahora yo extenderé mi mano para herirte a ti y a tu pueblo de plaga, y serás quitado de la tierra.

    Además, Menefta ha sido descrito como «débil, irresuelto, y carente de valor físico», y se cree que jamás se hubiera aventurado a lanzarse al mar Rojo. Al no darnos las Escrituras los nombres de los faraones en el Pentateuco, no hay realmente ningún enlace directo entre los allí mencionados y los reyes hallados en los monumentos. 

    Hay egiptólogos que consideran unos reyes más probables que los anteriores, situando el tiempo de José antes del período de los Hicsos, y otros que lo sitúan después de la salida de ellos. Sin embargo, el esquema más probable es el dado por Velikovsky y Courville. 

    Ambos autores documentan la identificación de los hicsos con los Amu y Amalecitas. Entonces, el establecimiento de los hicsos en Egipto coincide con la salida de los israelitas en el Éxodo. Las hordas amalecitas que se enfrentaron con los hebreos que salían de Egipto (cp. Éx. 17:8-16) pudieron penetrar después fácilmente en un Egipto devastado, saqueado, con el ejército sepultado en el mar Rojo, sin faraón reinante, y con el heredero asimismo muerto. 

    Éxodo 17:8-16

    Guerra con Amalec

    8 Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim.

    9 Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.

    10 E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado.

    11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.

    12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.

    13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

    14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.

    15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová- nisi;

    16 y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.

    Esto está apoyado por el papiro de Ipuwer, que documenta estos acontecimientos, y que está ampliamente tratado por los mencionados Velikovsky, Courville, y también por el Greenberg (véanse Bibliografía y el artículo ÉXODO). 

    La era de Saúl vio la derrota de los amalecitas. Las cuidadosas investigaciones de Velikovsky y Courville permiten establecer que esto marcó el final del imperio hicso (amalecita) en Egipto, y el inicio de la decimoctava dinastía. 

    De esta manera, tenemos a Ahmose, el fundador de esta dinastía, junto con Amenhotep I, como contemporáneos de Saúl y de David, y a Salomón como contemporáneo de Tutmose y de Hatsepsut. Son muchas y poderosas las evidencias que llevan a esta conclusión, examinadas detalladamente por los citados autores en su profunda revisión de los esquemas clásicos de la historia de Egipto, apoyados, por otra parte, en muy endebles bases. 

    El primer faraón que hallamos mencionado por su nombre en las Escrituras es Sisac (1 R. 11:40; 14:25, 26: 2 Cr. 12:2-9). 

    1 Reyes 11:40 

    40 Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.

    1 Reyes 14:25, 26 

    25 Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén,

    26 y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos los escudos de oro que Salomón había hecho.

    2 Crónicas 12:2-9

    2 Y por cuanto se habían rebelado contra Jehová, en el quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén,

    3 Con mil doscientos carros, y con sesenta mil hombres de a caballo: mas el pueblo que venía con él de Egipto, esto es, de libios, suquienos, y etíopes, no tenía número.

    4 Y tomó las ciudades fortificadas de Judá, y llegó hasta Jerusalén.

    5 Entonces vino el profeta Semaías a Roboam y a los príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalén por causa de Sisac, y les dijo: Así ha dicho Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de Sisac.

    6 Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: Justo es Jehová.

    7 Y cuando Jehová vió que se habían humillado, fue palabra de Jehová a Semaías, diciendo: Se han humillado; no los destruiré; antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalén por mano de Sisac.

    8 Pero serán sus siervos; para que sepan lo que es servirme a mí, y que es servir a los reinos de las naciones.

    9 Subió pues Sisac rey de Egipto a Jerusalén , y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey; todo lo llevó: y tomó los escudos de oro que Salomón había hecho.

    Dio refugio a Jeroboam cuando huyó de Salomón, y después de la muerte de Salomón invadió Judea con 1.200 carros, 60.000 jinetes y tropa innumerable. 

    Tomó las ciudades fortificadas y saqueó Jerusalén y el templo. Comúnmente se le identifica con Sesonk I, primer faraón de la vigesimosegunda dinastía. 

    Sin embargo, el peso de la evidencia monumental y de las inscripciones identifica a Sisac con Tutmose III. La identificación hecha con Sesonk por la semejanza de nombre y por su cercanía en el esquema cronológico comúnmente aceptado no tienen fuerza alguna. 

    Se pasa por alto el hecho de que los reyes egipcios tenían muchos nombres. A menudo eran conocidos en países vecinos por apelaciones que no tenían nada que ver con sus nombres regios. Asimismo su sucesor, Amenhotep II, también puede ser identificado históricamente con el etíope Zera, que fue contra Asa con 1.000.000 de hombres y 300 carros. 

    Asa rogó la ayuda del Señor, declarando que su confianza estaba en Él. Dios respondió a su fe, y las huestes egipcias fueron vencidas, tomando Judá gran cantidad de despojos (2 Cr. 14:9-13). 

    2 Crónicas 14:9-13

    9 Y salió contra ellos Zera etíope con un ejército de millones, y trescientos carros; y vino hasta Maresa.

    10 Entonces salió Asa contra él, y ordenaron la batalla en el valle de Sefata junto a Maresa.

    11 Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas. Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios: no prevalezca contra ti el hombre.

    12 Y Jehová deshizo a los etíopes delante de Asa y delante de Judá; y huyeron los etíopes.

    13 Y Asa, y el pueblo que con él estaba, lo siguieron hasta Gerar; y cayeron los etíopes hasta no quedar en ellos aliento; porque fueron deshechos delante de Jehová y de su ejército. Y les tomaron muy grande botín.

    Posteriormente, la alianza de Oseas, rey de Israel, con So, provocó el ataque de Asiria contra el reino de Israel y su aniquilación. 

    La identidad de So, en base a la cronología revisada, resulta ser Ramsés II. 

    El nombre de trono de Ramsés II, de entre los 75 nombres aceptados para este rey, era Ra-user-Maat-So-tep-en Ra. Con un nombre así, no es de sorprender que se usara una abreviación. Otro rey de Egipto mencionado en las Escrituras es Tirhaca o Taharka (el Tehrak de los monumentos), que se lanzó contra Asiria en el año 14 de Ezequías. Senaquerib estaba atacando Libna cuando oyó que el rey de Etiopía (clasificado en la vigesimoquinta dinastía) había salido a luchar contra él. Senaquerib envió una segunda carta amenazadora a Ezequías; sin embargo, Dios destruyó su ejército por la noche, de una manera milagrosa. 

    Pero Tirhaca fue después derrotado por Senaquerib, y una vez más en la conquista de Egipto por Essar-hadón (681-669). Essar-hadón murió en una segunda campaña contra Egipto para aplastar una revuelta contra los dominadores asirios (668 a.C.). 

    Fue Assurbanipal quien logró la sumisión de Egipto, instalando como rey de Egipto a Sheshonk (Sesonk I). Éste era hijo de Namaret, el general de Assurbanipal en la campaña de Egipto. 

    El abuelo de Sesonk I se llamaba Pallashnes, y tenía también el nombre de Sheshonk, como lo indica Bugsch, documentando irrefutablemente el hecho de que la vigesimosegunda dinastía tuvo un origen asirio. 

    Egipto intentó recuperarse de esta postración bajo Psamético I de Sais (vigesimosexta dinastía), y en los días de Josías, el faraón Necao, ansioso de rivalizar las glorias de las dinastías decimoctava y decimonovena, se dispuso a atacar al rey de Asiria y a recobrar la influencia tanto tiempo perdida de Egipto sobre Siria. Josías se opuso a Necao, pero murió en la batalla de Meguido. 

    Necao prosiguió hasta Carquemis, y volviendo a Jerusalén depuso a Joacaz y lo llevó a Egipto (donde murió), poniendo en su lugar a su hermano Eliaquim, y dándole el nombre de Joacim. Impuso un tributo de cien talentos de plata y un talento de oro (2 R. 23:29-34; 2 Cr. 35:20-24; Jer. 26:20-23). 

    2 Reyes 23:29-34 

    29 En aquellos días Faraón Necao rey de Egipto subió contra el rey de Asiria al río Eufrates, y salió contra él el rey Josías; pero aquél, así que le vio, lo mató en Meguido.

    30 Y sus siervos lo pusieron en un carro, y lo trajeron muerto de Meguido a Jerusalén, y lo sepultaron en su sepulcro. Entonces el pueblo de la tierra tomó a Joacaz hijo de Josías, y lo ungieron y lo pusieron por rey en lugar de su padre.

    Reinado y destronamiento de Joacaz

    31 De veintitrés años era Joacaz cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. El nombre de su madre fue Hamutal hija de Jeremías, de Libna.

    32 Y él hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que sus padres habían hecho.

    33 Y lo puso preso Faraón Necao en Ribla en la provincia de Hamat, para que no reinase en Jerusalén; e impuso sobre la tierra una multa de cien talentos de plata, y uno de oro.

    34 Entonces Faraón Necao puso por rey a Eliaquim hijo de Josías, en lugar de Josías su padre, y le cambió el nombre por el de Joacim; y tomó a Joacaz y lo llevó a Egipto, y murió allí.

    2 Crónicas 35:20-24 

    Muerte de Josías

    20 Después de todas estas cosas, luego de haber reparado Josías la casa de Jehová, Necao rey de Egipto subió para hacer guerra en Carquemis junto al Eufrates; y salió Josías contra él.

    21 Y Necao le envió mensajeros, diciendo: ¿Qué tengo yo contigo, rey de Judá? Yo no vengo contra ti hoy, sino contra la casa que me hace guerra: y Dios me ha dicho que me apresure. Déja de oponerte a Dios, quien está conmigo, no sea que él te destruya.

    22 Mas Josías no se retiró, sino que se disfrazó para darle batalla, y no atendió a las palabras de Necao, que eran de boca de Dios; y vino a darle la batalla en el campo de Meguido.

    23 Y los flecheros tiraron contra el rey Josías. Entonces dijo el rey a sus siervos: Quitadme de aquí, porque estoy herido gravemente.

    24 Entonces sus siervos lo sacaron de aquel carro, y lo pusieron en un segundo carro que tenía, y lo llevaron a Jerusalén, donde murió; y lo sepultaron en los sepulcros de sus padres. Y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías.

    Jeremías 26:20-23

    20 Hubo también un hombre que profetizaba en nombre de Jehová, Urías hijo de Semaías, de Quiriat-jearim, el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra, conforme a todas las palabras de Jeremías;

    21 y oyeron sus palabras el rey Joacim y todos sus grandes, y todos sus príncipes, y el rey procuró matarle; entendiendo lo cual Urías, tuvo temor, y huyó a Egipto.

    22 Y el rey Joacim envió hombres a Egipto, a Elnatán hijo de Acbor y otros hombres con él, a Egipto;

    23 los cuales sacaron a Urías de Egipto y lo trajeron al rey Joacim, el cual lo mató a espada, y echó su cuerpo en los sepulcros del vulgo.

    Que Necao fuera capaz de atacar al rey de Asiria en un lugar tan lejano como Carquemis muestra el poder de Egipto en aquel entonces, pero el poder de Babilonia estaba creciendo, y después de tres años Nabucodonosor derrotaba al ejército de Necao en Carquemis, recuperando todo el terreno entre el río de Egipto y el Éufrates. «Y nunca más el rey de Egipto salió de su tierra» (2 R. 24:7; Jer. 46:2-12). 

    2 Reyes 24:7 

    7 Y nunca más el rey de Egipto salió de su tierra; porque el rey de Babilonia le tomó todo lo que era suyo desde el río de Egipto hasta el río Eufrates.

    Jeremías 46:2-12

    2 Con respecto a Egipto: contra el ejército de Faraón Necao rey de Egipto, que estaba cerca del río Eufrates en Carquemis, a quien destruyó Nabucodonosor rey de Babilonia, en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá.

    3 Preparad escudo y pavés, y venid a la guerra.

    4 Uncid caballos y subid, vosotros los jinetes, y poneos con yelmos; limpiad las lanzas, vestíos las corazas.

    5 ¿Por qué los vi medrosos, retrocediendo? Sus valientes fueron deshechos, y huyeron sin volver a mirar atrás; miedo de todas partes, dice Jehová.

    6 No huya el ligero, ni el valiente escape; al norte junto a la ribera del Eufrates tropezaron y cayeron.

    7 ¿Quién es éste que sube como río, y cuyas aguas se mueven como ríos?

    8 Egipto como río se ensancha, y las aguas se mueven como ríos, y dijo: Subiré, cubriré la tierra, destruiré a la ciudad y a los que en ella moran.

    9 Subid, caballos, y alborotaos, carros, y salgan los valientes; los etíopes y los de Put que toman escudo, y los de Lud que toman y entesan arco.

    10 Mas ese día será para Jehová Dios de los ejércitos día de retribución, para vengarse de sus enemigos; y la espada devorará y se saciará, y se embriagará de la sangre de ellos; porque sacrificio será para Jehová Dios de los ejércitos, en tierra del norte junto al río Eufrates.

    11 Sube a Galaad, y toma bálsamo, virgen hija de Egipto; por demás multiplicarás las medicinas; no hay curación para ti.

    12 Las naciones oyeron tu afrenta, y tu clamor llenó la tierra; porque valiente tropezó contra valiente, y cayeron ambos juntos.

    El Necao de las Escrituras es el Nekau de los monumentos, un rey de la vigésimo sexta dinastía. Los escritores griegos y los monumentos egipcios mencionan a Psamético II como sucesor de Necao, y después a Apries (Uahabra en los monumentos), el Hofra de las Escrituras (Jer. 44:30). 

    Jeremías 44:30

    30 Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a Faraón Hofra rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, así como entregué a Sedequías rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo que buscaba su vida.

    Sedequías había sido hecho gobernador de Jerusalén por Nabucodonosor, pero se rebeló e hizo alianza con Hofra (Ez. 17:15-17). 

    Ezequiel 17:15-17

    15 Pero se rebeló contra él, enviando embajadores a Egipto para que le diese caballos y mucha gente. ¿Será prosperado, escapará el que estas cosas hizo? El que rompió el pacto, ¿podrá escapar?

    16 Vivo yo, dice Jehová el Señor, que morirá en medio de Babilonia, en el lugar donde habita el rey que le hizo reinar, cuyo juramento menospreció, y cuyo pacto hecho con él rompió.

    17 Y ni con gran ejército ni con mucha compañía hará Faraón nada por él en la batalla, cuando se levanten vallados y se edifiquen torres para cortar muchas vidas.

    Cuando los caldeos asediaron Jerusalén, Hofra, fiel a su palabra, entró en Palestina. Nabucodonosor levantó el sitio, atacó y derrotó a Hofra, y después volvió a poner sitio a Jerusalén. Tomó la ciudad y la devastó con fuego (Jer. 37:5-11). 

    Jeremías 37:5-11

    5 Y cuando el ejército de Faraón había salido de Egipto, y llegó noticia de ello a oídos de los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de Jerusalén.

    6 Entonces vino palabra de Jehová al profeta Jeremías, diciendo:

    7 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió a mí para que me consultaseis: He aquí que el ejército de Faraón que había salido en vuestro socorro, se volvió a su tierra en Egipto.

    8 Y volverán los caldeos y atacarán esta ciudad, y la tomarán y la pondrán a fuego.

    9 Así ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos, diciendo: Sin duda ya los caldeos se apartarán de nosotros; porque no se apartarán.

    10 Porque aun cuando hirieseis a todo el ejército de los caldeos que pelean contra vosotros, y quedasen de ellos solamente hombres heridos, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán esta ciudad a fuego.

    11 Y aconteció que cuando el ejército de los caldeos se retiró de Jerusalén a causa del ejército de Faraón,

    Hofra estaba lleno de soberbia, y se registra que dijo que ni su dios podía vencerle. Ezequiel se hallaba en Babilonia, y en su profecía (Ez. 29:1-16) predecía la humillación de Egipto y de su rey «el gran dragón que yace en medio de sus ríos». 

    Ezequiel 29:1-16

    Profecías contra Egipto

    1 En el año décimo, en el mes décimo, a los doce días del mes, vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    2 Hijo de hombre, pon tu rostro contra Faraón rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto.

    3 Habla, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, Faraón rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos, el cual dijo: Mío es el Nilo, pues yo lo hice.

    4 Yo, pues, pondré garfios en tus quijadas, y pegaré los peces de tus ríos a tus escamas, y te sacaré de en medio de tus ríos, y todos los peces de tus ríos saldrán pegados a tus escamas.

    5 Y te dejaré en el desierto a ti y a todos los peces de tus ríos; sobre la faz del campo caerás; no serás recogido, ni serás juntado; a las fieras de la tierra y a las aves del cielo te he dado por comida.

    6 Y sabrán todos los moradores de Egipto que yo soy Jehová, por cuanto fueron báculo de caña a la casa de Israel.

    7 Cuando te tomaron con la mano, te quebraste, y les rompiste todo el hombro; y cuando se apoyaron en ti, te quebraste, y les rompiste sus lomos enteramente.

    8 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí que yo traigo contra ti espada, y cortaré de ti hombres y bestias.

    9 Y la tierra de Egipto será asolada y desierta, y sabrán que yo soy Jehová; por cuanto dijo: El Nilo es mío, y yo lo hice.

    10 Por tanto, he aquí yo estoy contra ti, y contra tus ríos; y pondré la tierra de Egipto en desolación, en la soledad del desierto, desde Migdol hasta Sevene, hasta el límite de Etiopía.

    11 No pasará por ella pie de hombre, ni pie de animal pasará por ella, ni será habitada, por cuarenta años.

    12 Y pondré a la tierra de Egipto en soledad entre las tierras asoladas, y sus ciudades entre las ciudades destruidas estarán desoladas por cuarenta años; y esparciré a Egipto entre las naciones, y lo dispersaré por las tierras.

    13 Porque así ha dicho Jehová el Señor: Al fin de cuarenta años recogeré a Egipto de entre los pueblos entre los cuales fueren esparcidos;

    14 y volveré a traer los cautivos de Egipto, y los llevaré a la tierra de Patros, a la tierra de su origen; y allí serán un reino despreciable.

    15 En comparación con los otros reinos será humilde; nunca más se alzará sobre las naciones; porque yo los disminuiré, para que no vuelvan a tener dominio sobre las naciones.

    16 Y no será ya más para la casa de Israel apoyo de confianza, que les haga recordar el pecado de mirar en pos de ellos; y sabrán que yo soy Jehová el Señor.

    Egipto iba a quedar asolado desde Migdol hasta Sevene, hasta el mismo límite de Etiopía, «por cuarenta años». 

    Abdallatif, un escritor árabe, dice que Nabucodonosor devastó Egipto y lo arruinó por haber dado asilo a los judíos que huyeron de él y que quedó asolado durante cuarenta años Otras profecías fueron proclamadas contra Egipto (Ez. 30; 31; 32). 

    Ezequiel 30

    1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    2 Hijo de hombre, profetiza, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: Lamentad: ¡Ay de aquel día!

    3 Porque cerca está el día, cerca está el día de Jehová; día de nublado, día de castigo de las naciones será.

    4 Y vendrá espada a Egipto, y habrá miedo en Etiopía, cuando caigan heridos en Egipto; y tomarán sus riquezas, y serán destruidos sus fundamentos.

    5 Etiopía, Fut, Lud, toda Arabia, Libia, y los hijos de las tierras aliadas, caerán con ellos a filo de espada.

    6 Así ha dicho Jehová: También caerán los que sostienen a Egipto, y la altivez de su poderío caerá; desde Migdol hasta Sevene caerán en él a filo de espada, dice Jehová el Señor.

    7 Y serán asolados entre las tierras asoladas, y sus ciudades serán entre las ciudades desiertas.

    8 Y sabrán que yo soy Jehová, cuando ponga fuego a Egipto, y sean quebrantados todos sus ayudadores.

    9 En aquel tiempo saldrán mensajeros de delante de mí en naves, para espantar a Etiopía la confiada, y tendrán espanto como en el día de Egipto; porque he aquí viene.

    10 Así ha dicho Jehová el Señor: Destruiré las riquezas de Egipto por mano de Nabucodonosor rey de Babilonia.

    11 El, y con él su pueblo, los más fuertes de las naciones, serán traídos para destruir la tierra; y desenvainarán sus espadas sobre Egipto, y llenarán de muertos la tierra.

    12 Y secaré los ríos, y entregaré la tierra en manos de malos, y por mano de extranjeros destruiré la tierra y cuanto en ella hay. Yo Jehová he hablado.

    13 Así ha dicho Jehová el Señor: Destruiré también las imágenes, y destruiré los ídolos de Menfis; y no habrá más príncipe de la tierra de Egipto, y en la tierra de Egipto pondré temor.

    14 Asolaré a Patros, y pondré fuego a Zoán, y haré juicios en Tebas.

    15 Y derramaré mi ira sobre Sin, fortaleza de Egipto, y exterminaré a la multitud de Tebas.

    16 Y pondré fuego a Egipto; Sin tendrá gran dolor, y Tebas será destrozada, y Menfis tendrá continuas angustias.

    17 Los jóvenes de Avén y de Pibeset caerán a filo de espada, y las mujeres irán en cautiverio.

    18 Y en Tafnes se oscurecerá el día, cuando quebrante yo allí el poder de Egipto, y cesará en ella la soberbia de su poderío; tiniebla la cubrirá, y los moradores de sus aldeas irán en cautiverio.

    19 Haré, pues, juicios en Egipto, y sabrán que yo soy Jehová.

    20 Aconteció en el año undécimo, en el mes primero, a los siete días del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    21 Hijo de hombre, he quebrado el brazo de Faraón rey de Egipto; y he aquí que no ha sido vendado poniéndole medicinas, ni poniéndole faja para ligarlo, a fin de fortalecerlo para que pueda sostener la espada.

    22 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Heme aquí contra Faraón rey de Egipto, y quebraré sus brazos, el fuerte y el fracturado, y haré que la espada se le caiga de la mano.

    23 Y esparciré a los egipcios entre las naciones, y los dispersaré por las tierras.

    24 Y fortaleceré los brazos del rey de Babilonia, y pondré mi espada en su mano; mas quebraré los brazos de Faraón, y delante de aquél gemirá con gemidos de herido de muerte.

    25 Fortaleceré, pues, los brazos del rey de Babilonia, y los brazos de Faraón caerán; y sabrán que yo soy Jehová, cuando yo ponga mi espada en la mano del rey de Babilonia, y él la extienda contra la tierra de Egipto.

    26 Y esparciré a los egipcios entre las naciones, y los dispersaré por las tierras; y sabrán que yo soy Jehová.

    Ezequiel 31

    1 Aconteció en el año undécimo, en el mes tercero, el día primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    2 Hijo de hombre, di a Faraón rey de Egipto, y a su pueblo: ¿A quién te comparaste en tu grandeza?

    3 He aquí era el asirio cedro en el Líbano, de hermosas ramas, de frondoso ramaje y de grande altura, y su copa estaba entre densas ramas.

    4 Las aguas lo hicieron crecer, lo encumbró el abismo; sus ríos corrían alrededor de su pie, y a todos los árboles del campo enviaba sus corrientes.

    5 Por tanto, se encumbró su altura sobre todos los árboles del campo, y se multiplicaron sus ramas, y a causa de las muchas aguas se alargó su ramaje que había echado.

    6 En sus ramas hacían nido todas las aves del cielo, y debajo de su ramaje parían todas las bestias del campo, y a su sombra habitaban muchas naciones.

    7 Se hizo, pues, hermoso en su grandeza con la extensión de sus ramas; porque su raíz estaba junto a muchas aguas.

    8 Los cedros no lo cubrieron en el huerto de Dios; las hayas no fueron semejantes a sus ramas, ni los castaños fueron semejantes a su ramaje; ningún árbol en el huerto de Dios fue semejante a él en su hermosura.

    9 Lo hice hermoso con la multitud de sus ramas; y todos los árboles del Edén, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de él envidia.

    10 Por tanto, así dijo Jehová el Señor: Ya que por ser encumbrado en altura, y haber levantado su cumbre entre densas ramas, su corazón se elevó con su altura,

    11 yo lo entregaré en manos del poderoso de las naciones, que de cierto le tratará según su maldad. Yo lo he desechado.

    12 Y lo destruirán extranjeros, los poderosos de las naciones, y lo derribarán; sus ramas caerán sobre los montes y por todos los valles, y por todos los arroyos de la tierra será quebrado su ramaje; y se irán de su sombra todos los pueblos de la tierra, y lo dejarán.

    13 Sobre su ruina habitarán todas las aves del cielo, y sobre sus ramas estarán todas las bestias del campo,

    14 para que no se exalten en su altura todos los árboles que crecen junto a las aguas, ni levanten su copa entre la espesura, ni confíen en su altura todos los que beben aguas; porque todos están destinados a muerte, a lo profundo de la tierra, entre los hijos de los hombres, con los que descienden a la fosa.

    15 Así ha dicho Jehová el Señor: El día que descendió al Seol, hice hacer luto, hice cubrir por él el abismo, y detuve sus ríos, y las muchas aguas fueron detenidas; al Líbano cubrí de tinieblas por él, y todos los árboles del campo se desmayaron.

    16 Del estruendo de su caída hice temblar a las naciones, cuando las hice descender al Seol con todos los que descienden a la sepultura; y todos los árboles escogidos del Edén, y los mejores del Líbano, todos los que beben aguas, fueron consolados en lo profundo de la tierra.

    17 También ellos descendieron con él al Seol, con los muertos a espada, los que fueron su brazo, los que estuvieron a su sombra en medio de las naciones.

    18 ¿A quién te has comparado así en gloria y en grandeza entre los árboles del Edén? Pues derribado serás con los árboles del Edén en lo profundo de la tierra; entre los incircuncisos yacerás, con los muertos a espada. Este es Faraón y todo su pueblo, dice Jehová el Señor.

    Ezequiel 32

    1 Aconteció en el año duodécimo, en el mes duodécimo, el día primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    2 Hijo de hombre, levanta endechas sobre Faraón rey de Egipto, y dile: A leoncillo de naciones eres semejante, y eres como el dragón en los mares; pues secabas tus ríos, y enturbiabas las aguas con tus pies, y hollabas sus riberas.

    3 Así ha dicho Jehová el Señor: Yo extenderé sobre ti mi red con reunión de muchos pueblos, y te harán subir con mi red.

    4 Y te dejaré en tierra, te echaré sobre la faz del campo, y haré posar sobre ti todas las aves del cielo, y saciaré de ti a las fieras de toda la tierra.

    5 Pondré tus carnes sobre los montes, y llenaré los valles de tus cadáveres.

    6 Y regaré de tu sangre la tierra donde nadas, hasta los montes; y los arroyos se llenarán de ti.

    7 Y cuando te haya extinguido, cubriré los cielos, y haré entenebrecer sus estrellas; el sol cubriré con nublado, y la luna no hará resplandecer su luz.

    8 Haré entenebrecer todos los astros brillantes del cielo por ti, y pondré tinieblas sobre tu tierra, dice Jehová el Señor.

    9 Y entristeceré el corazón de muchos pueblos, cuando lleve al cautiverio a los tuyos entre las naciones, por las tierras que no conociste.

    10 Y dejaré atónitos por ti a muchos pueblos, y sus reyes tendrán horror grande a causa de ti, cuando haga resplandecer mi espada delante de sus rostros; y todos se sobresaltarán en sus ánimos a cada momento en el día de tu caída.

    11 Porque así ha dicho Jehová el Señor: La espada del rey de Babilonia vendrá sobre ti.

    12 Con espadas de fuertes haré caer tu pueblo; todos ellos serán los poderosos de las naciones; y destruirán la soberbia de Egipto, y toda su multitud será deshecha.

    13 Todas sus bestias destruiré de sobre las muchas aguas; ni más las enturbiará pie de hombre, ni pezuña de bestia las enturbiará.

    14 Entonces haré asentarse sus aguas, y haré correr sus ríos como aceite, dice Jehová el Señor.

    15 Cuando asuele la tierra de Egipto, y la tierra quede despojada de todo cuanto en ella hay, cuando mate a todos los que en ella moran, sabrán que yo soy Jehová.

    16 Esta es la endecha, y la cantarán; las hijas de las naciones la cantarán; endecharán sobre Egipto y sobre toda su multitud, dice Jehová el Señor.

    17 Aconteció en el año duodécimo, a los quince días del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    18 Hijo de hombre, endecha sobre la multitud de Egipto, y despéñalo a él, y a las hijas de las naciones poderosas, a lo profundo de la tierra, con los que descienden a la sepultura.

    19 Porque eres tan hermoso, desciende, y yace con los incircuncisos.

    20 Entre los muertos a espada caerá; a la espada es entregado; traedlo a él y a todos sus pueblos.

    21 De en medio del Seol hablarán a él los fuertes de los fuertes, con los que le ayudaron, que descendieron y yacen con los incircuncisos muertos a espada.

    22 Allí está Asiria con toda su multitud; en derredor de él están sus sepulcros; todos ellos cayeron muertos a espada.

    23 Sus sepulcros fueron puestos a los lados de la fosa, y su gente está por los alrededores de su sepulcro; todos ellos cayeron muertos a espada, los cuales sembraron el terror en la tierra de los vivientes.

    24 Allí Elam, y toda su multitud por los alrededores de su sepulcro; todos ellos cayeron muertos a espada, los cuales descendieron incircuncisos a lo más profundo de la tierra, porque sembraron su terror en la tierra de los vivientes, mas llevaron su confusión con los que descienden al sepulcro.

    25 En medio de los muertos le pusieron lecho con toda su multitud; a sus alrededores están sus sepulcros; todos ellos incircuncisos, muertos a espada, porque fue puesto su espanto en la tierra de los vivientes, mas llevaron su confusión con los que descienden al sepulcro; él fue puesto en medio de los muertos.

    26 Allí Mesec y Tubal, y toda su multitud; sus sepulcros en sus alrededores; todos ellos incircuncisos, muertos a espada, porque habían sembrado su terror en la tierra de los vivientes.

    27 Y no yacerán con los fuertes de los incircuncisos que cayeron, los cuales descendieron al Seol con sus armas de guerra, y sus espadas puestas debajo de sus cabezas; mas sus pecados estarán sobre sus huesos, por cuanto fueron terror de fuertes en la tierra de los vivientes.

    28 Tú, pues, serás quebrantado entre los incircuncisos, y yacerás con los muertos a espada.

    29 Allí Edom, sus reyes y todos sus príncipes, los cuales con su poderío fueron puestos con los muertos a espada; ellos yacerán con los incircuncisos, y con los que descienden al sepulcro.

    30 Allí los príncipes del norte, todos ellos, y todos los sidonios, que con su terror descendieron con los muertos, avergonzados de su poderío, yacen también incircuncisos con los muertos a espada, y comparten su confusión con los que descienden al sepulcro.

    31 A éstos verá Faraón, y se consolará sobre toda su multitud; Faraón muerto a espada, y todo su ejército, dice Jehová el Señor.

    32 Porque puse mi terror en la tierra de los vivientes, también Faraón y toda su multitud yacerán entre los incircuncisos con los muertos a espada, dice Jehová el Señor.

    Dios entregó a Hofra «en manos de los que buscan su vida» (Jer. 44:30), de entre los de su propio pueblo. 

    Jeremías 44:30

    30 Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a Faraón Hofra rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, así como entregué a Sedequías rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo que buscaba su vida.

    Cuando Nabucodonosor hubo destruido Jerusalén, dejó a algunos judíos en la tierra de Palestina bajo Gedalías el gobernador; pero al ser asesinado Gedalías, huyeron a Egipto, llevando consigo a Jeremías a Tafnes (Jer. 43:5-7). 

    Jeremías 43:5-7

    5 sino que tomó Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra, a todo el remanente de Judá que se había vuelto de todas las naciones donde había sido echado, para morar en tierra de Judá;

    6 a hombres y mujeres y niños, y a las hijas del rey y a toda persona que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, y al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías,

    7 y entraron en tierra de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y llegaron hasta Tafnes.

    El profeta pronunció desde allí profecías contra Egipto (Jer. 43-44). 

    Jeremías 43

    La emigración a Egipto

    1 Aconteció que cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las palabras de Jehová Dios de ellos, todas estas palabras por las cuales Jehová Dios de ellos le había enviado a ellos mismos,

    2 dijo Azarías hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto para morar allí,

    3 sino que Baruc hijo de Nerías te incita contra nosotros, para entregarnos en manos de los caldeos, para matarnos y hacernos transportar a Babilonia.

    4 No obedeció, pues, Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra y todo el pueblo, a la voz de Jehová para quedarse en tierra de Judá,

    5 sino que tomó Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra, a todo el remanente de Judá que se había vuelto de todas las naciones donde había sido echado, para morar en tierra de Judá;

    6 a hombres y mujeres y niños, y a las hijas del rey y a toda persona que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, y al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías,

    7 y entraron en tierra de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y llegaron hasta Tafnes.

    8 Y vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes, diciendo:

    9 Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en el enladrillado que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de los hombres de Judá;

    10 y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y extenderá su pabellón sobre ellas.

    11 Y vendrá y asolará la tierra de Egipto; los que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a espada.

    12 Y pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los quemará, y a ellos los llevará cautivos; y limpiará la tierra de Egipto, como el pastor limpia su capa, y saldrá de allá en paz.

    13 Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará a fuego.

    Jeremías 44

    Jeremías profetiza a los judíos en Egipto

    1 Palabra que vino a Jeremías acerca de todos los judíos que moraban en la tierra de Egipto, que vivían en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en tierra de Patros, diciendo:

    2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Vosotros habéis visto todo el mal que traje sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá; y he aquí que ellas están el día de hoy asoladas; no hay quien more en ellas,

    3 a causa de la maldad que ellos cometieron para enojarme, yendo a ofrecer incienso, honrando a dioses ajenos que ellos no habían conocido, ni vosotros ni vuestros padres.

    4 Y envié a vosotros todos mis siervos los profetas, desde temprano y sin cesar, para deciros: No hagáis esta cosa abominable que yo aborrezco.

    5 Pero no oyeron ni inclinaron su oído para convertirse de su maldad, para dejar de ofrecer incienso a dioses ajenos.

    6 Se derramó, por tanto, mi ira y mi furor, y se encendió en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, y fueron puestas en soledad y en destrucción, como están hoy.

    7 Ahora, pues, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué hacéis tan grande mal contra vosotros mismos, para ser destruidos el hombre y la mujer, el muchacho y el niño de pecho de en medio de Judá, sin que os quede remanente alguno,

    8 haciéndome enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a dioses ajenos en la tierra de Egipto, adonde habéis entrado para vivir, de suerte que os acabéis, y seáis por maldición y por oprobio a todas las naciones de la tierra?

    9 ¿Os habéis olvidado de las maldades de vuestros padres, de las maldades de los reyes de Judá, de las maldades de sus mujeres, de vuestras maldades y de las maldades de vuestras mujeres, que hicieron en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén?

    10 No se han humillado hasta el día de hoy, ni han tenido temor, ni han caminado en mi ley ni en mis estatutos, los cuales puse delante de vosotros y delante de vuestros padres.

    11 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo vuelvo mi rostro contra vosotros para mal, y para destruir a todo Judá.

    12 Y tomaré el resto de Judá que volvieron sus rostros para ir a tierra de Egipto para morar allí, y en tierra de Egipto serán todos consumidos; caerán a espada, y serán consumidos de hambre; a espada y de hambre morirán desde el menor hasta el mayor, y serán objeto de execración, de espanto, de maldición y de oprobio.

    13 Pues castigaré a los que moran en tierra de Egipto como castigué a Jerusalén, con espada, con hambre y con pestilencia.

    14 Y del resto de los de Judá que entraron en la tierra de Egipto para habitar allí, no habrá quien escape, ni quien quede vivo para volver a la tierra de Judá, por volver a la cual suspiran ellos para habitar allí; porque no volverán sino algunos fugitivos.

    15 Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo:

    16 La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti;

    17 sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno.

    18 Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos.

    19 Y cuando ofrecimos incienso a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos?

    20 Y habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres y a todo el pueblo que le había respondido esto, diciendo:

    21 ¿No se ha acordado Jehová, y no ha venido a su memoria el incienso que ofrecisteis en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes y el pueblo de la tierra?

    22 Y no pudo sufrirlo más Jehová, a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de las abominaciones que habíais hecho; por tanto, vuestra tierra fue puesta en asolamiento, en espanto y en maldición, hasta quedar sin morador, como está hoy.

    23 Porque ofrecisteis incienso y pecasteis contra Jehová, y no obedecisteis a la voz de Jehová, ni anduvisteis en su ley ni en sus estatutos ni en sus testimonios; por tanto, ha venido sobre vosotros este mal, como hasta hoy.

    24 Y dijo Jeremías a todo el pueblo, y a todas las mujeres: Oíd palabra de Jehová, todos los de Judá que estáis en tierra de Egipto.

    25 Así ha hablado Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, diciendo: Vosotros y vuestras mujeres hablasteis con vuestras bocas, y con vuestras manos lo ejecutasteis, diciendo: Cumpliremos efectivamente nuestros votos que hicimos, de ofrecer incienso a la reina del cielo y derramarle libaciones; confirmáis a la verdad vuestros votos, y ponéis vuestros votos por obra.

    26 Por tanto, oíd palabra de Jehová, todo Judá que habitáis en tierra de Egipto: He aquí he jurado por mi grande nombre, dice Jehová, que mi nombre no será invocado más en toda la tierra de Egipto por boca de ningún hombre de Judá, diciendo: Vive Jehová el Señor.

    27 He aquí que yo velo sobre ellos para mal, y no para bien; y todos los hombres de Judá que están en tierra de Egipto serán consumidos a espada y de hambre, hasta que perezcan del todo.

    28 Y los que escapen de la espada volverán de la tierra de Egipto a la tierra de Judá, pocos hombres; sabrá, pues, todo el resto de Judá que ha entrado en Egipto a morar allí, la palabra de quién ha de permanecer: si la mía, o la suya.

    29 Y esto tendréis por señal, dice Jehová, de que en este lugar os castigo, para que sepáis que de cierto permanecerán mis palabras para mal sobre vosotros.

    30 Así ha dicho Jehová: He aquí que yo entrego a Faraón Hofra rey de Egipto en mano de sus enemigos, y en mano de los que buscan su vida, así como entregué a Sedequías rey de Judá en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, su enemigo que buscaba su vida.

    La serie de profecías da una fecha aproximada para la devastación de Egipto por parte de Nabucodonosor. Al tomar Tiro «no tuvieron paga» (salvaron sus tesoros huyendo por mar), y por ello iba a tener Egipto como recompensa. 

    Tiro fue tomada en el año 572 a.C., y Nabucodonosor murió el 562 a.C., lo que deja un margen de diez años (Ez. 29:17-20). 

    Ezequiel 29:17-20

    17 Aconteció en el año veintisiete en el mes primero, el día primero del mes, que vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

    18 Hijo de hombre, Nabucodonosor rey de Babilonia hizo a su ejército prestar un arduo servicio contra Tiro. Toda cabeza ha quedado calva, y toda espalda desollada; y ni para él ni para su ejército hubo paga de Tiro, por el servicio que prestó contra ella.

    19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor; He aquí que yo doy a Nabucodonosor, rey de Babilonia, la tierra de Egipto; y él tomará sus riquezas, y recogerá sus despojos, y arrebatará botín, y habrá paga para su ejército.

    20 Por su trabajo con que sirvió contra ella le he dado la tierra de Egipto; porque trabajaron para mí, dice Jehová el Señor.

    Después de Nabucodonosor, Egipto quedó tributario a Ciro. Cambises fue su primer rey persa de la dinastía vigesimoséptima. 

    Al caer el imperio persa, Alejandro Magno se apoderó de Egipto y fundó Alejandría. A la muerte de Alejandro los Ptolomeos reinaron sobre Egipto durante 300 años. Algunos de los actos de los Ptolomeos fueron profetizados por Daniel (Dn. 11). (ver ANTÍOCO). 

    Daniel 11

    1 Y yo mismo, en el año primero de Darío el medo, estuve para animarlo y fortalecerlo.

    Los reyes del norte y del sur

    2 Y ahora yo te mostraré la verdad. He aquí que aún habrá tres reyes en Persia, y el cuarto se hará de grandes riquezas más que todos ellos; y al hacerse fuerte con sus riquezas, levantará a todos contra el reino de Grecia.

    3 Se levantará luego un rey valiente, el cual dominará con gran poder y hará su voluntad.

    4 Pero cuando se haya levantado, su reino será quebrantado y repartido hacia los cuatro vientos del cielo; no a sus descendientes, ni según el dominio con que él dominó; porque su reino será arrancado, y será para otros fuera de ellos.

    5 Y se hará fuerte el rey del sur; mas uno de sus príncipes será más fuerte que él, y se hará poderoso; su dominio será grande.

    6 Al cabo de años harán alianza, y la hija del rey del sur vendrá al rey del norte para hacer la paz. Pero ella no podrá retener la fuerza de su brazo, ni permanecerá él, ni su brazo; porque será entregada ella y los que la habían traído, asimismo su hijo, y los que estaban de parte de ella en aquel tiempo.

    7 Pero un renuevo de sus raíces se levantará sobre su trono, y vendrá con ejército contra el rey del norte, y entrará en la fortaleza, y hará en ellos a su arbitrio, y predominará.

    8 Y aun a los dioses de ellos, sus imágenes fundidas y sus objetos preciosos de plata y de oro, llevará cautivos a Egipto; y por años se mantendrá él contra el rey del norte.

    9 Así entrará en el reino el rey del sur, y volverá a su tierra.

    10 Mas los hijos de aquél se airarán, y reunirán multitud de grandes ejércitos; y vendrá apresuradamente e inundará, y pasará adelante; luego volverá y llevará la guerra hasta su fortaleza.

    11 Por lo cual se enfurecerá el rey del sur, y saldrá y peleará contra el rey del norte; y pondrá en campaña multitud grande, y toda aquella multitud será entregada en su mano.

    12 Y al llevarse él la multitud, se elevará su corazón, y derribará a muchos millares; mas no prevalecerá.

    13 Y el rey del norte volverá a poner en campaña una multitud mayor que la primera, y al cabo de algunos años vendrá apresuradamente con gran ejército y con muchas riquezas.

    14 En aquellos tiempos se levantarán muchos contra el rey del sur; y hombres turbulentos de tu pueblo se levantarán para cumplir la visión, pero ellos caerán.

    15 Vendrá, pues, el rey del norte, y levantará baluartes, y tomará la ciudad fuerte; y las fuerzas del sur no podrán sostenerse, ni sus tropas escogidas, porque no habrá fuerzas para resistir.

    16 Y el que vendrá contra él hará su voluntad, y no habrá quien se le pueda enfrentar; y estará en la tierra gloriosa, la cual será consumida en su poder.

    17 Afirmará luego su rostro para venir con el poder de todo su reino; y hará con aquél convenios, y le dará una hija de mujeres para destruirle; pero no permanecerá, ni tendrá éxito.

    18 Volverá después su rostro a las costas, y tomará muchas; mas un príncipe hará cesar su afrenta, y aun hará volver sobre él su oprobio.

    19 Luego volverá su rostro a las fortalezas de su tierra; mas tropezará y caerá, y no será hallado.

    20 Y se levantará en su lugar uno que hará pasar un cobrador de tributos por la gloria del reino; pero en pocos días será quebrantado, aunque no en ira, ni en batalla.

    21 Y le sucederá en su lugar un hombre despreciable, al cual no darán la honra del reino; pero vendrá sin aviso y tomará el reino con halagos.

    22 Las fuerzas enemigas serán barridas delante de él como con inundación de aguas; serán del todo destruidos, junto con el príncipe del pacto.

    23 Y después del pacto con él, engañará y subirá, y saldrá vencedor con poca gente.

    24 Estando la provincia en paz y en abundancia, entrará y hará lo que no hicieron sus padres, ni los padres de sus padres; botín, despojos y riquezas repartirá a sus soldados, y contra las fortalezas formará sus designios; y esto por un tiempo.

    25 Y despertará sus fuerzas y su ardor contra el rey del sur con gran ejército; y el rey del sur se empeñará en la guerra con grande y muy fuerte ejército; mas no prevalecerá, porque le harán traición.

    26 Aun los que coman de sus manjares le quebrantarán; y su ejército será destruido, y caerán muchos muertos.

    27 El corazón de estos dos reyes será para hacer mal, y en una misma mesa hablarán mentira; mas no servirá de nada, porque el plazo aún no habrá llegado.

    28 Y volverá a su tierra con gran riqueza, y su corazón será contra el pacto santo; hará su voluntad, y volverá a su tierra.

    29 Al tiempo señalado volverá al sur; mas no será la postrera venida como la primera.

    30 Porque vendrán contra él naves de Quitim, y él se contristará, y volverá, y se enojará contra el pacto santo, y hará según su voluntad; volverá, pues, y se entenderá con los que abandonen el santo pacto.

    31 Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora.

    32 Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.

    33 Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo.

    34 Y en su caída serán ayudados de pequeño socorro; y muchos se juntarán a ellos con lisonjas.

    35 También algunos de los sabios caerán para ser depurados y limpiados y emblanquecidos, hasta el tiempo determinado; porque aun para esto hay plazo.

    36 Y el rey hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios; y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará, hasta que sea consumada la ira; porque lo determinado se cumplirá.

    37 Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres; ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá.

    38 Mas honrará en su lugar al dios de las fortalezas, dios que sus padres no conocieron; lo honrará con oro y plata, con piedras preciosas y con cosas de gran precio.

    39 Con un dios ajeno se hará de las fortalezas más inexpugnables, y colmará de honores a los que le reconozcan, y por precio repartirá la tierra.

    40 Pero al cabo del tiempo el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará.

    41 Entrará a la tierra gloriosa, y muchas provincias caerán; mas éstas escaparán de su mano: Edom y Moab, y la mayoría de los hijos de Amón.

    42 Extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto.

    43 Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto; y los de Libia y de Etiopía le seguirán.

    44 Pero noticias del oriente y del norte lo atemorizarán, y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos.

    45 Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo; mas llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude.

    En 30 a.C., Octavio César entró en Egipto, y vino a ser una provincia romana. En el año 639 d.C., los sarracenos arrebataron Egipto al imperio bizantino, y los turcos dominaron Egipto hasta finales del siglo XVIII. 

    A principios del siglo XIX, Egipto fue escenario de las luchas entre franceses, ingleses, turcos, viniendo a ser colonia británica en 1882, hasta 1922, en que el mariscal Allenby otorgó una declaración de independencia. En 1936 el ejército británico abandonó Egipto, excepto la franja del Canal de Suez, que no fue abandonado hasta 1954. 

    Desde entonces, Egipto ha mantenido una postura continua de hostilidad contra el Estado judío de Israel, renacido políticamente el año 1948. Esta enemistad se ha visto paliada en años recientes, desde la visita de Anwar al-Sadat a Jerusalén, y la firma de acuerdos de paz con Israel en 1978. 

    Hemos visto que Egipto fue en el pasado histórico capaz de llevar un millón de soldados a Palestina; también de hacer frente a Asiria. También registra la historia su influencia sobre Fenicia y sus encarnizadas guerras contra los hititas, con los que al final hizo un tratado, que se da entero en los monumentos. 

    Algunas de las profecías dadas, aunque se aplican a eventos ya sucedidos hace tiempo, pueden tener todavía una aplicación futura. Por ejemplo: «Y Jehová será conocido de Egipto, y los de Egipto conocerán a Jehová en aquel día, y harán sacrificio y oblación... 

    En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra; porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad» (Is. 19:21-25; cp. Sof. 3:9, 10). 

    Isaías 19:21-25 

    21 Y Jehová será conocido de Egipto, y los de Egipto conocerán a Jehová en aquel día, y harán sacrificio y oblación; y harán votos a Jehová, y los cumplirán.

    22 Y herirá Jehová a Egipto; herirá y sanará, y se convertirán a Jehová, y les será clemente y los sanará.

    23 En aquel tiempo habrá una calzada de Egipto a Asiria, y asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria; y los egipcios servirán con los asirios a Jehová.

    24 En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra;

    25 porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad.

    Sofonías 3:9, 10

    9 En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento.

    10 De la región más allá de los ríos de Etiopía me suplicarán; la hija de mis esparcidos traerá mi ofrenda.

    Ciertamente, estas afirmaciones se aplican a una época en que Dios dará bendición a Egipto. Esto es una cosa que pudiera chocar, siendo que Egipto es un tipo del mundo, el lugar en el que la naturaleza satisface sus concupiscencias, fuera de lo cual es llamado el cristiano; pero en el milenio la tierra recibirá bendición, y entonces ninguna nación recibirá bendición en tanto que no reconozca a Jehová y su Rey, que reinará, así, sobre toda la tierra. 

    Entonces, «vendrán príncipes de Egipto; Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios» (Sal. 68:31). 

    Salmos 68:31

    31 Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios.

    Se debe recordar también que Egipto fue el lugar donde moró el pueblo de Dios, Israel. Fue un rey de Egipto quien ordenó la traducción del Antiguo Testamento al griego, la LXX, citada por el mismo Señor aquí en la tierra; y fue a Egipto que huyó José con el niño Jesús y su madre frente a la amenaza de Herodes. 

    Egipto fue una caña quebrada en la que se apoyaron los israelitas; les oprimió e incluso atacó o saqueó Jerusalén. Pero ha recibido castigo y permanece postrado hasta el día de hoy; como reino del sur todavía jugará un papel en la historia futura (cp. Dn. 11:42 43). 

    Daniel 11:42, 43

    42 Extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto.

    43 Y se apoderará de los tesoros de oro y plata, y de todas las cosas preciosas de Egipto; y los de Libia y de Etiopía le seguirán.

    Después Dios lo sanará y le dará bendición; en gracia dirá: «Bendito el pueblo mío Egipto». 

    II - La tierra La conformación de Egipto es peculiar. El Nilo forma, en su desembocadura en el Mediterráneo, un delta; este había llegado a tener siete brazos (Is. 11:15), pero ahora tiene sólo dos ramas. 

    Isaías 11:15

    15 Y secará Jehová la lengua del mar de Egipto; y levantará su mano con el poder de su espíritu sobre el río, y lo herirá en sus siete brazos, y hará que pasen por él con sandalias.

    Es el río más largo del mundo con 6.671 Km de longitud. A cada lado del valle por el que corre el río se halla una cadena de montes, a partir de los cuales reina el desierto. 

    El valle del Nilo tiene una anchura pocas veces superior a los veinte Km. El delta y el valle son muy fértiles, aunque han surgido problemas desde la construcción de la presa de Asuán, que retiene gran parte de los sedimentos que el Nilo arrastra en sus crecidas anuales. 

    En efecto, históricamente, las inmediaciones del Nilo quedaban inundadas anualmente, quedando depositados en las márgenes del río grandes cantidades de sedimentos muy ricos para la agricultura. 

    Hay un sistema de canales de irrigación que llevan el agua por todo el valle. El delta, y hasta Noph (Menfis, 29° 51’ N), constituyen el Bajo Egipto; desde Noph hasta la primera catarata (24° N) es el Alto Egipto, aunque el límite político del Egipto actual se extienda más hacia el sur. 

    Las coronas emblemáticas que representaban a ambos distritos no eran iguales, pero las dos quedaron unidas en una sola cuando un rey reinó sobre todo Egipto. En los múltiples cambios en las diferentes dinastías hubo también cambios en los límites. 

    Cus o Etiopía, se extendía mucho más al sur, pero en las Escrituras se menciona frecuentemente junto con Egipto (Sal. 68:31; Is. 11:11; 20:4; 43:3; 44:14; Nah. 3:9). 

    Salmos 68:31 

    31 Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios.

    Isaías 11:11 

    11 Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.

    Isaías 20:4 

    4 así llevará el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y los deportados de Etiopía, a jóvenes y a ancianos, desnudos y descalzos, y descubiertas las nalgas para vergüenza de Egipto.

    Isaías 43:3 

    3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti.

    Isaías 44:14 

    14 Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia.

    Nahum 3:9

    9 Etiopía era su fortaleza, también Egipto, y eso sin límite; Fut y Libia fueron sus ayudadores.

    Reyes etíopes reinaron sobre Egipto, y se hallan incluidos en sus listas de reyes. 

    III - Población Los antiguos egipcios eran descendientes de Cam, pero sus descendientes eran numerosos y diversos. 

    Por lo que su nombre implica, Egipto se asocia naturalmente con Mizraim; pero se cree que los egipcios de la época de los monumentos más antiguos eran del tipo circasiano, y que aparentemente descendían de Cus y no de Mizraim. 

    El examen de las momias del Imperio Antiguo muestra que su estructura no concuerda con la raza negra, descendiente también de Cam. Los antiguos egipcios están clasificados entre las razas blancas; los etíopes eran más oscuros, y los que se hallaban más al sur eran considerablemente más oscuros. 

    Los coptos del moderno Egipto son considerados los descendientes de la raza antigua. Los monumentos muestran que los antiguos egipcios eran un pueblo sumamente civilizado y educado desde sus mismos orígenes; no hay indicio alguno de ningún origen procedente de la barbarie; sus primeras magnas obras están entre las mejores. 

    Si el hombre ha sido hallado en condiciones de brutalidad y de degradación es porque ha «caído» en su condición original en la que fueron creados Adán y Eva. En la Biblia leemos que ya antes del Diluvio se había descubierto el uso del bronce, el cobre y del hierro, y éstas y otras artes se hallan en el país de Egipto, fundado poco después del Diluvio. 

    También se cultivaron en Egipto las ciencias, incluyendo la Astronomía. El templo de Karnak es un ejemplo del tamaño de sus edificaciones. 

    IV - Religión Los egipcios eran un pueblo sumamente religioso, y aunque su religión era idolatría, era sin embargo una idolatría mucho más moderada y moral que la practicada por los cultivados griegos y romanos. 

    Era una religión más antigua que la de estos últimos, y por ello estaba más cerca de la primordial revelación de Dios (Ro. 1:21). 

    Romanos 1:21

    21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.

    En teoría hablaban de un solo dios: «el único viviente en sustancia», y «la única sustancia eterna», y aunque hablan de dos, «padre e hijo», como algunos interpretan, con todo ello no destruían la unidad de su dios, «el uno en uno». 

    A partir de ello trataban sus atributos como dioses separados; también tenían otros dioses adicionales, desde el gato al cocodrilo, que eran considerados como símbolos de sus dioses. El toro Apis representaba al dios Osiris; el toro era seleccionado con gran cuidado, y era guardado rigurosamente. 

    Se supone que fue el recuerdo de este Apis lo que hizo que los israelitas eligieran la forma de un becerro para su ídolo de oro; en Ez. 20:6-8 vemos que Israel había caído en la idolatría en Egipto. Los egipcios creían en un estado futuro. 

    Ezequiel 20:6-8

    6 aquel día que les alcé mi mano, jurando así que los sacaría de la tierra de Egipto a la tierra que les había provisto, que fluye leche y miel, la cual es la más hermosa de todas las tierras;

    7 entonces les dije: Cada uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy Jehová vuestro Dios.

    En una ilustración vemos como el corazón de un difunto está siendo pesado frente a una figura de la diosa de la verdad. Dos dioses estaban a cargo de la operación de pesado. 

    A la derecha tenemos al difunto con las manos levantadas, introducido por dos diosas. El dios con cabeza de ibis tiene una tableta en la mano, y está registrando el resultado. A su lado está el dios Tifon, como acusador, exigiendo el castigo del muerto. 

    Osiris es el juez presidente, con el cayado y el látigo. Si el juicio era favorable el alma pasaba a otras escenas; si no, pasaba a algún animal inferior. La concepción que tenían del más allá estaba muy desarrollada, y hacían grandes esfuerzos para asegurar a los difuntos las ventajas de la vida futura. 

    Osiris, dios del Nilo, era considerado como el dios de la fecundidad; era también el dios de las profundidades infernales, en virtud de lo cual era el juez de las almas. 

    Ra, el dios solar, era adorado en Heliópolis (On). Amón, dios de Tebas, participó en la exaltación de esta ciudad, de la que vino a ser su divinidad principal; finalmente quedó identificado con Ra, viniendo a ser Amón-Ra. 

    En Hermópolis era adorada la luna, la divinidad medidora del tiempo, protectora de los matemáticos, de los escribas, de los sabios. Ptah, dios de Memfis, era el «gran patrón de los artesanos». Había dioses con cuerpos humanos y cabezas de animales, como los que vemos en la ilustración. 

    Anubis, el guía de los muertos, tenía una cabeza de chacal; Tot, el dios escriba, una cabeza de ibis. El desarrollo del imperio suscitó a la larga la idea de un dios nacional, que halló su expresión bajo Akenatón. 

    Durante un breve período, se trató de mantener la diferencia entre Atón y el disco solar y a imponer una especie de monoteísmo solar, pero esta moda fue de corta duración. A pesar de todas las deformaciones animistas, junto a su culto a las fuerzas de la naturaleza, tenían ideas muy limpias acerca de la conducta de la vida, el pecado, la justificación, la inmortalidad, e incluso, como ya se ha indicado, un cierto conocimiento de Dios. 

    V - Lenguaje El lenguaje egipcio tiene una historia filológica extraordinariamente prolongada. 

    Los documentos más antiguos proceden de la primera dinastía. Esta lengua se perpetuó sin interrupciones, bajo diferentes formas escritas, hasta el copto, que proviene directamente del egipcio antiguo, y que dejó de ser una lengua viva en el siglo XVI d.C. 

    El egipcio se clasifica dentro del grupo de las lenguas camitas pero, al estar próximo a las lenguas semitas (más que el cusita o etiópico), se le puede denominar semitocamita. 

    En efecto, en la actualidad se admite generalmente que las lenguas camitas y semíticas son de un mismo origen. Aquí se puede distinguir esquemáticamente entre las siguientes etapas lingüísticas: 

    (A) De la primera dinastía a la octava, el egipcio antiguo, que comprende la lengua de los textos descubiertos en las pirámides.

     (B) El egipcio medio, lengua literaria de las dinastías novena a decimoctava, y que vino a ser el egipcio clásico. 

    (C) El egipcio tardío de las dinastías decimoctava a vigesimocuarta; se halla sobre todo en los documentos comerciales y en cartas privadas, así como también en algunas obras literarias. 

    (D) El demótico, escrito en caracteres populares de la dinastía vigesimoquinta hasta la época romana posterior (del 700 a.C. al 470 d.C.). 

    (E) El copto, hablado desde el siglo III de nuestra era por los descendientes cristianos de los antiguos egipcios. 

    La Biblia ha sido traducida a diversos dialectos coptos; uno de ellos, el bohairico, sigue siendo empleado en la liturgia. Al principio, los egipcios se servían de jeroglíficos: Estos eran principalmente representaciones de objetos, de aves, animales, plantas, útiles y diversos símbolos con formas geométricas. Se distinguen dos tipos de jeroglíficos: 

    (A) Los ideogramas, signos que representan los objetos o que expresan ideas que van estrechamente relacionadas con ellos. 

    (B) Símbolos fonéticos; originalmente se trataba asimismo de ideogramas, y siguieron siendo usados como tales, incluso después que vinieron a ser utilizados como símbolos de sonidos. La combinación de estos signos da un nuevo término, susceptible de carecer de relación alguna con el sentido de los jeroglíficos originales. 

    Ya alrededor del año 2.000 a.C. los egipcios habían elaborado 24 letras que se correspondían con las consonantes y que formaban la base de un alfabeto que solamente se empleaba como complemento de los jeroglíficos; no se usaban vocales. 

    Sin embargo, los jeroglíficos fueron conservados como base de la escritura; se les sigue hallando incluso en el inicio de la era cristiana. Los escribas habían comenzado ya, bajo el Imperio Antiguo, a simplificar los dibujos a fin de poder escribir con mayor rapidez: así es como nació la escritura hierática, empleada siempre que no era necesaria la ornamentación. 

    Desde alrededor del siglo VIII a.C. se usó la escritura popular o demótico, que facilitaba las relaciones sociales y comerciales; era una forma cursiva de la escritura hierática. 

    Después de la expansión del cristianismo se perdió la capacidad de leer los antiguos caracteres egipcios, que permanecieron largo tiempo como enigmas. 

    En 1799, los soldados de Napoleón hallaron en Rosetta una piedra de basalto negro escrita con caracteres jeroglíficos, demóticos, y griegos. Se trataba de un edicto del año 196 a.C. en honor a Ptolomeo Epifanio. 

    Esta piedra de Rosetta, que se ha hecho célebre como clave que permitió descifrar los escritos egipcios, se halla en el Museo Británico. Otra inscripción en caracteres jeroglíficos, relativa a Ptolomeo Fisicon y a dos Cleopatras, fue descubierta en 1815 en Filae. 

    Su minucioso estudio hizo avanzar el desciframiento de los jeroglíficos, y el francés M. Champollion lo consiguió totalmente en 1822. VI- La estancia de los israelitas en Egipto. 

    1. La ida a Egipto se puede fechar indistintamente, en base a la cronología, según se tome un tiempo de estancia de 215 años en Egipto, o de 430 años (ver a continuación, en el apartado 

    (c), Duración de la estancia). Así, podría tomarse la fecha como alrededor del año 1.875 a.C., por una parte, o de 1.660 a.C. 

    Ya Abraham, en una época de hambre, había buscado refugio en este país (Gn. 12:10-20). 

    Génesis 12:10-20

    Abram en Egipto

    10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.

    11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;

    12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.

    13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.

    14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.

    15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.

    16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.

    17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.

    18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?

    19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.

    20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

    Jacob y sus hijos hicieron lo mismo en circunstancias análogas. El total de personas que fueron a Egipto fue de 70 (Gn. 46:27; Éx. 1:5; Dt. 10:22) o 75 según la versión griega (LXX). 

    Génesis 46:27 

    27 Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las personas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta.

    Éxodo 1:5 

    5 Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta. Y José estaba en Egipto.

    Deuteronomio 10:22

    22 Con setenta personas descendieron tus padres a Egipto, y ahora Jehová te ha hecho como las estrellas del cielo en multitud.

    Esta cantidad se obtiene al añadir a la cifra de Gn. 46:27 los 3 nietos y 2 biznietos de José nombrados en Nm. 26:29, 35 ss. 

    Génesis 46:27

    27 Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, dos personas. Todas las personas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta.

    Números 26:29, 35

    29 Los hijos de Manasés: de Maquir, la familia de los maquiritas; y Maquir engendró a Galaad; de Galaad, la familia de los galaaditas.

    35 Estos son los hijos de Efraín por sus familias: de Sutela, la familia de los sutelaítas; de Bequer, la familia de los bequeritas; de Tahán, la familia de los tahanitas.

    José, elevado por Faraón al segundo lugar del reino, apremió a su padre y familia a que fueran a instalarse provisionalmente con él (Gn. 45:9-11; 47:4, 29, 30: 48:21; 50:24). 

    Génesis 45:9-11 

    9 Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas.

    10 Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.

    11 Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes.

    Génesis 47:4, 29, 30 

    4 Dijeron además a Faraón: Para morar en esta tierra hemos venido; porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre es grave en la tierra de Canaán; por tanto, te rogamos ahora que permitas que habiten tus siervos en la tierra de Gosén.

    29 Y llegaron los días de Israel para morir, y llamó a José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad. Te ruego que no me entierres en Egipto.

    30 Mas cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y José respondió: Haré como tú dices.

    Génesis 48:21 

    21 Y dijo Israel a José: He aquí yo muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres.

    Génesis 50:24

    24 Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob.

    Israel y su clan se establecieron con sus rebaños y manadas en la fértil región de Gosén, y allí permanecieron hasta el éxodo (Gn. 47:6, 11; Éx. 8:22; 9:26; 12:37). 

    Génesis 47:6, 11 

    6 La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres capaces, ponlos por mayorales del ganado mío.

    11 Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como mandó Faraón.

    Éxodo 8:22 

    22 Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra.

    Éxodo 9:26 

    26 Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo.

    Éxodo 12:37

    Los israelitas salen de Egipto

    37 Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.

    2. La estancia en Egipto: impronta en la conciencia nacional. La ida de Jacob y de su familia a Egipto, su multiplicación allí, su esclavización, sus sufrimientos y su éxodo colectivo han quedado consignados en sus documentos históricos (Gn. 46:4, 28-34; 47:27; Éx. 1:9, 11, 15-22; 2:11; 12:31-37; 13:21). 

    Génesis 46:4, 28-34 

    4 Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos.

    28 Y envió Jacob a Judá delante de sí a José, para que le viniese a ver en Gosén; y llegaron a la tierra de Gosén.

    29 Y José unció su carro y vino a recibir a Israel su padre en Gosén; y se manifestó a él, y se echó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello largamente.

    30 Entonces Israel dijo a José: Muera yo ahora, ya que he visto tu rostro, y sé que aún vives.

    31 Y José dijo a sus hermanos, y a la casa de su padre: Subiré y lo haré saber a Faraón, y le diré: Mis hermanos y la casa de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido a mí.

    32 Y los hombres son pastores de ovejas, porque son hombres ganaderos; y han traído sus ovejas y sus vacas, y todo lo que tenían.

    33 Y cuando Faraón os llamare y dijere: ¿Cuál es vuestro oficio?

    34 entonces diréis: Hombres de ganadería han sido tus siervos desde nuestra juventud hasta ahora, nosotros y nuestros padres; a fin de que moréis en la tierra de Gosén, porque para los egipcios es abominación todo pastor de ovejas.

    Génesis 47:27 

    27 Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera.

    Éxodo 1:9, 11, 15-22 

    9 He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros.

    11 Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés.

    15 Y habló el rey de Egipto a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y otra Fúa, y les dijo:

    16 Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva.

    17 Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños.

    18 Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis preservado la vida a los niños?

    19 Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias; pues son robustas, y dan a luz antes que la partera venga a ellas.

    20 Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera.

    21 Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias.

    22 Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida.

    Éxodo 2:11 

    Moisés huye de Egipto

    11 En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos.

    Éxodo 12:31-37 

    31 E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y les dijo: Salid de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel, e id, servid a Jehová, como habéis dicho.

    32 Tomad también vuestras ovejas y vuestras vacas, como habéis dicho, e idos; y bendecidme también a mí.

    33 Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echarlos de la tierra; porque decían: Todos somos muertos.

    34 Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre sus hombros.

    35 E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, pidiendo de los egipcios alhajas de plata, y de oro, y vestidos.

    36 Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los egipcios, y les dieron cuanto pedían; así despojaron a los egipcios.

    Los israelitas salen de Egipto

    37 Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.

    Éxodo 13:21

    21 Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.

    La fiesta de la Pascua y, en menor grado, la de los tabernáculos, dan testimonio de estos sucesos, y mantienen vivo su recuerdo en el seno del pueblo. Los salmistas y los profetas consideraron como hechos históricos experimentados por la nación tanto su estancia en Egipto como el éxodo. 

    En cuanto a nosotros, la esclavitud de Israel en Egipto y su liberación de aquel horno de aflicción son una permanente ilustración de la opresión de la Iglesia en el mundo así como el poder redentor del amor de Dios. Esta tradición no concierne solamente a una sola tribu de entre los hebreos que, a solas, hubiera sufrido esta esclavitud en Egipto. 

    La aflicción de la esclavitud no tocó solamente a Judá, sino también a Efraín. Los profetas de los dos reinos dan testimonio de ello: en Judá, Isaías, Miqueas y Jeremías (Is. 11:16; Mi. 6:4; 7:15; Jer. 2:6; 7:22); en el reino de Samaria, Oseas y Amós (Os. 2:16; 8:13; 9:3; 11:1; 12:10, 14; Am. 2:10; 3:1; 9:7). 

    Isaías 11:16 

    16 Y habrá camino para el remanente de su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto.

    Miqueas 6:4 

    4 Porque yo te hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de servidumbre te redimí; y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María.

    Miqueas 7:15 

    15 Yo les mostraré maravillas como el día que saliste de Egipto.

    Jeremías 2:6 

    6 Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre?

    Jeremías 7:22

    22 Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.

    Oseas 2:16 

    16 En aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali.

    Oseas 8:13 

    13 En los sacrificios de mis ofrendas sacrificaron carne, y comieron; no los quiso Jehová; ahora se acordará de su iniquidad, y castigará su pecado; ellos volverán a Egipto.

    Oseas 9:3 

    3 No quedarán en la tierra de Jehová, sino que volverá Efraín a Egipto y a Asiria, donde comerán vianda inmunda.

    Oseas 11:1 

    Dios se compadece de su pueblo obstinado

    1 Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.

    Oseas 12:10, 14 

    10 Y he hablado a los profetas, y aumenté la profecía, y por medio de los profetas usé parábolas.

    14 Efraín ha provocado a Dios con amarguras; por tanto, hará recaer sobre él la sangre que ha derramado, y su Señor le pagará su oprobio.

    Amós 2:10 

    10 Y a vosotros os hice subir de la tierra de Egipto, y os conduje por el desierto cuarenta años, para que entraseis en posesión de la tierra del amorreo.

    Amós 3:1 

    El rugido del león

    1 Oíd esta palabra que ha hablado Jehová contra vosotros, hijos de Israel, contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto. Dice así:

    Amós 9:7

    7 Hijos de Israel, ¿no me sois vosotros como hijos de etíopes, dice Jehová? ¿No hice yo subir a Israel de la tierra de Egipto, y a los filisteos de Caftor, y de Kir a los arameos?

    Todo Israel poseía un origen y una tradición común: todo el pueblo había sufrido la opresión en la tierra de Egipto. 

    3. Duración de la estancia en Egipto. Dios había anunciado a Abraham: «Tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años... y en la cuarta generación volverán acá» (Gn. 15:13-16). 

    Génesis 15:13-16

    13 Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

    14 Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

    15 Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

    16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.

    Esta profecía es citada por Esteban en Hch. 7:6

    Hechos 7:6

    6 Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años.

    Por su parte, Moisés afirma que «el tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años» (Éx. 12:40). 

    Éxodo 12:40

    40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años.

    En cambio Pablo escribe a los gálatas que la ley fue dada a Israel 430 años después de la promesa dada a Abraham (Gá. 3:16, 17) ¿Cómo se pueden comprender estas declaraciones? 

    Gálatas 3:16, 17

    16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.

    17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.

    En primer lugar, es evidente que la profecía de Génesis usa números redondos cuando habla de cuatro siglos. Es evidente que se refiere a los 430 años. 

    Por otra parte, las cuatro generaciones se refieren a la época de servidumbre en Egipto. 

    La evidencia dada por Pablo (Gá. 3:16-17) llevaría a la conclusión de que Josefo está en lo cierto cuando dice (Ant. 2:9, 1) que el tiempo que estuvieron los hijos de Israel en Egipto fue de 215 años, correspondiendo los otros 215 años a la estancia en el país de Canaán. 

    Gálatas 3:16-17

    16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.

    17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.

    La LXX, en su versión de Éx. 12:40, traduce: «el tiempo de peregrinación de los hijos y sus padres, que peregrinaron en la tierra de Canaán y en la tierra de Egipto, fue cuatrocientos treinta años». 

    Éxodo 12:40

    40 El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto fue cuatrocientos treinta años.

    Pudiera ser aquí que el texto masorético dé una lectura mal transmitida, y la LXX la genuina. El testimonio de Josefo, así como el gran peso de la afirmación de Pablo, hacen llegar a la conclusión de que ésta es la única posible interpretación de los cuatrocientos años. De la aflicción en Egipto, los descendientes iban a ser rescatados en la cuarta generación. 

    Esta liberación en la cuarta generación no sería coherente con 430 años, pero sí con 215. 

    La promesa es también coherente con que la liberación implicara la presencia de una buena representación de esta cuarta generación, con la quinta ya bien representada. También la tradición rabínica mantenía esta postura acerca de la duración de la estancia de los hijos de Israel en Egipto. 

    4. La multiplicación de los israelitas durante su estancia en Egipto. Según Éxodo, 70 personas llegaron a Egipto, y unos 215 años más tarde el pueblo contaba con 603.550 hombres en edad de llevar armas (Nm. 1:1-2, 46). 

    Números 1:1-2, 46

    Censo de Israel en Sinaí

    1 Habló Jehová a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo de reunión, en el día primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo:

    2 Tomad el censo de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas.

    46 fueron todos los contados seiscientos tres mil quinientos cincuenta.

    Hay quien ha puesto en tela de juicio una multiplicación tan rápida. ¿Qué podemos decir a esto? Al contar estrictamente entre las 70 personas las de los nietos de Jacob que fundaron familias (además de los levitas), se llega a una cifra de 41. 

    Si se admiten seis generaciones durante 215 años (la primera, las cuatro generaciones oprimidas, y la quinta, salida de Egipto junto con la cuarta), de los 41 cabezas de familia tendríamos una descendencia de 640.625 varones en la sexta generación (quinta de la opresión), aparte de todos los supervivientes de la quinta generación (cuarta de la opresión), contando que hubiera habido una descendencia de cinco hijos varones por cada familia y generación. 

    No debemos juzgar esto con anteojos occidentales, sino observarlo a la luz de las costumbres orientales. 

    Ésta es una cifra totalmente factible, e incluso superable. Con todo esto, además, no se cuenta el hecho de los numerosos servidores del patriarca y de su familia (Gn. 30:43; 32:5; 45:10); estando todos ellos circuncidados, gozarían de todos los privilegios religiosos (Éx. 12:44, 48-49, etc.). 

    Génesis 30:43 

    43 Y se enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos.

    Génesis 32:5 

    5 y tengo vacas, asnos, ovejas, y siervos y siervas; y envío a decirlo a mi señor, para hallar gracia en tus ojos.

    Génesis 45:10

    10 Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes.

    Éxodo 12:44, 48-49

    44 Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella, después que lo hubieres circuncidado.

    48 Mas si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la pascua para Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún incircunciso comerá de ella.

    49 La misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros.

    Además, el casamiento con servidores no era considerado como algo que rebajara a nadie (Gn. 16:1-2; 30:4-9; Nm. 12:1; 1 Cr. 2:34-35). 

    Génesis 16:1-2 

    Agar e Ismael

    1 Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.

    2 Dijo entonces Sarai a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Sarai.

    Génesis 30:4-9 

    4 Así le dio a Bilha su sierva por mujer; y Jacob se llegó a ella.

    5 Y concibió Bilha, y dio a luz un hijo a Jacob.

    6 Dijo entonces Raquel: Me juzgó Dios, y también oyó mi voz, y me dio un hijo. Por tanto llamó su nombre Dan.

    7 Concibió otra vez Bilha la sierva de Raquel, y dio a luz un segundo hijo a Jacob.

    8 Y dijo Raquel: Con luchas de Dios he contendido con mi hermana, y he vencido. Y llamó su nombre Neftalí.

    9 Viendo, pues, Lea, que había dejado de dar a luz, tomó a Zilpa su sierva, y la dio a Jacob por mujer.

    Números 12:1 

    María y Aarón murmuran contra Moisés

    1 María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita.

    1 Crónicas 2:34-35

    34 Y Sesán no tuvo hijos, sino hijas; pero tenía Sesán un siervo egipcio llamado Jarha.

    35 A éste Sesán dio su hija por mujer, y ella dio a luz a Atai.

    5. Cambio de actividad durante la estancia en Egipto. Cuando los israelitas se establecieron en el país de Gosén, formaron una pequeña tribu de hombres libres, dedicados al pastoreo. Después de la muerte de José y de los de su generación, transcurrió un tiempo en que los hijos de Israel se multiplicaron, «se llenó de ellos la tierra» (Éx. 1:7). 

    Éxodo 1:7

    7 Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra.

    Entonces se levantó un faraón «que no conocía a José» (Éx. 1:6-8). 

    Éxodo 1:6-8

    6 Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación.

    7 Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra.

    8 Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo:

    Dándose cuenta de que la cantidad de los israelitas aumentaba incesantemente, vino a temer que se aliaran con los enemigos de los egipcios, tomando por ello medidas destinadas a someterlos y a impedir su multiplicación. Puso sobre ellos a capataces que les impusieron duros trabajos: labores agrícolas, fabricación de ladrillos, construcción (Éx. 1:11, 14; 5:6-8). 

    Éxodo 1:11, 14 

    11 Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés.

    12 Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel.

    13 Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza,

    14 y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor.

    Éxodo 5:6-8

    6 Y mandó Faraón aquel mismo día a los cuadrilleros del pueblo que lo tenían a su cargo, y a sus capataces, diciendo:

    7 De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja.

    8 Y les impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, por eso levantan la voz diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios.

    Los israelitas debían además conseguir su propio sustento, al menos en cierta medida, con la cría de ganado (Éx. 9:4, 6; 10:9, 24:12:38). 

    Éxodo 9:4, 6 

    4 Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel.

    6 Al día siguiente Jehová hizo aquello, y murió todo el ganado de Egipto; mas del ganado de los hijos de Israel no murió uno.

    Éxodo 10:9

    9 Moisés respondió: Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros viejos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; con nuestras ovejas y con nuestras vacas hemos de ir; porque es nuestra fiesta solemne para Jehová.

    6. Los milagros de Moisés al final de la estancia en Egipto. La opresión duró mucho tiempo, y los últimos 80 años, como mínimo, de esta opresión, incluyeron la orden de la eliminación de los hijos varones recién nacidos (Éx. 7:7; cp. Éx. 2:2). 

    Éxodo 7:7 

    7 Era Moisés de edad de ochenta años, y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron a Faraón.

    Éxodo 2:2

    2 la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.

    El clamor de ellos llegó a Dios, que les envió a Moisés con la misión de liberarles (Éx. 2:23). 

    Éxodo 2:23

    23 Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre.

    Le encomendó la misión de llevar a cabo unos milagros de un poder hasta entonces no oído (Sal. 78:12, 43). 

    Salmos 78:12, 43

    12 Delante de sus padres hizo maravillas En la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.

    43 Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán;

    Señales destinadas a atraer la atención. Estas señales acreditaban a Moisés como embajador de Dios ante los israelitas (Éx. 4:8, 9, 30, 31; 6:7) y ante Faraón (Éx. 3:20; 4:21; 7:3-5; 8:22, 23). 

    Éxodo 4:8, 9, 30, 31 

    8 Si aconteciere que no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera.

    9 Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra.

    30 Y habló Aarón acerca de todas las cosas que Jehová había dicho a Moisés, e hizo las señales delante de los ojos del pueblo.

    31 Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron.

    Éxodo 6:7

    7 y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto.

    Éxodo 3:20 

    20 Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir.

    Éxodo 4:21 

    21 Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo.

    Éxodo 7:3-5 

    3 Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas.

    4 Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios.

    5 Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto, y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.

    Éxodo 8:22, 23

    22 Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra.

    23 Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal.

    Se trató de manifestaciones de autoridad, no de meros fenómenos naturales. Cada uno de estos milagros tenía un fin preciso, demostrando que no se trataba de fuerzas desencadenadas de la naturaleza. 

    Por mucho que las 9 primeras plagas pudieran asimilarse a fenómenos naturales, Dios las controló y las usó para sus designios. Las plagas aparecieron en un cortejo consecutivo; existe una relación lógica, pero no de causa y efecto, entre cada plaga y la siguiente. 

    Son graduales y demuestran a Faraón, desde el comienzo, que la autoridad de Moisés es de origen divino. Por otra parte, no infligen a los egipcios sufrimientos inútiles. 

    Después que Faraón rehúsa dejar salir a los hebreos, las plagas se hacen más y más gravosas, obligándole al fin a capitular a pesar de su corazón endurecido. 

    (a) Además, una diferencia sobrenatural quedó marcada entre el pueblo de Dios y los egipcios (Éx. 8:22, 23; 9:4, 25, 26; 10:22, 23; 11:5-7; y cp. Éx. 9:11; 10:6). 

    Éxodo 8:22, 23 

    22 Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra.

    23 Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal.

    Éxodo 9:4, 25, 26 

    4 Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel.

    25 Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país.

    26 Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo.

    Éxodo 10:22, 23 

    22 Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días.

    23 Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.

    Éxodo 11:5-7 

    5 y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias.

    6 Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá.

    7 Pero contra todos los hijos de Israel, desde el hombre hasta la bestia, ni un perro moverá su lengua, para que sepáis que Jehová hace diferencia entre los egipcios y los israelitas.

    Éxodo 9:11 

    11 Y los hechiceros no podían estar delante de Moisés a causa del sarpullido, porque hubo sarpullido en los hechiceros y en todos los egipcios.

    Éxodo 10:6

    6 Y llenará tus casas, y las casas de todos tus siervos, y las casas de todos los egipcios, cual nunca vieron tus padres ni tus abuelos, desde que ellos fueron sobre la tierra hasta hoy. Y se volvió y salió de delante de Faraón.

    (b) Una epidemia hubiera podido dejar sin vida, en una sola noche, a una gran cantidad de egipcios, pero la décima plaga actuó metódicamente y no puede en manera alguna explicarse como un mero fenómeno natural. 

    Se trató de una acción directa de Dios, no de muertes fortuitas, ya que sólo murió el primogénito de cada familia egipcia. Estas señales prodigiosas constituyen el primer grupo de milagros registrados en las Escrituras. (Véanse ÉXODO, PLAGAS DE EGIPTO). 

    7. Relaciones entre Israel y Egipto después del éxodo. Después de un período de silencio, en el que Egipto no aparece en las páginas de las Escrituras (véase HICSOS), Salomón se casa con una princesa egipcia (1 R. 3:1). 

    1 Reyes 3:1

    Salomón se casa con la hija de Faraón

    1 Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor.

    Durante el reinado de Roboam, el reino de Judá y el de Israel fueron vencidos y despojados por Sisac (1 R. 14:24-26), hecho confirmado por la arqueología. 

    1 Reyes 14:24-26

    24 Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.

    25 Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén,

    26 y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos los escudos de oro que Salomón había hecho.

    Las cartas de Tell el-Amarna, aunque generalmente han sido situadas en una época muy temprana, parecen pertenecer, en base a estudios rigurosos, dentro de la época de Josafat y reyes posteriores (ver AMARNA). 

    En estas cartas se solicita el apoyo de Faraón contra las bandas de Siria y otras naciones, que devastaban el país. Al ceñirse sobre Judá el peligro de las invasiones, los profetas exhortaron repetidamente a Israel que se abstuviera de alianzas con Egipto (Is. 30:1-3, 7; 31:1-3; Jer. 2:18; Ez. 17:17; 29:2-3, 6-7). 

    Isaías 30:1-3, 7 

    La futilidad de confiar en Egipto

    1 ¡Ay de los hijos que se apartan, dice Jehová, para tomar consejo, y no de mí; para cobijarse con cubierta, y no de mi espíritu, añadiendo pecado a pecado!

    2 Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto.

    3 Pero la fuerza de Faraón se os cambiará en vergüenza, y el amparo en la sombra de Egipto en confusión.

    7 Ciertamente Egipto en vano e inútilmente dará ayuda; por tanto yo le di voces, que su fortaleza sería estarse quietos.

    Isaías 31:1-3 

    Los egipcios son hombres y no dioses

    1 ¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda, y confían en caballos; y su esperanza ponen en carros, porque son muchos, y en jinetes, porque son valientes; y no miran al Santo de Israel, ni buscan a Jehová!

    2 Pero él también es sabio, y traerá el mal, y no retirará sus palabras. Se levantará, pues, contra la casa de los malignos, y contra el auxilio de los que hacen iniquidad.

    3 Y los egipcios hombres son, y no Dios; y sus caballos carne, y no espíritu; de manera que al extender Jehová su mano, caerá el ayudador y caerá el ayudado, y todos ellos desfallecerán a una.

    Jeremías 2:18 

    18 Ahora, pues, ¿qué tienes tú en el camino de Egipto, para que bebas agua del Nilo? ¿Y qué tienes tú en el camino de Asiria, para que bebas agua del Eufrates?

    Ezequiel 17:17 

    17 Y ni con gran ejército ni con mucha compañía hará Faraón nada por él en la batalla, cuando se levanten vallados y se edifiquen torres para cortar muchas vidas.

    Ezequiel 29:2-3, 6-7

    2 Hijo de hombre, pon tu rostro contra Faraón rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto.

    3 Habla, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, Faraón rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos, el cual dijo: Mío es el Nilo, pues yo lo hice.

    6 Y sabrán todos los moradores de Egipto que yo soy Jehová, por cuanto fueron báculo de caña a la casa de Israel.

    7 Cuando te tomaron con la mano, te quebraste, y les rompiste todo el hombro; y cuando se apoyaron en ti, te quebraste, y les rompiste sus lomos enteramente.

    Después de la caída de Jerusalén y el asesinato de Gedalías, Jeremías fue llevado muy a su pesar a Egipto por los que temían la cólera de Nabucodonosor (Jer. 42-43). 

    Jeremías 42

    Mensaje a Johanán

    1 Vinieron todos los oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor,

    2 y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos),

    3 para que Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer.

    4 Y el profeta Jeremías les dijo: He oído. He aquí que voy a orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré palabra.

    5 Y ellos dijeron a Jeremías: Jehová sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a nosotros.

    6 Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien.

    7 Aconteció que al cabo de diez días vino palabra de Jehová a Jeremías.

    8 Y llamó a Johanán hijo de Carea y a todos los oficiales de la gente de guerra que con él estaban, y a todo el pueblo desde el menor hasta el mayor;

    9 y les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me enviasteis para presentar vuestros ruegos en su presencia:

    10 Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho.

    11 No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano;

    12 y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra.

    13 Mas si dijereis: No moraremos en esta tierra, no obedeciendo así a la voz de Jehová vuestro Dios,

    14 diciendo: No, sino que entraremos en la tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos hambre, y allá moraremos;

    15 ahora por eso, oíd la palabra de Jehová, remanente de Judá: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis para morar allá,

    16 sucederá que la espada que teméis, os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto os perseguirá; y allí moriréis.

    17 Todos los hombres que volvieren sus rostros para entrar en Egipto para morar allí, morirán a espada, de hambre y de pestilencia; no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien escape delante del mal que traeré yo sobre ellos.

    18 Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Como se derramó mi enojo y mi ira sobre los moradores de Jerusalén, así se derramará mi ira sobre vosotros cuando entrareis en Egipto; y seréis objeto de execración y de espanto, y de maldición y de afrenta; y no veréis más este lugar.

    19 Jehová habló sobre vosotros, oh remanente de Judá: No vayáis a Egipto; sabed ciertamente que os lo aviso hoy.

    20 ¿Por qué hicisteis errar vuestras almas? Pues vosotros me enviasteis a Jehová vuestro Dios, diciendo: Ora por nosotros a Jehová nuestro Dios, y haznos saber todas las cosas que Jehová nuestro Dios dijere, y lo haremos.

    21 Y os lo he declarado hoy, y no habéis obedecido a la voz de Jehová vuestro Dios, ni a todas las cosas por las cuales me envió a vosotros.

    22 Ahora, pues, sabed de cierto que a espada, de hambre y de pestilencia moriréis en el lugar donde deseasteis entrar para morar allí.

    Jeremías 43

    La emigración a Egipto

    1 Aconteció que cuando Jeremías acabó de hablar a todo el pueblo todas las palabras de Jehová Dios de ellos, todas estas palabras por las cuales Jehová Dios de ellos le había enviado a ellos mismos,

    2 dijo Azarías hijo de Osaías y Johanán hijo de Carea, y todos los varones soberbios dijeron a Jeremías: Mentira dices; no te ha enviado Jehová nuestro Dios para decir: No vayáis a Egipto para morar allí,

    3 sino que Baruc hijo de Nerías te incita contra nosotros, para entregarnos en manos de los caldeos, para matarnos y hacernos transportar a Babilonia.

    4 No obedeció, pues, Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra y todo el pueblo, a la voz de Jehová para quedarse en tierra de Judá,

    5 sino que tomó Johanán hijo de Carea y todos los oficiales de la gente de guerra, a todo el remanente de Judá que se había vuelto de todas las naciones donde había sido echado, para morar en tierra de Judá;

    6 a hombres y mujeres y niños, y a las hijas del rey y a toda persona que había dejado Nabuzaradán capitán de la guardia con Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, y al profeta Jeremías y a Baruc hijo de Nerías,

    7 y entraron en tierra de Egipto, porque no obedecieron a la voz de Jehová; y llegaron hasta Tafnes.

    8 Y vino palabra de Jehová a Jeremías en Tafnes, diciendo:

    9 Toma con tu mano piedras grandes, y cúbrelas de barro en el enladrillado que está a la puerta de la casa de Faraón en Tafnes, a vista de los hombres de Judá;

    10 y diles: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo enviaré y tomaré a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y extenderá su pabellón sobre ellas.

    11 Y vendrá y asolará la tierra de Egipto; los que a muerte, a muerte, y los que a cautiverio, a cautiverio, y los que a espada, a espada.

    12 Y pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los quemará, y a ellos los llevará cautivos; y limpiará la tierra de Egipto, como el pastor limpia su capa, y saldrá de allá en paz.

    13 Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará a fuego.

    Más tarde, después de las conquistas y muerte de Alejandro Magno, numerosos judíos se establecieron en Egipto, siendo tratados favorablemente por los Ptolomeos. 

    Bibliografía: 

    Courville, D. A.: «The Exodus Problem and its Ramifications» (Challenge Books, Loma Linda, California, 1971); 

    Velikovsky, I.: «Ages in Chaos» (Doubleday, Garden City, New York, 1952).

    VÉASE:
    Hicsos , José , Plagas de Egipto (Las diez) , Antíoco
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